Mientras la infancia se escurría sigilosa por mis pies, yo creía que quería ser muchas cosas pero en realidad, sólo una calaba hondo: ser libre. Pero entre tantas posibilidades, aprovechando mi eterna introversión, mientras caminaba sola por los pasillos grises de un enorme colegio femenino al que jamás quise volver tras graduarme, un día, encontré una puerta abierta a lo inimaginable. Entonces, un estante pequeñito con libros de Franklin la tortuga, fue el inicio del resto de mi vida.
Desde entonces no he parado de leer, con voracidad o sin ella, con afán o sin él, con o sin motivos; en texto completo o por fragmentos; en voz alta, en voz baja, en la mente, en público y especialmente, a solas, como en un ritual sagrado que me recuerda que más allá de la hostilidad humana, también hay belleza.
18 años después, tiene lugar la 16 Feria del Libro y Temporada de Letras en Pasto, del 25 al 30 de septiembre. Y, así como a mí la literatura me ha salvado mil veces de la muerte que es la vida, espero que cada uno de los que lea esta columna, visite y encuentre en este espacio cultural -que se ha forjado por muchos más años que los que tiene y por muchos más seres que los que se pueden nombrar-, un hogar como el que yo siempre encuentro.
Gracias a los talleres, a la Universidad Pública, a las librerías y los artistas independientes.
¡Gracias a esta tierra fértil de creatividad!
Nota aislada: Curiosamente también, hacen 16 años desde que nació mi hermano. No sé cuántas vidas hayamos encontrado nuestros pasos pero estoy segura de que en todas te he amado. Deseo que cada día aprendas con calma, esperanza y sanación. Que muchos sean los motivos que te abriguen el alma y que por cada miedo, haya cien impulsos para transgredirlo.

