Por David Fajardo
En medio del bullicio y la diversidad que caracteriza a nuestro mundo, las religiones han sido durante siglos faros de esperanza, guías morales y fuentes de consuelo para millones de personas. Sin embargo, en un momento en que la razón y la ciencia avanzan a pasos agigantados, es pertinente cuestionar la relevancia y utilidad de las religiones en la sociedad moderna.
En su esencia, la religión ha sido una respuesta humana a las preguntas existenciales profundas: ¿De dónde venimos? ¿Por qué estamos aquí? ¿Cuál es nuestro propósito? Pero es en las respuestas a estas preguntas donde a veces las religiones pueden quedarse cortas o incluso resultar contraproducentes.
Las religiones, en su afán de proporcionar respuestas, ha menudo han perpetuado la ignorancia y la sumisión. La historia nos muestra ejemplos de líderes religiosos que han explotado la fe de sus seguidores para obtener poder y riqueza, mientras mantenían a las masas en la oscuridad intelectual. Esta sumisión a menudo ha llevado a la negación de derechos humanos básicos, especialmente para las mujeres y las minorías sexuales, en nombre de la religión. ¿Cuántas vidas han sido afectadas, cuántas mentes han sido aprisionadas por las cadenas de la fe ciega?
Uno de los problemas más notorios es la tendencia de algunas religiones a promover la intolerancia y el conflicto. A lo largo de la historia, hemos sido testigos de guerras religiosas, discriminación y violencia en nombre de la fe. La divergencia de creencias ha separado a las personas en lugar de unirlas, y esto es una preocupación válida en un mundo que necesita más unidad.
El dogma religioso a menudo ha limitado la libertad de pensamiento y la exploración del conocimiento. La imposición de creencias inflexibles puede sofocar la curiosidad humana y restringir la búsqueda de la verdad. En lugar de fomentar la investigación y el cuestionamiento, algunas religiones han promovido la conformidad y la obediencia ciega, lo cual es perjudicial para el progreso de la sociedad y la comprensión del mundo que nos rodea.
Otro aspecto a considerar es la creencia en una deidad que interviene en la vida cotidiana de las personas. En un mundo donde la ciencia ha demostrado que muchas cosas pueden explicarse de manera natural, la idea de una intervención divina es totalmente innecesaria. Algunos incluso argumentan que la fe puede ser una muleta emocional que impide a las personas enfrentar y resolver problemas por sí mismas.
Entonces, la utilidad de las religiones en este mundo moderno está en juego, y es responsabilidad de cada uno de nosotros decidir si continuamos caminando a ciegas o si buscamos la claridad de un futuro basado en el conocimiento, la empatía y la razón.

