Hechos son amores…

La noche de hoy un buen número de televisores sintonizaran el primer partido de las eliminatorias al mundial que se realizará en Norteamérica en el año 2026 amigos, compañeros de trabajo, familiares y demás se reunirán cobijados bajo la bandera tricolor esperando un buen resultado de la selección dirigida por Néstor Lorenzo, que permita iniciar con pie derecho este periplo mundialista.

Sin embargo, mientras los colombianos amantes del futbol estarán ocupados observando los pases de James,  o las gambetas de cuadrado o los remates de Santos  Borre, tres hogares en Nariño estarán totalmente absortos de esta situación pues miembros de su familia se encuentran privados de la libertad por parte de grupos al margen de la ley, estoy hablando de los soldados Edwer Paz Pantoja, Nelson Vásquez Reina y Juan David Estrada.

Realmente la situación es compleja, en el caso del soldado Estrada quien fue secuestrado en el departamento del Cauca, se conocen pruebas de supervivencia, sin embargo de los soldados profesionales Paz Pantoja y Vasquez Reina aún no se tienen noticias.

Desde que se informó del secuestro de estos militares varias han sido las acciones que se han venido llevado a cabo pidiendo su liberación, sin embargo, pareciese que estas no tienen el eco esperado.

Velatones, marchas y plantones se han desarrollado por parte de la población civil y el ejército nacional pero no se conocen noticias sobre posibles diálogos entre los grupos insurgentes y el gobierno nacional que permitan vislumbrar una pronta salida a esta situación.

La mayor parte de nosotros ha crecido  en una Colombia envuelta en el manto de una guerra fratricida, recordamos los carros bomba que amedrentaron a los habitantes de Bogotá en la década de los 80 y 90, los asesinatos de personajes ilustres buscando callar sus voces que se alzaban en contra de los violentos, tal es el caso de Luis Carlos Galán, Álvaro Gómez Hurtado y Jaime Garzón.

Rememoramos con desconsuelo la imagen de los soldados carbonizados en la toma del cerro de Patascoy, paraje cercano a nuestra ciudad o las asquientas revelaciones de las AUC mencionando como jugaban futbol con las cabezas decapitadas de los habitantes de Bojayá o la incertidumbre al recorrer las carreteras de Colombia por la posibilidad de caer en manos de la guerrilla a través de una tenebrosa “pesca milagrosa”, sin dejar de lado todos los jóvenes asesinados y que hoy se conocen con el apelativo de “falsos positivos”.

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Recuerdo con dolor estos hechos que han marcado nuestra historia porque no quiero que las nuevas generaciones tengan que vivirlos, no es mi deseo que ningún niño tenga que vivir sin la presencia de su padre en el hogar durante 20 años como fue el caso de Johan Steven Martínez, hijo del sargento José Libio Martínez, muerto en cautiverio tras 20 años secuestrado en las selvas de nuestro país.

No quiero que los padres de los soldados que hoy se encuentran abajo el poder de estos grupos insurgentes, fenezcan sin ver regresar a sus hogares a sus hijos, espero de todo corazón que las esposas y familiares de los militares que se encuentran privados de la libertad no deban padecer un minuto más este suplicio, que desgarra minuto a minuto el alma.

Hoy cuando nos abracemos portando el tricolor nacional tengamos en nuestra mente y elevemos una oración por el pronto regreso a sus hogares de los soldados Edwer Paz Pantoja, Nelson Vásquez Reina, Juan David Estrada, y del señor Humberto Alirio Ortiz secuestrado recientemente en el municipio de La Unión, Nariño.

Es hora que todo grupo insurgente muestre sus cartas frente al proceso de paz puesto que si no se quiere hacer parte de la construcción de esta es deber del mismo estado combatir el fuego con fuego, no podemos seguir mendigando actos imposibles de cumplir de parte de seres a los cuales les queda grande llamarse humanos.