El arte callejero lucha para no desaparecer en Pasto

En una ciudad donde las montañas se mezclan con el bullicio urbano, los murales alguna vez fueron protagonistas silenciosos del paisaje de Pasto. Hoy, esos mismos muros, que durante décadas contaron historias de identidad, lucha, diversidad y esperanza, se ven relegados por el deterioro, la indiferencia y la expansión gris del concreto.

Mauricio Ojeda, artista plástico y muralista con más de dos décadas de trayectoria, recuerda con nostalgia los años en que los barrios pastusos eran auténticas galerías a cielo abierto. “Pasto era un museo sin techo. Cada cuadra tenía algo que decir: sobre la cultura andina, la cosmovisión indígena, el carnaval, la memoria popular. Ahora muchos de esos murales han sido borrados o cubiertos por publicidad y ladrillos”, afirma con pesar.

Dialogo social

El muralismo en Pasto no solo ha sido una expresión artística, sino una forma de diálogo social. En un territorio atravesado por profundas tensiones históricas y una riqueza cultural vibrante, los artistas encontraron en los muros un canal legítimo para hablar con la ciudad: de sus fiestas, de sus dolores, de sus raíces.

“Cada mural era una conversación con la calle. Te detenías y podías entender algo de quiénes somos. Eso no se puede reemplazar con un aviso de cemento o un muro blanco”, explica Ojeda mientras recorre uno de los pocos sectores donde aún sobreviven trazos de color y mensaje: el barrio La Aurora.

Memoria

Aunque muchos murales han sido inspirados por la memoria y la historia reciente del país, otros tantos han rendido homenaje a lo ancestral, a las danzas del carnaval, a los saberes populares y al paisaje andino. Estos murales no solo decoraban, sino que educaban, despertaban orgullo y apropiación comunitaria.

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“Era común ver a los vecinos salir a barrer frente al mural, cuidarlo, protegerlo como si fuera parte de su casa. Porque era eso: arte del barrio, hecho por y para ellos”, señala Luz Marina Rosero, gestora cultural y defensora del arte urbano en Pasto.

Con el paso del tiempo, la falta de políticas culturales claras, el descuido institucional y el abandono de espacios públicos han hecho que el muralismo en Pasto esté en peligro de desaparecer. Muchos artistas han dejado de pintar en las calles ante la falta de garantías, apoyo económico o incluso materiales básicos. “No pedimos grandes presupuestos, solo el reconocimiento de que este arte también construye ciudad”, dice Ojeda, quien lamenta que incluso algunos murales emblemáticos hayan sido cubiertos sin consulta por reformas urbanas o intervenciones estatales.