Ricardo Sarasty

Gasmoñería

El decreto que deroga la multa al porte de la dosis mínima de sustancias psicoactivas, conocida como dosis personal, puso a los padres “responsables” a gritar auxilio, pues según ellos el presidente Petro colocó en las manos de sus hijos, nietos, sobrinos, de la niñez toda y de toda la juventud el vicio.

Si los mismos que piden se legalice el libre porte de armas de fuego porque consideran que es un derecho a defenderse.

Los que no encuentran nada peligrosa en las bebidas energizantes que ponen a las al que quiere volar simplemente porque no encuentran nocivo de su consumo pese a que sus componentes las hacen altamente adictivas y los efectos en la salud pueden resultar nefastos puesto que provocan arritmias, aumento de la tensión arterial e infartos, pero las toman porque los ponen a full o sea hiperactivos, les quitas el hambre, los irrita, les genera ansiedad, insomnio, efetos bajos los cuales más de un marido celoso ha descargado su revolver sobre la humanidad de su esposa o amante, el joven al salir de su after party ha manejado su camioneta de alta gama a más de 150 kilómetros por hora para irse a estrellar contra la primera pared que se le atraviesa.

El decreto que lo único que hace es ajustar la norma sobre el porte legal de la dosis mínima de psicoactivos a lo dictaminado por la corte constitucional, y no  solo de mariguana o basuco, sino también de cocaína, heroína y muchas otras más que entre las naturales y las llamadas de diseño forman ahora un largo catálogo, puso a hablar sobre el peligro que desde ahora en adelante los hijos, los hijos de los hijos y de los amigos comienzan a enfrentar, como si hasta ayer no hubieran existido los drogadictos, así  las calles y los parques no hayan dejado de contar con la presencia de muchachos y muchachas fumándose un porro o en las fiestas de altos y exitosos hombres de negocios o de rutilantes estrellas del espectáculo no se encontrara en los baños a más de uno llenándose la narices con cocaína en aunque no se vean mal donde todo se aprecia bien pulcro y ordenado.

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Se habla de gazmoñería ahí en donde la doble moral esta tan presente que no permite sino aceptar que todo es maldad, daño, perdición, pero en la persona de enfrente vista desde arriba o de soslayo.

Así como cuando se sabe que el hijo del contradictor o del subalterno ha sido condenado por narcotráfico al habérsele encontrado portando entre sus bolsillos la dosis para su uso personal y se comenta  que no podía ser si no eso alabado el castigo aunque que se hable de tragedia familiar y error propio de muchachos sin experiencia y con mala suerte el que sea el hijo del amigo o del vecino el causante de la muerte de un transeúnte cualquiera por conducir su lujosa camioneta en estado de embriagues.

Gasmoñería o hipocresía la presente en ese sector de la sociedad que pone el grito en el cielo y ve el fin de las buenas costumbres cuando escucha sobre legalización del consumo de mariguana, pues según sus creencias eso no puede ser posible, mas cuando se asocia fácilmente el consumo de estupefacientes con la criminalidad. Ignorando o prefiriendo no mencionar ningún caso en el que se cometió con los cinco sentidos bien puestos abuso sexual violento o se  hurto, no cualquier suma de dinero sino de billones de pesos, porque en la comisión de estos delitos se encuentran comprometidos los nombres de considerados abstemios y sobrios ciudadanos de bien.

Pero es que bueno una cosa es una cosa y otra es otra dirán los que justifican su discurso timorato cubriendo con su velo moral sus defectos. ricardosarasty32@hotmail.com