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Verdad que duele

 Por: Nicolás Escobar Bejarano (abogado)

“(…) Yo tenía doce años, uno de ellos se enamoró de mí, nunca supe su nombre, pero le decían “El Mono”, me violó por ambos lados, tuve un embarazo, pero me hicieron abortar, me tenían encerrada en una habitación”.

“(…) Me reclutaron para supuestamente “volverme hombre”, porque estaba muy mal visto que hubiera un marica en el pueblo, luego sufrí violencia física y sexual, primero me violo el comandante – Paramilitar- que era una persona muy sádica y le gustaban los niños, luego lo hicieron todos sus hombres”.

“(…)  Alla me tiraron en una habitación, me amarraron y me patearon, me dijeron: “por marica es que te traemos. Aquí te vamos a volver hombre”, me violaron todas las noches, algunas veces entre cuatro hombres, me ponían un revolver en la garganta y me decían que si hablaba me matarían, estuve ahí como 3 meses, perdí mi dentadura y tres anillos del ano”.

Fragmentos tomados del informe final publicado por la Comisión de la Verdad.

La semana pasada la Comisión de la Verdad – que es la entidad encargada del esclarecimiento de los patrones y causas que generaron el conflicto armado en Colombia para conducirnos a la verdad-, público el informe final, en el que se aborda una temática compleja y de la cual poco se ha hablado en este país, se trata de la violencia sexual a la que fueron sometidas miles de mujeres, niñas y personas pertenecientes a la comunidad LGTBI-Q+.

La Comisión encontró que durante el conflicto todos los actores armados violentaron sexualmente a sus víctimas, lo anterior de formas distintas, pero con el patrón en común de que se trato de un mecanismo de control y castigo ejercido por el patriarcado, sin duda alguna el peor delito que existe en el mundo.

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«El mayor desaliento lo tuve cuando comprendí que la verdad siempre ha estado ahí para ser escuchadas por décadas, somos nosotros los que no hemos sido capaces de hacerle frente».

Mientras leía el informe solamente corrían lagrimas por mis mejillas, pensaba en esas personas, en sus familias, en cómo había cambiado su vida después de esos sucesos y en la capacidad de resiliencia que tienen para seguir viviendo, pero también sentí vergüenza con mi género, por como el patriarcado uso a las mujeres como botín de guerra.

El mayor desaliento lo tuve cuando comprendí que la verdad siempre ha estado ahí para ser escuchadas por décadas, somos nosotros los que no hemos sido capaces de hacerle frente.

Adenda: Mientras unos piensan en costos y perdidas, ella -Diana Rivera- cree que es posible salvar la vida de Mona, por eso, de la manera más surrealista posible la adopto, la llevo a su casa, dedico su tiempo, dinero y paciencia para que tenga una calidad de vida – que le seria negada-. Por su parte Mona le retribuye sus esfuerzos con una mirada de amor inocente.

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