ALINA CONSTANZA SILVA

Estalla la burbuja económica: causas y efectos

Es común hoy en día, escuchar que la situación económica no es la mejor porque no existe el mismo nivel de gasto y consumo existente hasta hace dos años. Algunos denominados expertos afirman que la existencia de diversos factores son los causantes de erosionar el ambiente de los negocios; por ejemplo, afirman que los bloqueos de la vía panamericana, el poco nivel de ejecución del presupuesto del gobierno nacional, la polarización del país, el cambio de modelo de gobierno, la desinformación existente, el entorno internacional plagado de amenazas, de guerras y bloqueos que ha propiciado la ralentización de la actividad económica. Otros más sinceros opinan que obedece al desplome del narcotráfico en el país, ya sea por la aparición de productos sustitutos como el fentanilo (más adictivo y a menor costo), o por el mayor nivel de incautación de cargamentos de coca, o por el mayor control que realizan los países de destino del mercado ilegal de alucinógenos que ha reducido el efectivo y ha reventado la burbuja económica existente; manifestándose en menor actividad constructora, menos viajes de turismo, menos bienes suntuarios adquiridos y mayor nivel de violencia en ciudades, además, de la corrupción en las instituciones públicas como en las privadas que han instalado peajes para facilitar la presentación o ejecución de proyectos de los Ocad o de la paz.

Entonces, el país ha vivido en una burbuja sostenida por la denominada economía subterránea que se refleja en actividades que actúan en contra de la economía formal y legal; es decir, como la elusión de controles legales, fiscales e institucionales. O sea, es todo aquello que está al margen legal del país; por ejemplo, el narcotráfico, el contrabando, el secuestro, los carteles de la gasolina y de medicamentos, etc., son todas las actividades evasoras de la legislación fiscal y laboral. Además, usa dinero en efectivo de manera intensiva en billetes de alta denominación.

A finales de la década de los sesenta del siglo pasado comienza a dominar la economía subterránea extendiéndose hasta el presente y manifestándose en la producción y comercialización de cocaína.

Esto origino la operación a gran escala del narcotráfico porque aumento sustancialmente las ganancias y propicio la formación de los denominados carteles de mafiosos que comenzaron a cultivar la hoja de coca.

La abundancia de dinero en efectivo, propicio a su vez, la aparición del lavado de activos a través de la adquisición de innumerables cantidades de tierra, especulando con su precio y, también, en la actividad constructora. Era notable ver en ciudades pequeñas como Pasto y de bajos ingresos como se construía y comercializaba propiedad raíz sin contar con la banca hipotecaria, sino con la modalidad de ventas en planos y de estricto contado con precios superiores a mil quinientos millones de pesos. 

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Históricamente, el país estaba consolidado en la década de los noventa, como el mayor productor de coca en el mundo; en 1994, ya se cultivaban cuarenta mil hectáreas y en el 2003 era de 86.300 y en la segunda década del siglo veintiuno ya se había superado las doscientas mil hectáreas sembradas en 23 departamentos. La proliferación de la actividad cocalera llego a representar el 3% del PIB o su equivalente al 25% de las exportaciones del país. Las estimaciones realizadas para esa fecha afirmaban que la economía subterránea proveía ingresos a 300 mil familias y generaba 57 mil empleos directos representando el 6.7% del empleo total.

La expansión del narcotráfico como manifestación de la economía subterránea se convirtió en el combustible explosivo para exacerbar la situación social y política del país porque ha estado acompañado del crecimiento de actividades criminales muy rentables para sus ejecutores.

Finalmente, puede afirmarse que el estallido de la burbuja económica producto de la economía subterránea afecto y seguirá impactando negativamente toda actividad empresarial o comercial en el país, hasta tanto no se cambie la actividad productora de cultivos de uso ilícito por la siembra de productos alimenticios como el maíz, el arroz, el trigo, la cebada, la soya, el café, el plátano, etc., tanto para el consumo interno como para la exportación a países de alta demanda en alimentos.