Mauricio Muñoz.

EL GEN COLOMBIANO

Por: Mauricio Fernando Muñoz Mazuera

El 8 de diciembre de 1998 Deportivo Pasto buscaba ascender a la máxima categoría del futbol Colombiano, se jugaba esta posibilidad enfrentando a Itagui Ditaires en una tarde única, las antiguas tardes de futbol que se vivieron por muchos años en el Estadio Libertad. Yo tenía 10 años y le pedí a mi abuela paterna que me regalará 10 mil pesos para comprar la boleta y así poder ingresar al estadio, ella accedió a la solicitud y el 7 de diciembre me dirigí al estadio para comprar la boleta, otros tiempos, otras épocas, en donde caminar por el sector de Las Lunas no significaba un peligro seguro. Cuando llegue a las inmediaciones del escenario deportivo también conocido como 13 de Junio, me ubique en una de las filas para comprar el tiquete buscando asegurar el ingreso al estadio, sin embargo de un momento a otro, desde la parte posterior de la fila comenzaron a empujar hasta llegar a colocarnos a varias personas en contra de unas vallas, poniendo en riesgo nuestra integridad, así que decidí mejor buscar la manera de salir de allí y evitar cualquier contratiempo, antes que seguir aguantando a los desadaptados de siempre.

Ya en el año 2000, fui a disfrutar en compañía de mi papá y mi tío del partido de las eliminatorias al mundial de Corea y Japón 2002 entre Ecuador y Colombia en Quito. Las expectativas eran grandes, con un Iván Rene Valenciano en su mejor momento los colombianos que asistimos al estadio Olímpico Atahualpa estábamos seguros de un buen resultado, sin embargo y con el paso de los minutos, la esperanza se convirtió en desespero y al ser abucheados constantemente por el público local, un hombre que estaba muy cerca a nuestros asientos, se levantó y saco un puñado de monedas y se las comenzó a arrojar a los ecuatorianos vociferando “Puendos… vayan a comprar algo”. Eran las épocas difíciles de Ecuador, y nuestro peso pasaba por encima de su sucre, así que esta frase fue lapidaria y desato un momento incomodo en el cual tuvo que intervenir la policía presente en la tribuna.

Estos hechos contrastados con lo visto el pasado domingo en el previo del juego final de la Copa América en Colombia y Argentina, son una muestra inequívoca que podrán pasar los años y cada vez como sociedad somos peores. Personas intentado pasarse de listas ingresando con boletas falsas al estadio, “hinchas” forzando las puertas del estadio para entrar al mismo por encima de quien fuera, espectadores colombianos subiendo por los ductos de ventilación del estadio para disfrutar del espectáculo futbolístico entre otros desmanes fueron la impronta que muchos de nuestros coterráneos dejaron en tierras norte americanas.

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Y si a esta radiografía le sumamos al señor Ramon Jesurún y a su hijo uniéndose al club de los que usan la frase “usted no sabe quién soy yo” buscando por todos los medios que se haga lo que ellos querían, terminando usando el traje naranja de todo convicto que quebranta la ley en Estados Unidos, estamos ante la fresa del pastel.

Este es el gen colombiano, ese que nos impulsa a pasar por encima de todos para lograr nuestros objetivos, esa marca que nos hace sobresalir por nuestro intelecto usado para cosas nefastas, antes que para el beneficio de todos. Es el mismo gen que nos hace buscarle la trampa a todo amparados en el dicho “hecha la ley, hecha la trampa”.

Queridos lectores, este es el momento de preguntarnos si ¿esta es la visión que nosotros queremos que tenga el mundo de los nacidos en estas tierras? En nuestras manos hay nuevas generaciones, sembremos en ellos valores y demos juntos vuelta a la página, dejemos a un lado los ídolos de barro fundados en el narcotráfico y la violencia y seamos constructores de una mejor sociedad a través de nuestro buen ejemplo… ya es hora de cambiar las cosas.