María Branyas ha captado la atención mundial por su longevidad extraordinaria: oficialmente tiene 117 años, pero un estudio reciente descubre que su edad biológica podría ser 23 años menor, un hallazgo que reaviva el interés científico sobre el envejecimiento humano.
El equipo de investigadores a cargo del estudio, liderado por el doctor Manel Esteller y expertos en biología molecular, analizó marcadores epigenéticos y perfil genético de María. Los resultados indican que ciertos procesos relacionados con la reparación celular, el control del estrés oxidativo y la actividad de genes protectores están funcionando con una “eficiencia” comparable a la de alguien en sus noventa y pocos años, no más de 100 años como su edad cronológica.
Este contraste entre edad cronológica y biológica suscita preguntas poderosas: ¿cómo ha logrado María mantener ese nivel de salud y resistencia en órganos y tejidos durante tanto tiempo? ¿Cuáles factores – genéticos, ambientales, de estilo de vida – se combinaron para que su cuerpo envejezca “más lento”?
Aunque María ha vivido múltiples éxodos históricos y condiciones difíciles, su historia personal también señala hábitos clave para una longevidad saludable: alimentación balanceada, actividad mental constante, relaciones sociales y acceso a atención médica de calidad. Sin embargo, los científicos advierten que cada organismo es único y que estos hallazgos no pueden generalizarse automáticamente.
Este caso se suma a otras investigaciones sobre supercentenarios que desafían las suposiciones sobre los límites del envejecimiento humano. María Branyas no es solo un símbolo de resistencia: es una ventana para que la ciencia explore los mecanismos que podrían ralentizar el envejecimiento en más personas.

