Sofonías Rodríguez

EL PARAISO SOÑADO DE LOS VERANANTES

Por: Sofonías Rodríguez M.

El término veraneantes como tal ya no existe y pertenece en nuestro departamento a las décadas del 50 y 60, época cuando escuelas y colegios terminaban su año escolar desde el 20 de julio hasta mediados de octubre.-Eran casi tres meses de vacación, tiempo que utilizaban muchos habitantes de nuestra capital para escaparse del frío y buscar un poco de abrigo en los pueblos clima cálido o templado.-

El Ingenio, Sandoná Consacá y Ancuya fueron los lugares elegidos a donde llegaban familias enteras para pasar una agradable jornada de verano con la común costumbre de arrendar casas completas o parte de ellas para alojar a los suyos que encontraba en esta región del guaico como  una especie de paraíso que quizá antes ni siquiera lo habían soñado.  Algunos propietarios de casas para facilitar el hospedaje temporal, salían hacia los altos.

Y es que a esos años, una cosa era que en las pequeñas localidades del centro-occidente nariñense no había necesidad de hoteles para alojar a la alta cantidad gente  que llegaba para compartir una larga temporada y otra que los visitantes preferían acomodarse en casa particulares pagando cómodamente su larga estadía.  Para quienes alquilaban sus viviendas era un ingreso extra que se invertía en  gastos varios.-

Regirse a un horario era lo de menos. Durante el día los visitantes luego de participar de la misa, o de hacer oraciones de acción de gracias, caminaban por las zonas rurales disfrutando de un ambiente sin igual propiciado por una naturaleza sana y exuberante todavía. Esos días de solaz y de encanto fue para chicos y adultos como el más preciado regalo para recibirlo en familia. Las noches de luna llena eran para serenatas a todo lo que da la voz como para que las escuche el pueblo.-

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Los temperadores capitalinos en los pueblos con suma confianza participaban en celebraciones religiosas que incluían eventos deportivos y populares con la gente de aquí como en una sola familia. Por estas tierras los pastusos, especialmente las mujeres aprendían todo los secretos de la gastronomía guaicosa que sin el menor asomo de egoismo nuestras amas de casa  compartían en forma generosa.-

En ese devenir de veraneantes y la cotidiana comunicación con los moradores de ese entonces les permitió una amistad mutua que más adelante serviría para comprar en San Juan de Pasto medicamentos, herramientas o de conseguir una cita médica.-Pero en un balance general fueron épocas en donde la felicidad estaba en llegar y gozar de las delicias y atractivos de cada localidad nariñense. Qué buenos tiempos!!