Carlos Gallardo
En cada rincón de nuestras ciudades y pueblos, vemos felinos y caninos, desamparados, merodeando en busca de alimento, refugio y, sobre todo, un poco de afecto. Son seres que, a pesar de su abandono, demuestran una resiliencia y un amor incondicional que nos debería conmover y motivar a actuar. Esta columna de opinión es un llamado a todos los que sienten una conexión profunda con los animales y desean marcar una diferencia en la vida de aquellos que no tienen voz.
El amor por los animales es un sentimiento que muchos compartimos, pero que pocos transforman en acciones concretas. Los animales de la calle enfrentan desafíos diarios que ponen en riesgo su salud y bienestar. La falta de alimento, el riesgo de enfermedades y la exposición a condiciones climáticas adversas son solo algunos de los problemas que enfrentan. Como sociedad, tenemos el poder y la responsabilidad de cambiar esta realidad.
Una de las formas más efectivas de ayudar es sumarse a las campañas de desparasitación y recolección de alimentos. Estas iniciativas no solo mejoran la salud de los animales, sino que también pueden salvarles la vida. La desparasitación es crucial para prevenir enfermedades que pueden ser fatales, mientras que la recolección de alimentos asegura que los animales tengan una nutrición adecuada. Donar comida, medicinas y tiempo a estas campañas es un acto de amor que tiene un impacto significativo.
Sin embargo, la solución a largo plazo para la crisis de los animales callejeros es la adopción. Adoptar un animal de la calle no solo les da un hogar, sino que también libera recursos para ayudar a otros. Cuando adoptamos, no solo cambiamos la vida de un animal; también enriquecemos la nuestra. Los animales adoptados suelen ser agradecidos, leales y llenan nuestros hogares de alegría y amor incondicional.
Es fundamental cambiar la mentalidad de comprar animales de raza. Cada vez que compramos un animal, perpetuamos un ciclo que a menudo ignora el sufrimiento de los animales callejeros. Adoptar en lugar de comprar es una declaración de principios. Es elegir dar una segunda oportunidad a un ser que ha sido olvidado por la sociedad.
La adopción también es una oportunidad para educar a las nuevas generaciones sobre la importancia del cuidado y respeto por los animales. Al integrar a un animal adoptado en nuestras familias, enseñamos a nuestros hijos y a nuestra comunidad el valor de la compasión, la empatía y la responsabilidad social.
En conclusión, el amor por los animales no debe ser solo un sentimiento pasivo. Debe ser una fuerza motivadora que nos impulse a actuar. Sumémonos a las campañas de desparasitación y recolección de alimentos, apoyemos las fundaciones locales y, lo más importante, elijamos adoptar en lugar de comprar. Cada pequeño acto cuenta y juntos podemos hacer una gran diferencia en la vida de estos seres maravillosos que solo buscan un poco de amor y un lugar al que llamar hogar.

