Padre Narciso

La política es de todos

La democracia no se construye sólo a base de votos, sino que es una acción comprometida de todos los días con la comunidad. Construir justicia y solidaridad, afrontar y resolver los problemas económicos y sociales, avanzar en madurez política, no es asunto exclusivo de los elegidos para gobernar y legislar, sino que es un asunto que nos compete a todos.

Sobre la necesidad que todos participemos en esta clase de política, dice el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia: “La progresiva expansión de las iniciativas sociales fuera de la esfera estatal crea nuevos espacios para la presencia activa y para la acción directa de los ciudadanos.

Este importante fenómeno con frecuencia se ha realizado por caminos y con instrumentos informales, dando vida a modalidades nuevas y positivas de ejercicio de los derechos de la persona que enriquecen cualitativamente la vida democrática… Muchas experiencias de voluntariado constituyen un ejemplo de gran valor, que lleva a considerar la sociedad civil como el lugar donde siempre es posible recomponer una ética pública centrada en la solidaridad, la colaboración concreta y el diálogo fraterno. Todos deben mirar con confianza estas potencialidades y colaborar con su acción personal para el bien de la comunidad en general y en particular de los más débiles y necesitados”.

Desafortunadamente la actividad democrática se ha reducido a la mera participación en los procesos electorales. Necesitamos un horizonte cultural capaz de hacer germinar y de suscitar el renacimiento de la vida política. Esto no será posible sin una responsable participación ciudadana.

El sistema político democrático exige el protagonismo de los ciudadanos en la vida pública; por eso los cristianos tienen que participar activamente en ella, pues no basta tener fe y querer hacer el bien, es necesario además dar vida a las instituciones de la vida pública y actuar con eficacia dentro de ellas.

Es conveniente promover el crecimiento de la sociedad civil en el nivel local, lo que supone desarrollar el sentido de pertenencia a la comunidad, el compromiso, la generosidad, el sentido moral y el interés por los asuntos públicos, que favorezca nuestra democracia que, además de representativa, sea participativa.

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Ya casi han pasado dos años de las pasadas contiendas electorales, hoy se hace indispensable recomponer la unidad del país. Hay que armonizar los distintos modelos que ciudadanos y partidos tienen sobre justicia y desarrollo, sobre política y economía, para luchar “juntos” por una mejora sustancial del sistema de salud, la creación de empleos, por la seguridad pública, por una democracia más participativa, por desterrar la corrupción, el narcotráfico y el secuestro, por afianzar los valores de la familia y de la vida.

En esto, todos estamos involucrados; no es tarea sólo de los elegidos con los votos. También los que perdieron la elección, están llamados a seguir trabajando por la comunidad, con lo cual demostrarán que en verdad les interesa el bien común, no sólo su triunfo personal.

Más allá de la política partidista, de ideologías, de odios, de resentimientos, de egos personales, revaloremos la política del bien común, que es de todos. De todos nosotros depende el país que cada uno construyamos.