Luis Eduardo Solarte Pastás

En Colombia, ¿en dónde está el poder judicial?

Así a muchos no les guste, pero hay que reconocer que gracias a los medios de comunicación se han descubierto en Colombia casos aberrantes de corrupción que tienen en entre dicho y en aprietos jurídicos a funcionarios, exfuncionarios,  políticos y personas particulares de nuestro país.

Aquí no hay día en que el flagelo de la corrupción aparezca en sus diferentes modalidades. Prácticamente, es el ·”cáncer” de esta democracia colombiana que se ufanan de pregonar. Y esto está conllevando a que se obstaculice el desarrollo político, social y económico, y, lo que es peor,  dificulte la convivencia civilizada entre los colombianos.

Según el analista Robert Klitgard, el grado de corrupción aumenta mientras mayor sea el área de poder del funcionario, más vasto el monopolio de los sectores bajo su dominio y menor la transparencia que rodee su actividad.

Así mismo, la corrupción y sus tentáculos se incrementa con el grado de ineficiencia en el cual se desarrolla la actividad de una institución,  sumado a una baja probabilidad de ser descubierta y con unos bajos castigos para las actividades e individuos que incurren en ella.

Debido a la corrupción, Colombia pasó de ser el país del Sagrado Corazón de Jesús, para convertirse en el país de la guerrilla, de paramilitares, de  parapolíticos y de narcotráfico, entre otras tendencias ilegales y delincuenciales que están presentes dentro del contexto de nuestro  resquebrajado Estado Social y Democrático de Derecho.

Desde que tomó posesión como presidente de la República, Gustavo Petro, en Colombia se vive de escándalo en escándalo, en donde la corrupción es la protagonista.

Sin embargo, en la mañana, es factible que exista un convencimiento de las presuntas causas que motivaron un hecho corrupto,  en el cual pueden estar comprometidas una o varias personas que por su trascendencia se consideran “públicas e importantes”, al medio día se tiene la duda y al anochecer no queda nada de lo primero y lo segundo.

Y es que entre tantos defensores de oficio – gubernamentales o del común- se tejen tantas telarañas de opiniones que llegan incluso a enredar a los mismos funcionarios encargados de llevar a efecto las investigaciones para  esclarecer la autenticidad y veracidad de los móviles que suscitaron los escándalos.

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Es por ello, que todo cuanto acontece en el diario transcurrir de la vida nacional se lo recibe con beneficio de inventario, es decir, con mucha reserva porque La situación colombiana es como el camaleón: Cambia de color cuando menos se piensa.

Lastimosamente frente a todos los escándalos de corrupción, desde un tiempo para acá se ha visto que, toda la cantidad de códigos que contienen tanto las normas y los procedimientos como los mecanismos y los recursos de todo orden para que haya una pronta y efectiva aplicación de justicia, se quedan simple y llanamente en letra muerta y sirviendo de caldo de cultivo de la impunidad.

Pero a fin de que eso no ocurra, se está en el momento propicio para que el llamado poder judicial aparezca y demuestre, con los funcionarios y empleados que no han caído en las redes de la corrupción, que es lo suficientemente idóneo y capaz para evitar que las organizaciones criminales y los llamados delincuentes de cuello blanco también se adueñen del país.

solarpastas@hotmail.com