Desde las alturas andinas de Cumbal, Nariño, un municipio cargado de historia, volcanes y tradición, emerge la voz de un joven artista que ha hecho del arte su forma de vida. Hernán Darío Cando Goyes, con apenas 26 años, representa la fuerza de una nueva generación de creadores que no solo interpretan melodías, sino que las sienten, las escriben y las viven desde lo más profundo de su alma.
Su historia con el arte comienza muy temprano, cuando aún era un niño. A los cinco años ya se paraba con naturalidad en los escenarios escolares, recitando poesías escritas especialmente para él por su abuelo, Luis Goyes, quien fue su primer mentor, su primer aplauso, su primer público. Aquellos versos, cargados de ternura y sabiduría, marcaron el inicio de un camino que hoy sigue con la misma pasión.
Identidad artística
“Desde siempre sentí que el arte era mi lugar. Me gustaba todo lo que me hacía soñar, lo que me transportaba. Creo que la evasión es parte de mi identidad artística, por eso soy un fanático de la fantasía, de todo aquello que me lleve a otros mundos”, dice Hernán con una mirada que mezcla nostalgia y esperanza.
Aunque su inicio fue con la poesía, pronto su voz encontró un nuevo lenguaje: la música. A lo largo de los años ha aprendido a tocar varios instrumentos que se han convertido en parte esencial de su identidad artística: piano, charango, guitarra y bajo. Cada uno le permite explorar distintos matices, expresar diferentes emociones y enriquecer sus composiciones.
Historia
Pero lo que verdaderamente distingue a Hernán Darío es su voz cálida, melódica y sincera, que conecta con quienes lo escuchan. No canta para impresionar, canta para emocionar. Sus interpretaciones están cargadas de sentimiento, como si cada nota llevara consigo una parte de su historia personal, de sus sueños, de sus luchas y de su amor por la vida.
Su estilo musical es una fusión de sonidos andinos, pop acústico y balada contemporánea, con letras introspectivas y poéticas. Es un artista que no necesita artificios: le basta un instrumento, un micrófono y una historia que contar para capturar la atención de quien lo escucha.
A pesar de los desafíos que enfrenta todo artista en regiones alejadas de los grandes centros culturales, Hernán nunca ha dejado de luchar por su sueño: llevar su música más allá de las montañas de Nariño, compartir su arte con el mundo y demostrar que desde un rincón como Cumbal también nacen talentos con potencial universal. “Quiero seguir cantando, seguir escribiendo, seguir creando melodías que toquen el alma. El arte no es solo una carrera, es mi propósito de vida”, afirma con convicción.

