Por estar viendo los árboles no miramos el bosque. Por estar embelesados en el tema de las próximas elecciones territoriales -que como hemos sostenido en varios comentarios están más cerca del estómago que del corazón y más lejos de la cabeza-; no le estamos poniendo atención a los graves problemas estructurales de la región que siguen insolutos, no obstante, el cambio de gobierno y las promesas enmarcadas en el predicamento de los Vientos del Sur siguen sin iniciar su recorrido de cumplimiento.
Por el contrario, los problemas estructurales se han agudizado por las coyunturas internacionales –dependemos del Ecuador- y las nacionales como las secuelas de la apertura económica, los TLCs, la pandemia, el estallido social, la devaluación del peso, el secular aislamiento geográfico, todas las vías en pésimo estado, la dependencia comercial, política y administrativa absolutas del centralismo excluyente, la ausencia de una dirigencia con capacidad de convocatoria y etc. Esos, entre otros problemas.
Este atraso nos enrostra cada año los indicadores de Consejo Nacional Privado de competitividad que nos ubica siempre en el puesto 19 de los 32 departamentos en donde no hemos superado el pobre 1.42% de participación en el PIB nacional como un indicador del atraso.
Como si estos problemas fueran poco, la inseguridad y guerra no nos dan tregua. A Nariño no ha regresado la paz perdida hace muchos años. Una guerra que nos la trajeron de otras partes que parece no tener fin parcial, menos total.
Cierto que todos estos problemas son heredados, propios de un modo de vida creado por un modelo de desarrollo excluyente y desigual que ha contado con la complicidad de la clase dirigente regional ligada a los partidos tradicionales que siempre han gobernado el país. Claro que este modelo de país y región no es culpa del presidente Petro. Pero si es parte de importante de la solución, porque las responsabilidades son institucionales. Y precisamente lo elegimos para resolver, o al menos empezar a resolver los problemas heredados. No hacerlo sería una frustración más de los nariñenses que siguen creyendo en, que el cambio es posible y que los vientos del sur, si pueden ser una realidad para nosotros y las próximas generaciones. Mientras tanto, que voten libremente los empleados públicos y de contrato. No le hagan más daño al destino de Nariño.

