RICARDO SARASTY

Gooool

Finalizando el siglo pasado, una vez caídos los llamados carteles del narcotráfico y puesto al descubierto los verdaderos dueños de los equipos de futbol profesional, nadie se sorprendió al saber sobre cómo los clubes grandes llegaron a contar entre su nomina de jugadores con los mejores de sur américa, provenientes de Argentina, Uruguay, Paraguay, Chile, Brasil y Perú.

Figuras del deporte que ante la jugosa propuesta de salarios ofrecida en Colombia no dudaron en venir y renunciar a jugar en Europa. Hasta antes de que los clubes cayeran en manos de los varones del contrabando de la cocaína los futbolistas, al igual que en el resto del continente, sudaban la camiseta, aquí si vale la expresión, por amor al deporte y no buscando salir de pobres, tan así que muchos después de ser las estrellas del balompié murieron en las mismas o peores condiciones de la que habían nacido. Situación que comenzó a cambiar desde cuando los Rodríguez Orejuela, Gonzalo Rodríguez Gacha, Pablo Escobar y otros se convirtieron en los amos y señores del balompie.  

Decir amos y señores es reconocer que no solo se adueñaron de los equipos, sino que de igual manera comenzaron a hacer valer su dinero en todo cuanto se relacionaba con ellos y con el futbol, entiéndase desde entrenadores, hasta la junta la junta directiva de lo que llaman el rentado colombiano, pasando por el arbitraje y las barras. aquellos días de futbol si bien se recuerdan como los mejores por la calidad de los jugadores, también no se olvidan porque el sello de sangre, marca de los mafiosos, así mismo quedó impregnado si no en las canchas, afuera en donde se mandó a buscar a quienes dentro de los estadios no atendieron los caprichos del señor de las gafas oscuras que veía atento como se cumplía o no con sus órdenes.

Recuerdo de ello es Álvaro Ortega a quien mataron luego de que un prestigioso comentarista deportiva lo tachara de pillo y sinvergüenza, endilgándole el “robo” del partido en contra del Deportivo Independiente Medellín. Hay que recordar que una buena parte de la prensa deportiva participó de las canijas que los narcos daban a puñados como muestra de agradecimiento por los favores prestados, sin que les importara mucho que algunos de sus colegas hayan sido convertidos en victimas por negarse a ser vasallos de las mafias.

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Desde entonces nada volvió a ser lo mismo en los estadios y fuera de ellos, aunque los equipos profesionales grandes y pequeños, tanto en la primera como en la segunda, ya no forman parte del patrimonio de los narcotraficantes, eso es lo que se dice.

De esa época recordada por más de un futbolista, técnico o arbitro debido a los premios, recompensas y pagos recibidos tras el triunfo o la derrota ,   queda como legado mafioso el uso del futbol para ir detrás de otros objetivos  solo que en manos de otra generación de picaros que mueven ahora no solo los hilos de los partidos de futbol, sino de todo el campeonato y de cuanto se conecta con este deporte, que por contar con una masa grande de aficionados e hinchas ha sido tomado como medio eficaz para. por ejemplo, apoderarse de los votos de una ciudad, de un departamento y erigirse como caciques electorales y consolidar su poder en alcaldías, gobernaciones, en el congreso y en los concejos y las asambleas.

No por otra razón valen tantos los goles con los que se gana o se pierde un partido, según la conveniencia del momento. Porque los goles dejaron de depender de la destreza de los jugadores preparados para hacerlos y (o) evitarlos o del azar. Ahora obedecen al cálculo de cuantos y cuando los necesita el propietario del equipo. ricardosarasty32@hotmail.com