Ricardo Sarasty

De los outsider o sanchos gobernando hatos

“Después que baje del cielo, y después que desde su alta cumbre mire la tierra y la vi tan pequeña se templó en parte en mi la gana tan grande que tenía de ser gobernador…” Don Quijote De La Mancha

Una vez cumplida la burla hecha por los Duques a Don Quijote y su escudero simulándoles un paseo por los cielos y el infierno, no pudo ocurrírseles otra mejor para continuar divirtiéndose que el convertir a Sancho Panza en gobernante de una ínsula, la cual sería otorgada como propiedad a este para que a bien dispusiera de todo cuanto encontrara en ella, en uso de sus atribuciones legales a las cuales accedería aceptando ser su gobernador. Así es entonces como el Duque y su corte endulzan el oído del simple de Sancho, tan llano que es capaz de reconocerse en su ignorancia como otro mortal más a quién el poder por el poder atrae, como bien se entiende cuando a la propuesta de ser gobernante responde que luego de haber visto que la tierra no era más grande que un grano de mostaza solo pudo sentir las ganas de ser gobernador. Sí, Sancho quiere ser gobernador porque cree que merece tal grandeza, que no es otra que la de gobernar a un puñado de hombres tan pequeños como avellanas.

En el lenguaje de hoy Sancho Panza es un outsider más que cree tener los méritos suficientes para envestirse como presidente de su país, al considerarse bajado de los cielos, como lo proclaman esos pastores que, de predicar la llegada de los siete jinetes del apocalipsis en garajes, pasan a presentarse como únicos salvadores de la humanidad en plazas y redes sociales. Estos también en sus desvaríos han visto tan pequeño el mundo y se ven tan inmenso ellos que no dudan en afirmar poseer la espada de Abadón para acabar con un solo tajo el mal y en un abrir y cerrar de ojos retornar a los descendientes de Adán y Eva al paraíso. Y claro que hay quienes les creen y los siguen, como en Don Quijote también existe esa gleba convencida de la capacidad de Sancho para Gobernar, solo que si se lee con atención la obra de Cervantes, se advierte la ironía con la que el autor se atreve a burlarse de estos ilusos, así como lo hace el Duque con Sancho, quien una vez apartado del Quijote no es más que un rustico habitante de los campos de castilla al que no le avergüenza la ignorancia, en tanto que, según él, para bien librarse de las exigencias de la vida no le ha sido si no necesario   “tener a Christus”. Así mismo como esos personajes que por estos tiempos han salido a reclamar el título de diferentes y superiores al supuestamente provenir del lado de afuera de la política o de la pureza. De ese más allá tan ficticio como el cielo fabricado por los que convirtieron al Quijote con su escudero en blanco de mofas.

loading...

Convencidos como Sancho de que ha aterrizado con el sello de enviados celestiales quieren gobernar, porque piensan como el escudero basto que mandar es bueno así sea en un hato de ganado. Con ese concepto de lo que es gobernar, que divierte tanto al Duque, han llegado a ser gobernantes en la realidad, y ya no solo de ínsulas imaginadas, figuras que de verdad han convertido sus países en campos de ganado y como tal no piensan más que en levantar alambradas y surtirse de berraquillos. Enajenados en quienes se cumple también la advertencia hecha por el Duque a un Sancho al que el poder no podía cambiarlo: Sancho, una vez probado lo dulce del mandar te comeréis las manos. ricardosarasty32@hotmail.com