El próximo gobierno en Argentina ha planteado que privatizara la compañía energética estatal YPF (Yacimientos Petrolíferos Fiscales), desconociendo que nunca puede un pueblo perder el control de su gas y su petróleo sin haber pasado por una guerra. Será que China, Rusia, Arabia Saudita, Noruega, Qatar, Venezuela, y muchos países soberanos, aceptarían que élites corruptas se enriquezcan con su sector energético más importante.
Es una de las primeras propuestas del recién electo presidente de Argentina, Javier Milei, sustentado en la idea esencial cual es privatizar el país y lo público en todo lo factible para que el estado simplemente sea apoyo irrestricto para la inversión de particulares y extranjeros que deseen invertir.
La gente se pregunta porque gana un neoliberal con tinte fascista y la respuesta es obvia: el gobierno de Alberto Fernández fue un fracaso de índole mayúscula achacado a Cristina Fernández y no a éste, quien administró el país de un modo absolutamente irresponsable y distraído llevándolo a una ruina evidente, sin contar con la última “ayuda” de Macri aprobando una deuda impagable al Fondo Monetario Internacional al agravar la inflación y el desempleo.
La pregunta electoral era relativamente fácil: votar por el caos existente o por el presunto orden que vendría. Sufragar por la corrupción atribuida al gobierno vigente o la transparencia por venir. La respuesta fue aventurarse a una posibilidad desconocida con el fin de superar lo actual. Desafortunadamente, también el odio es un factor de selección.
Perder los BRICS sería un error descomunal tanto como desconectarse del comercio latinoamericano, evitar su principal socio, Brasil, o quitar el Banco Central como referente de estabilidad cambiaria. Pensar es fundamental.
Finalmente, el mandatario ha manifestado que irá primero a dar su acompañamiento a Netanyahu, cuyo régimen es causante del genocidio palestino, y luego a Joe Biden. Tal vez aquí cabe la sentencia de Henry Kissinger, secretario de estado estadounidense y creador de Pinochet: “Ser enemigo de Estados Unidos puede ser peligroso, pero ser amigo de Estados Unidos es fatal».

