Con el reloj marcando implacablemente hacia el 19 de enero, Cundinamarca enfrenta emergencia educativa sin precedentes. Más de 40.000 niños permanecen sin formalizar matrícula a solo 10 días de la fecha límite y 17 días del inicio de clases programado para el 26 de enero.
El gobernador Jorge Emilio Rey lanzó llamado desesperado: «No podemos permitir que ningún niño de Cundinamarca se quede sin educación. Las familias deben entender que la matrícula no es opcional, es condición necesaria para garantizar acceso oportuno».
Las causas del retraso son múltiples. En zonas rurales, las distancias entre viviendas e instituciones, falta de transporte, necesidad de trabajar desde temprana edad y desplazamiento forzado mantienen a miles fuera del sistema. Población migrante desconoce procedimientos, y muchas familias creen erróneamente que la matrícula se renueva automáticamente.
La situación es crítica porque sin matrícula formalizada, los estudiantes no acceden desde el primer día a alimentación escolar ni transporte, herramientas esenciales para evitar deserción. Además, el ingreso tardío genera desventajas académicas al perderse semanas de nivelación y dificultades de adaptación social.
La Secretaría de Educación intensificó campañas utilizando emisoras comunitarias, perifoneo, vallas informativas, mensajes de texto y equipos móviles en veredas apartadas. Las instituciones habilitaron horarios extendidos 7:00 a.m. a 7:00 p.m. e incluso sábados 11 y 18 de enero.
En Fusagasugá, la renovación para antiguos fue del 14-16 de enero, mientras que nuevos es del 15-23 de enero. Algunas instituciones como el Instituto Técnico Agrícola Valsálice ya no disponen de cupos, obligando a familias a buscar alternativas.




