El amanecer en la glorieta Julián Buchelly, habitualmente acompañado por el ir y venir acelerado de vehículos y peatones, se vio interrumpido por un silencio denso y cargado de inquietud. Cerca de las 6:45 a.m., de la mañana de ayer viernes, vecinos del sector hallaron el cuerpo inmóvil de una mujer en condición de calle, de entre 45 y 50 años, tendido a un costado de la vía.
La noticia se propagó con rapidez: lo que al principio fueron murmullos dispersos pronto se transformó en un improvisado punto de reunión, donde miradas preocupadas buscaban respuestas que nadie podía dar.
El personal médico y forense que llegó al lugar confirmó el deceso. Las autoridades iniciaron de inmediato las labores de investigación, cercando la zona para recolectar indicios que permitan esclarecer las circunstancias del hecho. No se descarta ninguna hipótesis: desde un problema de salud no atendido hasta una situación violenta que haya pasado desapercibida durante la noche.
Identidad
Lo más desconcertante es que, hasta el momento, no se conoce su identidad. Nadie se acercó a reconocerla, y el interrogante sobre si tenía familia, amigos o alguien que la buscara quedó flotando en el aire. Para muchos transeúntes, su rostro resultaba familiar; era parte del paisaje cotidiano de las calles, una figura silenciosa que, como tantas otras personas en condición de calle, luchaba cada día contra el frío, el hambre y la indiferencia.
Este hallazgo reaviva una discusión pendiente: la invisibilidad social de quienes habitan en la calle. Son vidas que se desarrollan al margen, lejos de la atención pública, y que en muchas ocasiones terminan en el anonimato, como un dato más en un reporte policial. Pero detrás de cada cifra hay una historia, un pasado, y probablemente un nombre que, en este caso, aún no hemos podido conocer.
Historia
La glorieta Julián Buchelly, escenario del tránsito diario y de la vida acelerada de Pasto, quedó marcada por este episodio. Durante horas, el flujo normal del sector se detuvo, y los curiosos observaron cómo el cuerpo era trasladado, dejando tras de sí solo un espacio vacío. Un vacío físico… y otro más profundo, el que deja una vida apagada sin que nadie pueda contar su historia.
Para las autoridades locales, este caso pone sobre la mesa la urgencia de fortalecer los programas de atención a la población en situación de calle. Organizaciones sociales han reiterado que no se trata solo de brindar comida o techo, sino de reconstruir vínculos y devolver dignidad.
Olvido
Mientras tanto, en Medicina Legal, técnicos trabajan en el proceso de identificación con la esperanza de encontrar algún familiar. Quizás en las próximas horas se pueda saber su nombre, su historia y las circunstancias que la llevaron a ese último amanecer.
Pero si nadie la reclama, su historia podría quedar reducida a un número en un informe anual. Y así, Pasto sumaría otra vida perdida que, por un instante, detuvo la ciudad… pero que pronto podría caer en el olvido.

