Javier Arteaga, conocido como Lukas, lleva 35 años produciendo obras, tanto comerciales como de propuesta. Su trabajo se representa en un juego laberíntico que significa los pasos que damos día tras día para ser cada vez mejores. Sus obras también reflejan varios estados del ser: amor, alegría, rencor, miedo, lujuria.
La técnica que utiliza la ha denominado tintas mixtas, mezclando acrílico, óleo y tintas adquiridas en el mercado, realizadas sobre napa o cuerina.
La obra de ‘Lukas’ se divide en dos partes: la figurativa y costumbrista, en la que se pintan campesinos en sus parcelas con el volcán Galeras de fondo, reflejando el amor por la tierra y sus costumbres.
La segunda representa el expresionismo abstracto donde imprime su sello personal. “Es un diálogo interno, un encuentro del ser consigo mismo. Esta alquimia y transformación del ser están inmersas en ese camino que recorremos en búsqueda de ser mejores personas”, precisa Arteaga.
Su vida está y estará centrada en el tesoro de las artes plásticas. Su objetivo es dejar una huella a través del tiempo y el espacio, teniendo en cuenta las infinitas relaciones que el ser humano tiene consigo mismo, con el prójimo, con la naturaleza y con la cosmogonía.
“Mi pintura me ha acompañado siempre y me ha transformado al punto de tener una hermosa vida. Dentro del mundo de las artes plásticas, he dejado de ser yo para pertenecer a ustedes”, concluye.

