Sofonías Rodríguez

REGRESEMOS AL “EMPUJE Y VAMOS”

Por: Sofonías Rodríguez M.

Para referirnos a un simpático personaje que hace parte de la historia del transporte en la ciudad dulce, hay que hacer un ejercicio retrospectivo de por lo menos sesenta y cinco años para ubicarnos en las vivencias de un pueblo todavía apacible que no despertaba, ni parecía preocuparse por su futuro

Fue dueño de la primera berlina o automóvil que en esta localidad nariñense sacó a muchos de apuros y que fue sin  intención cómplice número uno de los noviazgos o matrimonios a escondidas. No habían pasado sino dos décadas desde que los comerciantes de productos agrícolas de Sandoná, viajaban a la antigua usanza por los ásperos y pedregosos caminos de las faldas del Galeras, arreando  gruesas caravanas de caballos o mulas hacia el mercado central de Pasto.-

Conocido como Manuel Castro y su procedencia parecía ser de la capital nariñense. Elegante,con lujoso gorro, gafas negras y pinta de actor de cine del oeste. Según testimonios de la gente que lo conoció en esa época, llegó a Sandoná invitado por unos amigos a pasar un fin de semana. Aquí conoció a una dama de la familia de don Otoniel López residente en el antiguo callejón, hoy Barrio Meléndez, con quien se casó y vivió en esta población.

El célebre conductor con los sandoneños poco a poco  se fue conociendo y poniendo a la orden su carro, oferta que aprovecharon muchos jóvenes para salir a sitios periféricos, o simplemente dar una vueltica con novia a bordo y la condición eso sí de ayudar  a empujar la  berlina, como a modo de requisito que los pasajeros sabían. Lo cruel  con la disciplina de  los mayores, cuando éstos se daban cuenta corrían con fuete en mano para bajar a la muchacha de la casa.

loading...

Con todas estas al dueño del automóvil nada le decían por ser el único que había, porque tarde o temprano se podía ofrecer. El mismo señor Castro contaba que alguna vez fue contratado para llevar a unos novios que corridos de sus padres se iban a casar en El ingenio. Los futuros esposos llegaron cumplidos y abordaron  el vehículo, pero a la hora de arrancar se quedó.-No hubo más alternativa que pedirles a los propios  novios que empujen. El conductor ya tenía como  costumbre la frase de combate: “Empuje y vamos”

De su final nada se supo, pero quedó en Sandoná la imagen de un hombre bondadoso y servicial, conocido más como “El empuje y vamos”