Por: Luis Eduardo Solarte Pastas
Si en Pasto pasa lo que está pasando, en el resto de los municipios departamento de Nariño está sucediendo lo mismo.
Y si de pronto existe alguna excepción, es por obra y gracia del Espíritu Santo para que muy pocos integrantes de los concejos sepan qué es en sí ser voceros de los quienes no tienen voz dentro de un sistema seudo-democrático como el colombiano.
Resulta, que en acaloradas y escalofriantes funciones de circo de tercera categoría se han convertido los debates en los Concejos Municipales.
Concejales que en un principio se presentan como unos blancos e inofensivos corderos, de un momento a otro muestran sus rabiosos colmillos y se convierten en unas feroces hienas hambrientas de poder burocrático y, por ende, político.
Pero una vez terminan la función, como “almas que lleva el diablo”, corren a compartir la mesa para devorar entre todos la misma presa burocrática, condimentada con toda clase de dadivas con olor a corrupción que les echan algunos alcaldes para que satisfagan su desenfrenado apetito y se mantengan contentos, con la finalidad de contar siempre con su apoyo y respaldo a fin de utilizarlos cada vez que se necesite de su espectáculo.
Qué falta de respeto, qué forma tan descarada de esos concejales para abusar del pueblo que un día tuvo la equivocación de elegirlos.
Hoy, que están en donde están, caminan como si fueran unos auténticos “pavos reales”. No miran nada a su alrededor, ni mucho menos atrás porque creen que los electores por ahora les son insignificantes y que no hay que prestarles mucha atención a sus gritos de angustia y desesperación por vivir un mejor presente y esperar el futuro promisorio que les prometieron al calor de sendos discursos populistas.
Con todo lo que se observa en las sesiones de los concejos (sean formales o informales), parece que olvidaron por completo los compromisos asumidos de propender dizque por una paz con justicia social y equidad.
Tal y como se están dando las cosas, se siente rabia y dolor hasta las más entrañas de la médula al verlos que más les interesa sacarse los cueros al sol, como se dice en el argot popular. Pues, no les interesa en lo más mínimo buscar soluciones acertadas y efectivas a las más apremiantes necesidades que en salud, educación, vivienda, trabajo, etc., padecen una inmensa mayoría de gente.
No contentos con lo que hacen los “ilustres” concejales, ciertos alcaldes que controlan a su antojo y con sumo cuidado el circo de los cocejos, cada fin de semana o cuando se les antoja, se desplazan con algunos de ellos fuera de sus sede principal de gobierno para realizar “funciones” que se denominan cabildos en los que se hacen compromisos de gran envergadura que no se cumplen y en los que sólo se da en el acto cualquier migaja, en contraprestación de las suculentas comidas que les dan.
Allí los alcaldes los presentan a los concejales dóciles y obedientes e indicando que lo único que hacen es “trabajar, trabajar y trabajar”, al mejor estilo del expresidente Alvaro Uribe Vélez, por la localidad para que los asistentes no tengan miedo de acercárseles.
Porque si en verdad supieran quiénes son no les importaría burlar el cerco de seguridad para posiblemente sacrificar esas “fieras” por atentar contra los derechos de las comunidades de donde son oriundas y por la actitud hipócrita que demuestran.
Hay quienes afirman con nostalgia que circo sin animales no es circo por las prohibiciones que existen de utilizarlos para espectáculos y que por ello están desapareciendo.
Sin embargo, los circos no están desapareciendo porque algunos “pulcros” alcaldes con los obedientes y hambrientos concejales, así hagan parte o no de esa pendejada organización que llaman bancadas, coaliciones o simplemente uniones estomacales, nos lo demuestran día tras día con sus acciones.
Qué vergüenza, sí que vergüenza que una inmensa mayoría de concejales sólo piensan en sus propios intereses y la de sus familiar y disfrutan de las miles de un poder efímero que tarde o temprano se acaba. Mientras el pueblo soberano pasa las duras y las maduras.
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