Camila Loboguerrero murió en la madrugada del sábado 21 de junio en su casa en Bogotá. Tenía 84 años y dejó una huella imborrable en la historia del cine colombiano. El Ministerio de las Culturas confirmó la noticia y resaltó su aporte como la primera mujer en dirigir un largometraje en el país: Soledad de paseo, estrenado en 1978. Una vida dedicada a la pantalla grande: QEPD Camila Loboguerrero.
Nació en Bogotá en 1941. Se graduó como pintora en la Universidad de los Andes y viajó a París para estudiar Historia del Arte en La Sorbona. Allí descubrió su pasión por el cine. En 1968 ingresó a la Universidad de Vincennes a estudiar Cinematografía y regresó a Colombia en 1971 con una misión clara: hacer cine cuando ninguna mujer lo había hecho.
Una trayectoria de lucha, arte y cine
Loboguerrero dirigió cuatro largometrajes: Soledad de paseo (1978), Con su música a otra parte (1982), María Cano (1990) y Nochebuena (2008). También realizó documentales como Llano y contaminación (1973) y Ala solar (1976), además de varios cortos y mediometrajes.
En televisión participó en producciones como Cartas a Julia, Si nos dejan y Apartamento de solteras. Fue presidenta de la Asociación de Guionistas Colombianos y directora nacional de cinematografía. Su papel trasc endió lo artístico: defendió los derechos de los realizadores audiovisuales con firmeza y convicción.
En noviembre de 2024, la Academia Colombiana de Cine le otorgó el Premio Macondo de Honor por su trayectoria. “Lo más lindo de este premio es que lo dan los colegas. Son los que más conocen tu trabajo”, dijo entonces.
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El legado de una mujer que abrió camino; Una vida dedicada a la pantalla grande: QEPD Camila Loboguerrero
Camila no solo fue directora. También guionizó, editó y formó equipos cuando las condiciones eran adversas. En los años setenta, sin escuelas ni tradición cinematográfica, irrumpió en un mundo dominado por hombres con carácter, talento y pasión.
Inspirada por cineastas como Tomás Gutiérrez Alea y Glauber Rocha, enfrentó burlas y prejuicios. Respondió con trabajo, rigor y películas que marcaron la identidad audiovisual del país.
Sus hijos, Lucas y Matías, heredan no solo su memoria, sino también su amor por el arte. Su casa, construida junto a su esposo Rafael Maldonado, fue siempre un refugio de cine, cultura y conversaciones sobre el país que ella soñó contar en pantalla.

