Padre Narciso

Entre el privilegio y el abandono estatal

Por: P. NARCISO OBANDO

Nariño es considerado un territorio de inmensas potencialidades tanto en recursos humanos como naturales. Debido al abandono del Gobierno Nacional, esta joya ha visto frustrado su desarrollo durante décadas. 

A finales del año 2022 el actual presidente Gustavo Petro, abogaba por la declaratoria de una emergencia económica, social y ecológica en Colombia, con el fin de mitigar los impactos negativos del invierno y los efectos devastadores de la reciente pandemia.

Hoy, el invierno continúa afectando diferentes regiones del país y Nariño se ha constituido en uno de los más afectadas. El problema no para tras el deslizamiento en la Vía Panamericana, impidiendo que se normalice el tráfico vehicular y el transporte de alimentos, combustibles, materiales de construcción y los diferentes productos y servicios que se necesitan diariamente.

Se ha paralizado el desarrollo de la poca infraestructura que contamos, observamos obras inconclusas debida a la carestía y escasez de los materiales de construcción, encarecimiento de los productos básicos de la canasta familiar y sumado a todo esto, cientos y miles de personas ha entrado en un obligatorio cese de actividades laborales. Crece, por no decir se multiplica el desempleo, aumenta la carestía y se hace aún más latente la pobreza, la miseria y el olvido por parte del gobierno nacional.

La actual situación se ha vuelto inmanejable y algunas empresas y negocios que existen en Nariño, se han visto obligadas a cerrar sus puertas. El sector lechero se ha visto sumido en grandes pérdidas, los agricultores han recibido una estocada mortal y el gremio del transporte ve afectadas sus actividades y por ende sus finanzas.

El hambre se hace sentir en la vida cotidiana. Se ve afectados sectores como la educación, el comercio, los pequeños y medianos negocios y el turismo. Y como era de suponerse, se ha incrementado la inseguridad y la desesperanza de un pueblo sumido en el olvido, como si no fuéramos parte de Colombia.

Quizás hoy más que en épocas anteriores, Nariño padece una crisis sin precedentes que afecta a todos. Con pocas fuentes de empleo, ahora se suma un continuo recorte de personal y cierre de las pocas empresas y fábricas que existen, la situación se torna preocupante e invivible.

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La economía de los nariñenses se debilita, el bolsillo sufre los rigores del desempleo y la pobreza se agudiza. Únicamente se vislumbra un camino que podría ser la tabla salvadora para nuestra región: La declaratoria de una emergencia económica que traiga algún alivio a los clamores de los nariñenses. Es lo mínimo que el gobierno puede hacer por Nariño en estos momentos tan difíciles.

Los pocos esfuerzos del gobierno nacional han sido insuficientes ante la magnitud del desafío y las necesidades de toda índole que presenta nuestro departamento. Por ello, ante este panorama tan sombrío, los diferentes gremios del Departamento de Nariño piden al presidente de la república “declarar la emergencia económica” y, con ello, propugnar por unas medidas que ayuden a las pequeñas y medianas empresas a mitigar el impacto generado por esta situación tan caótica que sigue sobrellevando Nariño.

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El pueblo nariñense insta al presidente de la república no dilate más esta petición, petición de un pueblo que creyó en sus propuestas y lo ayudó a subir al poder. Es ahora y no mañana dar soluciones a un departamento sumergido en tan grave crisis económica.