2026: creer en lo nuestro para avanzar juntos

Arrancamos 2026 con expectativas altas y, sobre todo, con la necesidad urgente de creer. Creer en los proyectos que nacen, en los negocios que se reinventan, en los empleos que se sueñan y en una economía que, aunque retadora, abre oportunidades para quienes entienden que los ciclos difíciles también son semilleros de crecimiento. El sector empresarial inicia el año con cautela, sí, pero también con una convicción clara: adaptarse ya no es una opción, es una condición para sobrevivir y prosperar.

Desde Impulso lo hemos dicho una y otra vez: el empresario nariñense el pastuso, el Ipialeño, el del corregimiento y el del barrio no se rinde fácil. Ha aprendido a resistir, a aguantar cuando otros claudican, a crear valor incluso en contextos adversos. Esa resiliencia no es un eslogan; es una práctica cotidiana. Aquí se emprende con pocos recursos, con trámites lentos, con vías que no siempre acompañan el desarrollo. Y aun así, se sigue.

Pero Nariño no es solo resistencia. Somos inteligencia, proyección y talento. Somos tierra de artistas, de músicos y de cantores, sí, pero también de empresarios creativos, de jóvenes con ideas disruptivas, de profesionales que entienden el mundo sin perder el arraigo. Pasto es una ciudad que crece y que necesita algo esencial para dar el siguiente paso: que su gente crea en su tierra y en su gente.

Creer implica querernos como somos. Sin complejos por el acento, sin vergüenza del dejo pastuso, sin sentirnos menos frente a nadie. El amor propio territorial empieza cuando dejamos de pedir permiso para existir y empezamos a exigir respeto con argumentos, trabajo y visión. También cuando dejamos la indiferencia frente a lo que pasa: cuando cuestionamos por qué seguimos rogando por la doble calzada Pasto Popayán, por qué la infraestructura no está a la altura de nuestro potencial, por qué tantas decisiones se toman lejos de nuestra realidad.

Este 2026 necesita algo más que esperanza: necesita unión. Unión entre empresarios, trabajadores, jóvenes, academia y Estado. Unión para elegir bien, para respaldar dirigentes que nos representen de verdad, que sean voz y no eco, orgullo y no trámite. Personas que defiendan el ser nariñense y el ser pastuso sin miedo, sin sentirse menos.

Basta mirar a esos jóvenes que hoy influyen desde la autenticidad. No esconden su origen, no piden disculpas por sus raíces. Ahí hay una lección poderosa: mostrarse como se es también es una forma de liderazgo.

Desde la revista  Impulso el llamado es claro: 2026 debe ser el año de creer en lo nuestro. Porque cuando una región se quiere, se piensa y se defiende a sí misma, no hay obstáculo que la detenga. Y Nariño, está claro, tiene con qué.

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