
𝐏𝐨𝐫 𝐆𝐞𝐫𝐦𝐚́𝐧 𝐁𝐚𝐡𝐚𝐦𝐨́𝐧
𝐆𝐞𝐫𝐞𝐧𝐭𝐞 𝐠𝐞𝐧𝐞𝐫𝐚𝐥 𝐝𝐞 𝐥𝐚 𝐅𝐞𝐝𝐞𝐫𝐚𝐜𝐢𝐨́𝐧 𝐍𝐚𝐜𝐢𝐨𝐧𝐚𝐥 𝐝𝐞 𝐂𝐚𝐟𝐞𝐭𝐞𝐫𝐨𝐬
Han pasado dos semanas desde el terremoto del 10 de agosto y para miles de familias sus consecuencias siguen presentes. El dolor y las pérdidas requieren acompañamiento, solidaridad y respuestas. Pero junto a la atención de lo urgente debemos empezar a construir el futuro. Recuperar hogares, medios de vida y la confianza de que es posible levantarse. Y hacerlo exige pensar no solo en reconstruir, sino en cómo reconstruir.
La reconstrucción no puede consistir únicamente en reponer lo que había antes del terremoto. Tenemos la responsabilidad de corregir vulnerabilidades, modernizar infraestructura y dejar una ruralidad más segura, productiva y sostenible. Se trata de reconstruir viviendas y activos, pero también ingresos, comunidades y esperanza. Colombia, además, no tiene que inventar cómo hacerlo. Ya lo hizo.
Después del terremoto de 1999, el Gobierno Nacional confió a la FNC, a través del FORECAFÉ, la reconstrucción de la zona rural afectada. Para reconstruir el territorio no bastaba con disponer de recursos, se necesitaba una institución que conociera sus comunidades y tuviera capacidad de ejecución.




