Por Ricaurte Losada Valderrama
Cada pueblo forja su destino. Para hacerlo traza unos derroteros y los principales los establece en su Constitución Política, que organiza al Estado y a la sociedad en sus aspectos esenciales.
En el proceso constituyente de 1991 hubo cinco golpes de Estado. La Constitución nació ilegítima, viciada y fue sancionada en blanco. Sin embargo, este Estatuto es la enmienda institucional más importante producida en Colombia, que aunque tiene muchas luces, está cundida de sombras y, aún así, cumplió 33 años.
Debido a los errores en que se incurrió al expedirla y por nuestra inestabilidad institucional, se le han introducido 59 reformas, a través de las cuales no se han solucionado sus problemas; al contrario, se han agravado. Por ejemplo, quedó descuartizada a raíz de algunos de los actos legislativos expedidos por los acuerdos con las Farc.
En este caso, en razón a que el plebiscito fue negado, quedó sin vigencia el acuerdo de Cartagena, suscrito con la insurgencia y la Corte avaló la refrendación irregular que de él hizo el Congreso. Sin embargo, el Estado mantuvo su facultad y deber constitucional de buscar la paz, pues este no se agotó con la negativa del pueblo al anterior pacto y, por ello, sobre su base se suscribió el del Teatro Colón.
He mencionado este aspecto porque se trata de un fenómeno político de los más importantes ocurrido con nuestra Carta Política, cuya mejor celebración sería promover el ajuste integral que se le ha negado desde su nacimiento, así como se hizo con la de 1886 que solo empezó a regir de manera adecuada con la reforma que se le introdujo en 1910, tal como ha debido hacerse con la actual, hecho que hubiera evitado tantas enmiendas aisladas, generalmente menores.
A raíz de su efemérides hago estas reflexiones con el propósito de invitar a ocuparnos de este tema vital, del cual hay que reconocer que como se cometieron graves errores al expedirla, también hay que aceptar que en 33 años no se ha tomado la decisión política de corregirlos.
Y el escenario que resolvería sus problemas de manera eficaz sería el de una asamblea constituyente, el más importante proceso de participación, ahora regulado en la Carta, que el país debiera adelantar si quiere avanzar más en los logros de 1991 y resolver desaciertos que han opacado y disminuido sus aciertos.
Así se debiera responder a una historia de 33 años de poco alcance, pues el problema no es solo el referido a que en 1991 se cometieron muchos errores, sino en razón a que no se han corregido, porque no somos suficientemente conscientes de que de las instituciones dependen nuestras vidas y nuestro porvenir y desarrollo.
He dicho antes: asamblea constituyente sí, pero no ahora. Vuelvo a decir que si, como lo he expresado durante tantos años, en razón a que se ha advertido que de lograrse, sería actuando de acuerdo a lo establecido en la Constitución. Así si, tal como lo afirmo en el libro Los Errores del 91…y los Poderes Establecidos de Espaldas a una Constituyente.
Y el alma nacional sigue henchida con nuestra selección que tiene serias posibilidades de ser campeón de la Copa América.

