Chucho Martínez

¿Pacto para qué?

Por: Chucho Martínez

Es pública y notoria mi convicción preferente y critica por el proyecto petrista hoy llamado Pacto Histórico –PH- que cualquiera asimilaría fácilmente al PH sanguíneo que mide el equilibrio que debe haber en la sangre entre lo ácido y alcalino, pero que en política va ganando lo ácido. Para mí, el Pacto histórico no es una componenda politiquera ácida de partidos ácidos sino y especialmente, un acuerdo para construir otro país en donde no solo quepamos todos; sino que, en él vivamos en paz, justicia y equidad. El Pacto no es una juanesca de banderas de partidos pequeños ni de conciliábulos de intereses subalternos; es una propuesta de país en el que se suscriba un auténtico contrato social cómo lo predicará Juan Jacobo Rousseau ideólogo liberal de la Revolución Francesa que preludiaba un Estado cuyos ciudadanos renuncian al poder personal para gobernar juntos, para lo cual había que suscribir un contrato basado en un acuerdo entre socios con iguales derechos y oportunidades para el desarrollo como un aporte del racionalismo que une la Ilustración con la emoción.

Pero lejos de cumplir este predicamento, el Pacto de Bogotá se va por la imposición ácida de sus propios intereses por encima de procesos participativos de los nariñenses, ratificando así, el desdén de ese centenario y odioso centralismo por las autonomías regionales que nos ha condenado al atraso. Esta actuación del Pacto Bogotá está reeditando la sórdida imagen de hace 4 años, cuando en una cafetería García y Luis Eladio convencieron a Petro para que apoyara a este último a la gobernación de Nariño, en contra del proceso democrático llevado en la región. “La historia se repite dos veces: la primera como tragedia y la segunda como farsa” decía Hegel.

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Si los líderes regionales del PH no hacen respetar sus decisiones y el Centro no las acepta, la acidez será tan alta que implosionará al Pacto. Para aliviar un poco esta crisis, los 4 precandidatos del Pacto a la Gobernación (Montufar, Escobar, Rosa y García) deben ser coherentes con su crítica al centralismo y escoger un solo candidato; no hacerlo, es contribuir a la autoliquidación de este proyecto político y a allanarle el camino a quienes han condenado a Nariño a más de 100 años de soledad.