A toda mujer que ha concebido y parido un hijo se le denomina madre. A las madres, cariñosamente también se les dice: “mamá”, “amá”, “mami”, “mamita” y algunos afectuosamente les dicen también: “Vieja”.
Ayer las madres, como en todos los años en el mes de mayo, fueron objeto de regalos y reconocimientos. Hubo comidas en familia, regalos, serenatas y canciones.
Quienes tienen el privilegio de tenerlas vivas, disfrutaron de su presencia. Quienes no la tenemos, nos contentamos con sus recuerdos.
El único ser humano que nos acompaña a todas partes, en las buenas, pero especialmente en las malas, que no nos abandona, que está siempre atenta en nuestras vidas, que se alegra de nuestros triunfos y que en nuestras derrotas siempre está dispuestas a darnos la mano, que está junto a nosotros, sin importar lo que nos pase, convirtiéndose en nuestro héroe de carne y hueso, es y serán nuestras madres.
Yo recuerdo con mucho amor a mi mamá, porque ella me dio amor antes de tenerme en sus brazos y antes de que me conociera.
¿Como no querer a las madres, si fueron y son capaces de compartir su amor incondicionalmente?
Miguel de Cervantes Saavedra, a propósito de ellas en su novela el Quijote de la mancha dijo:
“ Porque has de saber, Sancho, que las mujeres son la más perfectas de las creaciones divinas. Que, aunque son más hermosas que las flores, las estrellas y la luna llena juntas, son fuertes como el acero de mi lanza.
Por eso, Sancho, es menester entre los caballeros, que debemos estar prestos a sus privaciones, amarlas, cuidarlas como a la niña de tus ojos, porque nuestro mundo sin ellas no cabe la menor duda, estaría completa e irremediablemente perdido, pues, ellas, Sancho, son la fuerza de la vida y el motor que impulsa nuestra existencia».
Miguel de Cervantes, no se equivocó en esta apreciación. Ellas no solo nos dan la vida, sino que también nos protegen, física y espiritualmente. Correo: rivas1957@gmail.com

