LOS RIESGOS QUE CORREN LOS PAPAS

Por: JORGE HERNANDO CARVAJAL

Como estamos en modo papa por todos lados, se de manera personal que en sus constantes salidas al extranjero los pontífices corren toda clase de riesgos.

Hace años me tocó cubrir la visita que hizo a Colombia el papa Juan Pablo II y en el Seminario de Cali, mientras esperábamos la salida hacia Popayán, pensé que lo mejor era ir al baño, puesto que suponía que los vehículos en los que nos iban a movilizar a la capital caucana, por cuestiones de seguridad no iban a parar en ninguna parte.

Así que mientras mis colegas chismeaban, fue abriendo puertas buscando los servicios sanitarios hasta que casi me doy de frente con Juan Pablo, quien estaba absorto contemplando un árbol en una especie de jardín. Ya el guardia suizo se disponía a lanzarse sobre mí, cuando el papa lo detuvo con un gesto de su mano, lo que le agradecí, puesto que el día anterior había visto en el Parque de la Caña, como uno de ellos se lanzó en plancha contra una señora que se acercó demasiado al papa y le dislocó un hombro. La historia terminó bien pues el papa, me saludó de mano y me dio su bendición.

Después en Popayán a Juan Pablo le dio por saltarse el protocolo y mezclarse entre la gente, entre la que afortunadamente no había un asesino en ciernes. Lo cierto es que, yo me asusté más que él y me di cuenta del permanente peligro que corren los papas, lo que ha quedado demostrado con varios atentados.

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Pero, cuando no es el peligro de ser atacados por fanáticos extremistas, los papas viajeros también tienen el riesgo de los accidentes. Eso precisamente fue lo que le ocurrió al recién fallecido papa Francisco en su visita a Colombia, cuando en Cartagena, el papa móvil en el que se movilizaba, frenó de manera brusca y se golpeó un ojo, el cual le quedó como si Antonio Cervantes, Kid Pambelé, nuestro campeón mundial de boxeo de esos años, le hubiera propinado un puñetazo. Francisco nunca lo confesó, pero estoy seguro que le tuvieron que aplicar un jugoso bistec en la parte herida.