Por: Alina Constanza Silva
La herencia de los españoles para Sur América fue la constitución de las denominadas instituciones extractivas coloniales que promovieron el favorecimiento de una elite burocrática, ineficiente y corrupta. En efecto, estas instituciones han propiciado la desigualdad, la pobreza y se han opuesto a todo aquello que sea el mejoramiento de la calidad de vida de la población, o sea, se han constituido en la causa de la violencia.
La violencia en el país, entonces, se basa en las instituciones públicas constituidas desde la colonia; por ejemplo, autores como Daron Acemoglu y James A. Robinson manifiestan que el fracaso de las naciones está en la calidad de sus instituciones; en efecto, explican que el origen del poder, la prosperidad y la pobreza se manifiestan en las instituciones que ellos denominan extractivas porque en vez de propiciar un entorno social incluyente, hacen todo lo contrario para mantener sus prerrogativas en desmedro de la inmensa mayoría de ciudadanos.
Instituciones extractivas controladas por una pequeña elite orientada a extraer recursos de la mayoría de la población tendiente a favorecerse así mismo; es decir, instituciones como la justicia, el congreso y el gobierno, o privadas como los medios corporativos de comunicación o las instituciones financieras establecidas no están para garantizar oportunidades para todos, sino todo lo contrario, para excluirlos. Por ejemplo, la designación de los empleados públicos, no se basan en su idoneidad sino utilizando el “spoils system” que tuviera vigencia hace más de dos siglos en Estados Unidos designando a los seguidores del político electo no como servidores públicos, sino como alfiles para extraer la mayor cantidad de recursos del erario. Entonces, la burocracia puesta a disposición del político es el botín para repartir después de haber triunfado en una elección realizada en la seudo democracia representativa de la cual se siente tan orgullo el país. Son extractivas porque no propician la distribución equitativa de los recursos, limitan la participación ciudadana, perpetúan la desigualdad y la pobreza, tampoco, generan un ambiente de respeto por el ser humano; o sea, son la fuente de la violencia.
Una nación con estas características origina la violencia. Entonces, para lograr una sociedad en paz es menester acudir a profundizar la democracia a través de instituciones incluyentes que brinden igualdad de oportunidad a toda la población, sin esperar que los levantamientos sociales o menos revoluciones arranquen los cambios que toda la población excluida demanda urgentemente. Los beneficiarios del statu quo, deben obrar con inteligencia y ceder parte de sus privilegios, como, por ejemplo, respetando a la población, pagando sus impuestos, dejando atrás la economía subterránea y siendo transparente y solidario con la inmensa población descamisada que camina o deambula por las calles de las ciudades colombianas sin aspiración alguna porque desde su nacimiento han sido excluidos. Por ende, una sociedad en paz es el resultado de constituir instituciones políticas y económicas que propicien el éxito de todo colombiano.
En conclusión, para derrotar la violencia se debe construir instituciones transparentes que no estén orientadas a favorecer grupos políticos o económicos, sino que sean propiciadoras de una mayor participación ciudadana en sus decisiones, que tienda por eliminar la exclusión y la desigualdad ciudadana, que el sistema judicial no sea injusto y corrupto. Mirar a la inmensa población que conforma la base de la pirámide no como algo que hay que seguir explotando o dominando; todo lo contrario, se debe ver a la población pobre como la fuente de riqueza del pueblo colombiano. Como ha mencionado C. K. Prahalad se podrá generar beneficios cuando la población pobre y marginada que vive en un entorno de pobreza, es decir, subsumida en el atraso y la desigualdad tenga oportunidad de mejorar su calidad de vida y dejar de sobrevivir con menos de tres dólares diarios. La violencia se derrota favoreciendo a la población que esta ávida de conocimiento y ganas de trabajar. Las instituciones deben proveer a esta población procesos de innovación social que permita fortalecer el capital social que sea capaz de adquirir más servicios sociales. Colaborar con la población excluida dando oportunidad para participar en procesos sociales incluyentes y sostenibles y que se manifieste en la reducción de la pobreza mediante el acceso a la educación, la atención sanitaria y su correspondiente empoderamiento. En general, el propósito debe ser transformar las instituciones extractivas en incluyentes para que la base de la pirámide no se constituya en un desafío sino en una oportunidad de cambio social que aclimate la paz.

