La RAE define incluir como poner algo dentro o contener y puede entenderse como hacer partícipe a un objeto, animal o persona de un conjunto o sea integrarlo. De acuerdo a lo definido todo proceso educativo está llamado a ser incluyente, es su objetivo principal, el deber que le da sentido.
Por ello hablar de educación inclusiva es redundar. No obstante, desde unos pocos años atrás se adoptó este denominativo para referirse a la participación de niños, niñas, jóvenes y señoritas con diferentes falencias del orden físico y (o) mental de las instituciones educativas que anteriormente solo estaban destinadas para estudiantes sin dificultades que ameriten atención específica, por no decir especial.
En algunos casos teniendo en cuenta a que el grado de impedimento físico y (o) mental no les impide desarrollar actividades del orden académico y físico, propios de los procesos formativos, solo que las realizan en tiempos diferentes y con alcances debidamente limitados como bien se ve en distitntos escenarios de la cotidianidad hoy.
En casos en los cuales las limitaciones son del orden más amplio y si se quiere severas el propósito de incluir a estos niños o jóvenes no es más otro que el permitirles socializar con personas a las que mal se conoce como normales sin que estén obligados a demostrar aprendizaje alguno, para decirlo en palabras de los profesionales que promueven su inclusión,.
El propósito de lo que hoy se llama educación incluyente o inclusiva es loable y de ninguna manera puede desconocerse como parte de los derechos a la educación y a la vida digna que asiste a todos los humanos.
Por ello mismo se está en mora de evaluar su efectividad con atención en los logros reales alcanzados. Porque una de las causas por las cuales supuestamente se acabó con las instituciones que en su tiempo se conocieron como de educación especial fue la de ver que las personas que asistían a ellas eran tratadas por los demás con menosprecio o cuando menos con lástima, con esa actitud que los relegaba a ocupar un sitio delimitado solo para ellos al interior de la sociedad y que todo cuanto hacían se valoraba como muy propio de ellos, por lo tanto especial, sin atender a otro merito que el de ser un trabajo realizado por seres con características físicas o mentales muy peculiares.
La pregunta que ayuda a evaluar los alcances de la educación incluyente o inclusiva es entonces: ¿Con la matrícula de estos niños, niñas, jóvenes y señoritas en las instituciones comunes y corrientes que ha cambiado en la vida de ellos tanto en el ámbito familiar como en el del resto de las comunidades donde habitan?
La anterior pregunta no solo tiene una respuesta, atendiendo al solo significado de los términos incluyente e inclusivo, que son diferentes en tanto que uno alude al agente que realiza la acción de incluir y el otro a la capacidad que se tiene para incluir.
Por lo que hasta ahora los resultados observados solo permiten decir que las instituciones educativas pueden estar incluyendo, pero sin ser inclusivas porque no cuentan con la capacidad logística y de infraestructura para serlo. Por lo tanto los estudiantes a quienes se llama para incluirlos no están realmente integrados al conjunto social atendido por las instituciones, con la afectación adicional que en algunos casos su condición física o mental se agrava o pudiendo mejorar se estanca y desmejora.
Ahora si se habla del sistema educativo, al que le corresponde ser inclusivo, no lo es porque hasta el momento los currículos con sus correspondientes planes y programas de estudio solo mandan a flexibilizar y adecuar contenidos, lo que se ha entendido como dar menos y dejar pasar, con lo que se ahondan más las diferencias.

