En la ciudad de Pasto, en el corazón del sur de Colombia, un silencioso pero poderoso movimiento de mujeres está transformando la manera de enfrentar la crisis económica. Se trata de madres artesanas que, con talento, perseverancia y una profunda conexión con sus raíces, han convertido su oficio en un verdadero motor de emprendimiento femenino y resiliencia cultural.
Estas mujeres no solo confeccionan piezas que reflejan la riqueza estética y simbólica de la región, sino que también llevan adelante hogares, educan a sus hijos y mantienen vivas tradiciones ancestrales que han pasado de generación en generación. Su trabajo, muchas veces invisibilizado, cobra un nuevo valor en un contexto donde la economía informal es el sustento de miles de familias.
Orgullo
Ary Imbachi, reconocida artesana de la región, destaca con orgullo el papel de la mujer pastusa como eje de resistencia y trabajo colectivo. «Las madres de esta ciudad siempre han sido luchadoras. No nos rendimos ante las adversidades, porque nuestros hijos son lo más importante», afirma. En su taller, Ary elabora tejidos, bordados y figuras en barro, cada uno con una historia que se remonta a los saberes heredados por sus abuelas.
Las piezas que producen estas artesanas —tejidos en lana, bordados con iconografía andina y figuras que representan la vida cotidiana— no solo decoran hogares: son símbolos de una identidad viva, tejidos con manos que conocen tanto el amor como la lucha. A través de estos productos, las mujeres comunican su visión del mundo y reafirman el valor de lo local frente a los desafíos globales.
Voces activas
Fanny Belalcázar, emprendedora y gestora cultural, ha sido una de las voces más activas en el impulso al trabajo de las mujeres artesanas. “Apoyarlas es más que una compra, es un acto de reconocimiento y solidaridad. Ellas no solo venden productos bellos, sino que preservan el alma cultural de Nariño”, señala. Belalcázar ha trabajado en múltiples proyectos que promueven redes de comercialización justa y acceso a nuevos mercados para estas mujeres. Además del componente cultural, estas iniciativas tienen un fuerte impacto económico. El fortalecimiento del emprendimiento artesanal permite a otras mujeres acceder a ingresos propios, generar empleo comunitario y mejorar las condiciones de vida de sus familias, en especial en zonas donde el empleo formal es escaso.

