EL ARTE QUE RESISTE: EL LEGADO DEL TEJIDO ARTESANAL EN NARIÑO

Entre  las manos hábiles que hilan historias en cada hebra, sobrevive un arte que ha desafiado el paso del tiempo: la elaboración de textiles en telares horizontales. Un legado que ha vestido generaciones y decorado hogares con la calidez de lo hecho a mano.

Desde hace más de 50 años, un grupo de artesanos unidos en la cooperativa ECOTEMA, ha mantenido viva esta tradición, transformando hilos en ruanas, ponchos, chales y accesorios que hoy recorren Colombia. Con la paciencia que solo otorgan los oficios ancestrales, el tejido es apenas el comienzo de un meticuloso proceso que culmina con el bordado en aplique, hecho a mano por al menos 40 mujeres, en su mayoría madres cabeza de familia. Ellas trabajan desde sus hogares, hilando no solo tela, sino el sustento para sus familias.

Pero este arte se enfrenta a una dura realidad. La crisis económica ha golpeado con fuerza el mercado artesanal, obligando a muchos clientes y proveedores a cerrar sus puertas. La materia prima, ahora es escasa y costosa.

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Sin embargo, el mayor desafío es generacional. Hoy, el tejido artesanal está en riesgo de quedarse sin herederos. Los jóvenes, seducidos por nuevas oportunidades y tecnologías, se alejan de los telares, y encontrar quienes quieran aprender este oficio se ha convertido en una lucha constante.

A pesar de todo, sus productos llegan a ciudades como Bogotá, Medellín, Cartagena y Barranquilla, y se exhiben en ferias nacionales, donde cada pieza es una historia de resistencia y amor por el arte. En Pasto, sus puntos de venta siguen abiertos, con la esperanza de que cada cliente que cruce la puerta no solo lleve consigo un tejido, sino un fragmento del alma de Nariño.