Por Mauricio Fernando Muñoz Mazuera
El infanticidio animal se trata de una estrategia para mantener la supervivencia de la especie, según un estudio publicado en la revista Journal of Theoretical Biology, entre los leones, cuando los machos son despojados de su liderazgo, las crías que tuvieron con las leonas del grupo se eliminan de una forma feroz: el nuevo líder muerde su cabeza, espalda, cuello y aplasta su abdomen, de este modo consigue que las hembras vuelvan a estar en condiciones de tener crías rápidamente, además, así el nuevo líder se libra de futuros competidores por la jefatura del grupo.
Igualmente los bebés chimpancés también suelen ser blanco de la agresividad de los machos que se convierten en el nuevo jefe, en otras especies, las infanticidas pueden ser las hembras, como ocurre con las ratas, estos roedores se deshacen de una cría cuando nace con deformidad o dan muerte a las de otras hembras para usurpar el nido.
Hago uso de esta introducción basada en la realidad del mundo animal para hablar de un tema que lleno de tristeza e indignación en días pasados a nuestro país, el 29 de septiembre del presente año, Sofía Delgado, una menor de edad habitante del caserío Villagorgona, en el departamento del Valle del Cauca, fue reportada como desaparecida. La niña nunca regresó a su hogar y desde ese día comenzó una exhaustiva búsqueda en la que unieron fuerzas las autoridades, la familia de la niña, amigos y conocidos, e incluso espontáneos.
Tristemente el cuerpo de la niña se encontró el jueves 17 de octubre y tras el proceso de investigación, se capturo a Brayan Campo como presunto autor material del asesinato. Después de la captura, este confesó que Sofía había agonizado durante tres días antes de la muerte, pues Campo al parecer habría atacado a la niña y luego la dejó tirada en el sector, pero debido a lo mediático que se había vuelto el caso, regresó para matarla. Las investigaciones también arrojaron que el confeso asesino intentó incinerar los restos de la menor.
Teniendo en cuenta el delito cometido Brayan Campo, confeso asesino de la menor, podría enfrentar hasta 60 años de cárcel por los cargos de feminicidio agravado y secuestro simple agravado, esto sin posibilidad de reducción de pena por ser la víctima una menor de edad.
Y realmente, a pesar de que todo el peso de la ley va a caer sobre este personaje, queda en el ambiente una idea, quien atenta en contra de un menor de edad o de una persona en situación de indefensión es un enfermo, un ser que ha perdido totalmente su racionalidad y se ha dejado llevar por el animal que lleva adentro, pero no por un instinto de supervivencia, sino por el simple placer de matar, de acabar con la vida de un ser indefenso ensañándose en la fragilidad de un cuerpo de formación.
Frente a este tema, desde mi punto de vista, es necesario que se generen políticas públicas de salud mental que permitan la detección de forma de temprana, de este tipo de tendencias que atentan en contra de la misma sociedad, pues quien hiere o mata a un menor de edad, infringe un daño a toda la comunidad. Nada ha sucedido con el endurecimiento de las penas con las cuales se busca purgar este tipo de crímenes, pues, los Garavitos, los Bermudez, los Campo y todos los demás, abusadores de menores que están sueltos o protegidos por las vetustas instituciones, seguirán al acecho, así que es hora de cortar el árbol torcido desde la raíz.

