Otra promesa incumplida a Nariño: la burla de los Juegos Nacionales

Es casi un ritual, un déjà vu que se repite una y otra vez con Nariño. Esta vez, el alcalde de Pasto, Nicolás Toro, y el gobernador de Nariño, Luis Alfonso Escobar, se pusieron su mejor traje y viajaron a Bogotá con la ilusión de lograr un sueño largamente acariciado: convertir a Pasto en la sede de los Juegos Nacionales en 2027. Una oportunidad de oro, decían, para que el país por fin pusiera sus ojos en esta región olvidada y deprimida, golpeada por la violencia, los bloqueos, y el eterno abandono estatal.

La idea era sencilla: mostrarle al país la riqueza turística, gastronómica y religiosa de Nariño. Hacer que sus montañas, sus paisajes y su gente brillaran en un evento deportivo de envergadura nacional. Reactivar la economía regional, generar empleo, y dejar de ser una nota al pie en las noticias sobre masacres y conflictos. Pero como suele suceder, las ilusiones de Nariño chocaron de frente con la cruda realidad centralista.

En Bogotá, los poderosos ya habían tomado su decisión: los Juegos Nacionales de 2027 se irán a Sucre y Córdoba. Nariño, una vez más, quedó con las manos vacías, “vestido y alborotado”, como se dice popularmente. Una burla más, un golpe bajo a una región que, con la esperanza como única aliada, había apostado por un proyecto que ahora parece una quimera.

No se trata solo de un evento deportivo. Es la constatación de un patrón de olvido y negligencia que se repite sin cesar. Mientras que otras regiones logran captar la atención del gobierno central, Nariño sigue siendo la “cenicienta” del país, a la que solo se le recuerda en épocas de elecciones o cuando la situación de orden público se sale de control.

El viaje a Bogotá de Toro y Escobar es el reflejo de la eterna lucha de una región que parece estar condenada a la marginación. Regresan a Nariño con las manos vacías, a enfrentarse con una población que ya está cansada de promesas incumplidas. Es un nuevo capítulo en la larga historia de desengaños que ha vivido esta tierra, rica en cultura y recursos, pero pobre en oportunidades.

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Una vez más, Nariño se queda con el amargo sabor de la frustración, viendo cómo otras regiones se llevan los premios gordos, mientras ellos siguen en la lista de espera, rezagados y olvidados. Y mientras tanto, la pregunta sigue en el aire: ¿Cuándo será el día en que el país le dé a Nariño lo que realmente merece?
«En esta ocasión ser sede de unos juegos nacionales tenía su principal reconocimiento a los nariñenses quienes con sus votos en las urnas le dieron una oportunidad al gobierno del cambio pero que gran frustración cuando el jueves en la tarde el propio presidente petro hizo el anuncio de la sede de los juegos…claro entre las ciudades postuladas estaba su tierra natal a la cual no le podía fallar, en pasto y Nariño la noticia cayó como un balde de agua helada