Por: Aníbal Arévalo Rosero
Con la llegada a la Presidencia de Gustavo Petro nos hemos dado cuenta quién manda verdaderamente en el país. Después de tanta verborrea que circuló en cuanto medio de comunicación haciéndole creer a la población que Colombia se convertiría en otra Venezuela si elegíamos a un presidente de las calidades de Petro por haber sido militante de una organización nacionalistas como el M-19, que tuvo sus orígenes en el fraude electoral que le cometieron a Rojas Pinilla, el 19 de abril de 1970. Después de casi dos años no nos hemos convertido, ni nos parecemos a Venezuela.
Pudo más el cansancio histórico y el rechazo a una oligarquía que derrochaba a sus anchas las mieles del poder, que unas mentiras que se propagaban sin ninguna prevención ética en medios de comunicación propiedad de los grandes monopolios criollos. Para ello utilizan la vieja fórmula hitleriana de imponer un libreto que se debe repetir todos los días desde la madrugada, con palabras simples que lleguen de manera más fácil al subconsciente del consumidor final del mensaje que pretenden imponer.
Las mentiras son confeccionadas a la talla de los intereses de un patronazgo que quiere seguir imponiendo sus condiciones a los trabajadores de la gran industria, pasándose por la faja los derechos laborales, las oportunidades educativas y las posibilidades de progreso de las familias de los sectores populares; quienes también añoran una oportunidad de montar una pequeña empresa.
Hasta dónde no llega la infamia, que se inventan historias que pretenden desdibujar un plan de gobierno para poner en la boca de sencillos ciudadanos el aborrecimiento de lo que por primera vez en la historia republicana del país es una circunstancia de cambio. Sentimos martillar desde muy temprano el mismo programa libreteado de desde la cúpula del poder desde el neoliberalismo económico del FMI, el BID o la Ocde, intentándonos, cual tortura china, quitarnos el sueño.
Todo lo que diga el presidente, de plano y sin mayor reparo, es rechazado. No se dan tiempo a considerarlo. Se inventaron el tema de una supuesta constituyente, y con ello reemplazaron el tema repetitivo de Venezuela con las, igualmente supuestas, intenciones de Petro de perpetuarse en el poder. Qué cosa más ramplona: en primer término, los tiempos no dan para una Constituyente; luego, el presidente ha repetido hasta la saciedad que no busca reelegirse, que va a cumplir el periodo constitucional de cuatro años, que los que reeligen son otros.
Sin embargo, a mucha gente le hacen creer que se va a reelegir. Pues bien, que nos quede claro de una vez y para siempre: no somos Venezuela, ni Petro es un dictador: no ha mandado a callar a ningún periodista en Colombia, ni ha mando a cerrar ningún medio de comunicación. Es una idea de traída de los cabellos hablar de dictaduras porque el presidente no cuenta con las mayorías en el Congreso, y esas han sido respetadas.
Han intentado manchar la imagen del Presidente con una mentirosa chuzada a un magistrado de la Corte Constitucional con un argumento forzado, y, luego, el magistrado después dijo que eso era lo que él creía. ¡Qué tal semejante desfachatez!
Pero para que el coro no pierda su armonía, a orquesta sinfónica y grupo coral, se suma como solista acompañante, la agraciada presencia de la Flip (Fundación para la Libertad de Prensa) pero que resultó siendo una organización inclinada más a la derecha que una organización filantrópica que tenga en la mano los Derechos Humanos, la Constitución, los tratados de Bloque de Constitucionalidad, el manual de ética del periodista. No. Para nada.
Donde más se menciona a la Flip es en la Revista Semana, en boca de la señora precandidata a la Presidencia de la República Victoria Eugenia Dávila, más conocida como Vicky Dávila. Esta señora hace trapo con la Flip para atacar a Petro. Y claro la Flip nunca le llama la atención a la señora Dávila por el mal uso que hace de la organización defensora de los derechos de los comunicadores.
Pero, lo que no está escrito, pero se hace, es que la Flip actúa solo en favor de la derecha recalcitrante del país, pues nos enteramos que la fundó nada menos que el nada confiable Pacho Santos, el mismo que proponía aplicarle choques eléctricos a los estudiantes que salgan a protestar. El actuar de la Flip, en los hechos está legitimado en favor de los grandes medios de comunicación, que pertenecen a los Hilinski, Prisa, Olímpica, Sarmiento Angulo, Gea y los demás.
No estaría demás pedirle a la Flip que no se recueste más para allá… sino que vele verdaderamente por la libertad de prensa.

