Por: Mauricio Fernando Muñoz Mazuera
El pasado fin de semana trascendió a nivel nacional la noticia de la muerte de una médica residente de la Universidad Javeriana. Según la información que se ha logrado conocer, la doctora Catalina Gutiérrez Zuluaga presuntamente tomo la fatídica decisión de suicidarse al no soportar el maltrato y las humillaciones de sus superiores. La Doctora Gutiérrez se encontraba realizando su residencia en el posgrado de cirugía general y se distinguía, según sus compañeros por la dedicación y empeño con la cual desarrollaba su labor.
Esta situación permite llevar al escenario mediático una realidad triste de quienes asumen su formación como médicos, a tal punto que cuando inician su internado, bien sea en la culminación de sus estudios de pregrado o posgrado, los grupos de whatsapp, de quienes deben asumir esta responsabilidad, de forma jocosa, se comienzan a denominar “esclavos” y no residentes.
Al leer estas líneas, quienes son ajenos al devenir de la formación médica, podrían pensar que se está exagerando, o que es un carga obligatoria por decidir estudiar medicina, pero no por eso se debe normalizar una carga desproporcionada o el maltrato, hay turnos de 16 a 18 horas que los internos deben soportar, todo esto dependiendo del servicio que estén desarrollando; urgencias, ortopedia, ginecobstetricia, pediatría, medicina interna, cirugía o neurología dejan de ser escenarios propicios para aprender, y se convierten en espacios en los cuales los próximos médicos ven afectada su tranquilidad y hasta su cordura.
Es irónico decirlo, pero aquellos profesionales de la salud que nos recomiendan desayunar bien, tomar el almuerzo o la cena a la hora indicada o dejar ciertos alimentos para nuestro beneficios, son las personas que no comen a tiempo, o incluso, no prueban un bocado por el hecho de cumplir con el servicio que están desarrollando y cuando lo pueden hacer, deben comer las raciones pírricas que se les da como almuerzos o cenas. Aquellas médicas y médicos que nos insisten en dejar de estresarnos, son quienes día a día viven bajo presión con el afán de atender pacientes, diligenciar notas, e incluso, adelantar trabajo para poder dormir algunas horas de más y así reponer fuerzas para continuar su tiempo de internado.
Es triste decirlo, pero al conocer historias como la de la doctora Gutiérrez, lo primero que viene a la cabeza es la necesidad de un servicio de psicología que atienda a los médicos, pues su sanidad mental redundará en beneficio de sus pacientes, pero esto nunca sucederá, pues el bienestar del médico interno, o incluso del médico que viene ejerciendo su labor por años, pasa a segundo plano cuando se debe continuar prestando el servicio de salud a como de lugar.
Y es que hablamos de salud mental porque detrás de un mal manejo de los sentimientos las emociones y el vienen los círculo vicioso que terminan desencadenando vicios, en los cuales se encuentran la salida para asumir la situación que está viviendo, así sea en contra de su propia salud, o ¿a ustedes les parece coherente que un médico consuma bebidas energizantes a diestra y siniestra, por ejemplo, para lograr cumplir con su turno, a sabiendas de los perjuicios que estas pueden generar en su salud?
Realmente no espero absolutamente nada de los gremios de la salud, universidades o de los ministerio de salud o educación frente a lo sucedido, todos los comunicados son intentos patéticos por lavar la imagen de las instituciones que nada harán por cambiar esta realidad, la tarea recae sobre los hombros de los estudiantes de medicina, quienes deben unirse para lograr mejorar su calidad de vida cuando llegue el momento de enfrentar los escenarios del internado y el año rural, o de lo contrario, mas batas se quedarán en el ropero, esperando al médico o la médica que la debía usar y que no lo hará, pues fue víctima del sistema, que pasa por encima de todos, descarta al vacilante y destroza vidas.

