Cada 9 de marzo celebramos el Día Mundial de la Tortilla de Papas, un plato que ha trascendido generaciones y culturas para convertirse en un clásico de la gastronomía. Con ingredientes simples como papas, huevos y sal, esta receta representa la creatividad en la cocina. La tortilla no solo es un emblema en España, sino también un manjar popular en países de América Latina, adaptándose a diversos gustos y tradiciones.

¿Cómo nació la tortilla de papas?
El origen exacto de la tortilla de papas sigue siendo motivo de debate, aunque una versión ampliamente aceptada relata que fue creada durante la Primera Guerra Carlista en 1835. El general Tomás de Zumalacárregui buscaba un alimento práctico, nutritivo y económico para sus tropas. Ingredientes básicos como papas, huevos y aceite de oliva fueron la base de esta preparación que, con el tiempo, evolucionó en variaciones regionales.
Sin embargo, documentos de 1767, citados por la periodista gastronómica Ana Vega, sugieren que la tortilla podría haberse preparado incluso antes de esa época, destacando su larga historia en la gastronomía.
El cebate: ¿Con o sin cebolla?
Una de las mayores controversias alrededor de la tortilla de papas es la inclusión de cebolla. Hay quienes argumentan que aporta un toque dulce y resalta los sabores, mientras que otros prefieren mantenerla simple para destacar la textura de las papas y el huevo. A pesar de esta discusión, el plato ha evolucionado para incluir ingredientes como embutidos, verduras e incluso versiones más sofisticadas en la alta cocina.
Celebración y versatilidad
El Día Mundial de la Tortilla de Papas no solo busca homenajear su historia, sino también destacar su versatilidad. Este plato puede disfrutarse como bocadillo, plato principal o acompañamiento, siendo una opción infaltable en reuniones familiares o momentos especiales. Además, cada región le da su toque personal, adaptándola a diferentes paladares.
Conclusión
La tortilla de papas es más que una receta: es un símbolo de la creatividad y tradición culinaria. Ya sea con cebolla, sin cebolla, bien cocida o jugosa, este plato sigue conquistando corazones y paladares en todo el mundo. Su simplicidad y versatilidad la convierten en un ícono que sigue reinventándose generación tras generación.
