LA SUCESIÓN ANTICIPADA

La sombra de la sucesión presidencial ha comenzado a proyectarse sobre Colombia antes de que el actual presidente, Gustavo Petro, cumpla ni siquiera la mitad de su mandato. En un país donde la política es un escenario dinámico y lleno de cambios, el anticipado inicio de la campaña para las elecciones de 2026 refleja la creciente insatisfacción y rechazo hacia el actual líder del Pacto Histórico. Petro, quien aún no ha alcanzado los dos años en el poder, se enfrenta a una serie de desafíos que han erosionado su popularidad. Escándalos en torno a su familia, decisiones controversiales y la falta de avances significativos en sus prometidas reformas han desencadenado una búsqueda activa de un posible sucesor por parte de varios partidos políticos. El proceso actual es una repetición irónica de la misma medicina que Petro aplicó a presidentes anteriores, generando una sensación de caos y falta de liderazgo. Analistas políticos señalan similitudes con el gobierno de Duque, donde el capital político se desgastó rápidamente, dejando un terreno propicio para la crítica y la oposición. El desfile de precandidatos presidenciales refleja posturas extremas hacia Petro, considerando que el país reclamará un cambio en las urnas. Algunos se han adelantado estratégicamente para capitalizar el desprestigio del actual gobierno, presentándose como críticos u opositores. Este fenómeno, aunque no nuevo, resalta el descontento y la búsqueda temprana de alternativas ante un gobierno que, según críticos, ha decepcionado. En este escenario, destacan figuras como María Fernanda Cabal y Paloma Valencia, ambas del Centro Democrático, quienes han expresado abiertamente sus aspiraciones presidenciales. La exalcaldesa de Bogotá, Claudia López, también ha surgido como una voz crítica, mientras el exgobernador del Meta, Juan Guillermo Zuluaga, y el exgobernador de Antioquia, Aníbal Gaviria, buscan consolidarse como opciones. Aunado a estas figuras, el fiscal general Francisco Barbosa, aunque no ha manifestado interés en la presidencia, ha llamado la atención por su liderazgo y mano dura contra la delincuencia y la corrupción. Desde sectores progresistas, Daniel Quintero, exalcalde de Medellín, se presenta como una alternativa, desafiando al petrismo. La precipitada carrera presidencial no solo pone de manifiesto la complejidad política de Colombia, sino que también subraya la importancia de la gestión efectiva y la conexión con la ciudadanía para evitar que un gobierno pierda relevancia incluso antes de llegar a su mitad. La atención recae ahora en Petro y en cómo abordará este desafío político anticipado.

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