Mahmoud y sus colegas corrieron a ver qué había sucedido.
Cuando llegaron, vieron que la ambulancia era un amasijo de metal retorcido al costado de la carretera. Mahmoud corrió hacia los escombros, pero encontró a todos los que estaban dentro «completamente quemados y destrozados».
Un documental del servicio árabe de la BBC que sigue a los paramédicos durante el primer mes de la guerra capturó la reacción de Mahmoud cuando se dio cuenta de que su padre, Yosri, y otros dos miembros de su equipo habían muerto.
El cuerpo sin vida de Yosri Al-Masry estaba envuelto en una mortaja blanca, junto con su casco manchado de sangre.
En el funeral, Mahmoud se arrodilló a su lado, se secó las lágrimas y sacudió la cabeza, mientras sus colegas se encontraban cerca.
Sus historias fueron filmadas por el periodista gazatí Feras Al Ajrami para el documental Gaza 101: Emergency Rescue.
Tras la muerte de su padre, Mahmoud, de 29 años y con tres hijos, se tomó un par de semanas de descanso.
Los paramédicos
Más de 10.000 habitantes de Gaza murieron en ese primer mes, según el Ministerio de Salud dirigido por Hamás, el cual asegura que desde entonces la cifra ha aumentado a más de 28.000.
El filmar a los paramédicos en primer plano, mientras conducían por callejones oscuros y acunaban los cuerpos de bebés heridos, reveló cómo sus vidas personales y profesionales se superponen.
Reveló el trauma que enfrentaron, especialmente cuando tuvieron que lidiar con cuerpos de niños.
En aquellos primeros días de la guerra, otro paramédico, Rami Khamis, rompió a sollozar al volante de su ambulancia.
Dijo que lo habían llamado a una casa que se había derrumbado sobre sus residentes, en su mayoría mujeres y niños. Cuando entró en una habitación, encontró a tres niñas muertas y pensó en sus tres hijas.
«No pude controlarme. Rompí a llorar al verlo», dijo. En ese momento, las imágenes de él llorando se volvieron virales.
A finales de octubre, Alaa Al-Halaby, otro miembro del equipo, recibió una llamada de un familiar.
La casa de su tío había sido alcanzada en un ataque israelí dos días antes, dijo Alaa, pero algunas de las personas que habían muerto todavía estaban enterradas bajo los escombros. Habían sacado el cuerpo de su primo y esperaban llevarlo al hospital.
Al entrar en un callejón estrecho, donde un grupo de personas intentaba mover un montón de hormigón derrumbado, un familiar le dijo: «Hay una niña, es la mitad o todo el cuerpo».
Hizo una pausa, respiró hondo, con el rostro parcialmente oculto detrás de su máscara médica, y dijo: «Las partes de la niña están allí, póngalas con él».
Profesión riesgosa
Los riesgos que enfrentan el personal y los voluntarios de la Media Luna Roja Palestina son claros.
