El Gravity Bike, un deporte extremo que ha experimentado un notable auge en las laderas de Medellín, ha encontrado terreno fértil para su práctica en las empinadas calles de Pasto. Lo que en un principio podría considerarse una forma intrépida de experimentar la velocidad y la adrenalina, se ha convertido en un moti- vo de preocupación creciente para las autoridades locales.
El fenómeno del Gravity Bike se ha propagado rápidamente por las calles de Pasto, desatando una fiebre entre los jóvenes que buscan emociones fuer- tes y la sensación de libertad que solo la velocidad puede proporcionar. Sin embargo, esta búsqueda de emociones extremas ha cobrado un precio elevado, con un número creciente de accidentes que han deja- do víctimas mortales y heridos graves en su estela.
Los «gravitosos», como se autodenominan los practicantes de este deporte, descienden a toda velo- cidad por las calles compartidas por automóviles y peatones, desafiando las normas de tráfico y poniendo en riesgo su integridad y la de los demás.
Algunos lo hacen sin las debidas protecciones, aumentando aún más el riesgo de lesiones graves o fatales en caso de caída. A pesar de los esfuerzos de las autoridades por disuadir esta práctica peligrosa, la popularidad del Gravity Bike sigue en aumento, atrayendo a más jóvenes cada día. Para muchos de ellos, el riesgo y la emoción son parte integral de la experiencia, y la posibilidad de desafiar los límites de la velocidad y la gravedad es un atractivo irresistible.
Forma de expresión
Sin embargo, detrás de la aparente valentía y audacia de estos jóvenes se esconde una realidad cruda y despiadada: cada vez que se lanzan cuesta abajo en sus bicicletas modificadas, arriesgan su vida y la de quienes los rodean. Las caídas son inevitables en un deporte tan extremo, y las conse cuencias pueden ser devastadoras.

