Ante la proximidad de las elecciones, y siendo mucho lo que nos jugamos, bueno será recordar unos cuantos conceptos de puro sentido común: Para empezar, digamos que la votación no es solo un “derecho” es, sobre todo, una grave obligación social. En el sistema democrático constituye el medio fundamental para intervenir en nuestros destinos y el de nuestros hijos. No votar, es votar para que otros decidan por nosotros, y estos lo harán de acuerdo con sus intereses no con los nuestros.
Votar sin información suficiente es jugarse el porvenir a cara o cruz. Hay que leer, comparar los programas, y sobre todo enterarse de la formación y capacidad técnica de los futuros gobernantes. Y algo muy importante: ¿Son personas honestas, honradas en las que podamos confiar? Por muchos títulos que tenga y capacidad oratoria nos saldrá muy caro poner una población en manos de un inmoral, un vicioso o de un loco.
En la elección no debemos tener en cuenta a nuestros amigos o enemigos; sino a los legítimos intereses de nuestra comunidad. Un inepto en un puesto de responsabilidad hace más daño, cada año, que una mala sequía.
Comprobemos si los que gobiernan actualmente han cumplido sus promesas, y si los que están en la oposición han actuado favoreciendo los intereses del pueblo. Comprobar si unos y otros han respetado las reglas; así como y si ambos han separado de sus puestos a los corruptos, renovando sus estructuras cuando hace falta.
Hay que desconfiar de los que hablan siempre mal, o siempre bien de algo o alguien. Mienten. Alguna virtud o defecto tendrán y ocultan.
Salvo raras excepciones, un político no debería gobernar durante muchas legislaturas. Cuando un equipo de gobierno se perpetúa en el tiempo, pierde frescura de ideas, crea un entramado de intereses personales y de partido, que impide toda renovación y favorece las injusticias, impide la aparición de dirigentes jóvenes, limita sus actuaciones a «lo y los de siempre».
Pregunte: Ese que tanto critica las obras de los rivales políticos ¿ha hecho algo positivo en su vida? ¿Ha presentado ideas nuevas válidas? ¿Ha apoyado alguna vez los logros positivos de los otros para su pueblo? ¿Se agota todo su trabajo en poner zancadillas y crear odios y enemistades entre sus conciudadanos?
Igual que los afiliados a cualquier partido escuchan las orientaciones de sus dirigentes, los católicos, que de verdad lo sean, deben atender a las de sus Pastores. Como algo saben nos han llamado la atención sobre algunos asuntos de especial relevancia:
No olvidemos que un sólo voto, puede, en ocasiones, hacer cambiar el rumbo de la historia de una ciudad o un país. En democracia, el voto de un ciudadano, de cualquier ciudadano, puede adquirir así una importancia insospechada. El voto se convierte en una herramienta tan poderosa, para el bien o para el mal, como pueda ser la energía atómica. A la hora de votar, demos poca importancia a lo que dicen, y mucha a lo que hacen.

