Primera Página
Al Cierre
Barrios

Cartas

Deportes
Editorial
Ipiales
Judiciales
La Ciudad
Municipios
Nacional
Opiniones
Política
Putumayo

Tumaco

Deportivísimo






 

diariodelsur@diariodelsur.com.co


Elecciones regionales: los escenarios que hoy tapa el telón

Hoy en toda Colombia se desarrolla una jornada electoral crucial, tal vez una de las más polémicas de la historia reciente. Acompañando a quienes se quedan en su casa luego de cumplir con la obligación patriótica de votar, DIARIO DEL SUR entrega una serie de apuntes acerca de lo que rodea al espectáculo de las urnas este domingo, que seguramente será relevante en el futuro.

Por Guillermo A. Narváez Ramírez
Hoy es domingo de elecciones regionales. Este día se elegirán diputados, concejales y ediles; gobernadores y alcaldes. En medio de la euforia, las angustias de los candidatos y la apatía de muchos posibles electores, la jornada, matizada por el ambiente de conflicto interno, puede resultar exitosa para quienes han desarrollado sus campañas, sin saber si el pueblo gana o no con ellas. Pero, ante todo, en medio de una especie de carnaval en que se vive hoy, se olvidan, mejor, se tapan los escenarios múltiples que nos rodean con el telón tejido por los grandes medios de comunicación que hablan de democracia plena.
En ese panorama es importante hacer una reflexión acerca de esta jornada eleccionaria, sobre lo que se oculta, se mimetiza y hasta se olvida. Miremos algunos.

Democracia representativa en deuda

Dice nuestra Carta Magna, en su artículo primero, que Colombia es un Estado Social de Derecho, democrática, participativa y pluralista, fundada en respeto de la dignidad humana, en el trabajo y la solidaridad de las personas y en la prevalencia del interés general.
En esa declaración, lastimosamente, tan sólo se traduce la cara que oculta la realidad, porque la verdad es otra. Como lo expresó el ex presidente Alfonso López, en nuestra patria "no hay democracia en el sentido corriente del vocablo cuando por tal se entiende el gobierno del pueblo, para el pueblo y por el pueblo.
Al contrario, es uno de los países más descalificados del mundo entero en materia de desigualdad económica o de concentración de riqueza. Tampoco es democracia en el sentido de extender los beneficios de la civilización al mayor número de ciudadanos. Las estadísticas, en casos como el empleo de la energía eléctrica, demuestran diferencias abismales de clase entre quienes tienen acceso a los beneficios de la fuerza eléctrica y quienes no la conocen sino por referencias... Cierto que existe una relativa libertad de opinión en cuanto al derecho de expresar en los medios opiniones distintas a las del gobierno de turno, pero, al mismo tiempo, la influencia de los medios es determinante en el sentido de que la libertad de información es, a veces, la de callar o de informar mal". Se trata de afirmaciones duras, serias, pero, al fin y al cabo, realidades.
Pero, aunque duelan, todavía son incompletas. La otra faceta de la realidad que esconden o callan los grandes medios de comunicación tiene más aristas dolorosas. En esta nación no hay sino una democracia de papel, electoral, manipulada y sujeta al mejor postor. Inclusive se habla de la existencia efectiva de una narcodemocracia, que se reviste de una mal llamada "democracia representativa", que ha fracasado en medio de la corrupción y su impotencia ante el delito, que muchas veces es sólo connivencia. En tal medida no hay siquiera principios firmes de la democracia participativa de que habla la Constitución; ese pluralismo es ahora mucho más que una falacia, con su máscara del partido único, de tal manera que a través de hechos consumados y de mensajes subliminales, por todos los medios se afirma que quien no está con el presidente Uribe es un apátrida.


El desangre de la guerra

En una nación que se desgarra en medio de la guerra, no sólo por la acción del terrorismo, con más del sesenta por ciento de su población por fuera de la economía formal; en un escenario con uno de los más elevados índices de exclusión social, con la pobreza absoluta en que vive más del 26 por ciento de los habitantes, la democracia que existe plasmada en la Constitución sólo puede ser un papel. Con la ausencia de equidad, justicia y bienestar para las grandes mayorías; cuando son la pobreza, el desempleo latente y la violencia, lo que se da como pan cotidiano, aquello de la definición formal de democracia recordada por el ex presidente López, queda en duda.
En ese panorama lo que se destaca en todas partes es el ambiente de violencia que rodea un día de elecciones como el de hoy. Al respecto se debe admitir que a pesar de que haya disminuido, la relevancia del fenómeno paramilitar, surgido como efecto de la inexistencia del Estado, tanto en materia social como militar frente al de la subversión armada, sigue existiendo. Esa subversión, por otro lado, fue acogida en sus comienzos por una masa de destechados, desterrados, desempleados y decepcionados del Establecimiento y por grupos importantes de las clases populares y medias, hasta que el narcotráfico la penetró.
Ese paramilitarismo nacido con el narcotráfico, y hoy convertido en parapolítica, fue abrazando la clase dirigente del país, como respuesta de finqueros y hacendados a la amenaza guerrillera. De esta manera se construyó un escenario de violencia sustentada en una narcomafia, que tiene como grandes ganadores a los delincuentes comunes. Pero ahora los ejércitos paramilitares que, aparentemente se están desmovilizando, además de haberse enriquecido a fuerza del despojo violento y el lanzamiento de millones de desplazados a las calles de las ciudades y, claro está, como resultado del negocio maligno de las drogas ilícitas, quieren el poder político total, que ya tienen en parte, y buscan hacerse elegir. Se habla entonces de una política permeada por la parapolítica y por la subversión impregnada de narco.


Microempresas electorales

Sobre ese panorama han llegado al día de hoy los candidatos "politiqueros", con sus microempresas y sus estrategias, a cual más, tramposas. Los que hablan demagógicamente ofreciendo milagros como acabar con la pobreza, la desigualdad y la exclusión, acudiendo a cifras que nadie cree, olvidando que el sesenta por ciento de la nación se incluye en esos calificativos. Lo curioso es que ningún candidato tiene un plan económico y social. Y están los que se presentan como una especie de "supermanes", que se ensalzan por labores realizados, unas falsas y otras no tan loables como las de poner la casa en orden, a fuerza de la quiebra de las instituciones y el despido de trabajadores. Una gran mayoría de ellos hoy recurrirán a las mismas tretas. Recoger cédulas, regalar un trago o un café, subir al camión o al bus a los incautos o a los 'borregos', para llevarlos a votar por quienes ellos quieren o acudirán a llevar el bulto de cemento o la estufa a los barrios, para que se suban a esos vehículos.
De esos candidatos, en su gran mayoría, sólo cabe afirmar que no saben cómo resolver los problemas del pueblo, ni quieren hacerlo. Sólo buscan su propio beneficio y el de sus familias que luego serán también candidatos, porque en esta Colombia este "oficio" dizque es hereditario.
En ese ambiente cabe referirse a la opinión del profesor Benjamín Friedman cuando dice que el crecimiento económico crea las condiciones para que las sociedades sean más libres, más tolerantes y abiertas a todos los grupos sociales, y que el estancamiento y la recesión son el terreno propicio para la intolerancia, el prejuicio y el retroceso democrático. Así mismo señala que hay serias dudas acerca de que la sola democracia con sus instituciones pueda lograr el crecimiento económico. Pero, en casos como la de nuestro país, que vive en medio del desempleo, la informalidad y la violencia, serias dudas quedan sobre tales tesis. Mucho más si se analiza la situación actual, en elecciones, cuando parece que los simbolismos de la mano dura y corazón grande se han transformado en verdades que hablan de acabar la violencia con la violencia, sin conseguirlo; cuando el país se ha llenado de más de tres y medio millones de desplazados, por efecto de ese simbolismo. En ese panorama la democracia representativa se pone en duda, máxime si se hace un análisis del crecimiento económico logrado. Mientras esa riqueza se ve en las grandes empresas la pobreza en las clases populares no ceja. Y es verdad: nunca antes el sector financiero había elevado tanto sus ganancias; nunca antes el Estado había gastado tanto, despilfarrando los valores favorables provenientes del exterior, como los altos precios del petróleo y la revaluación del peso, empujada por la economía subterránea. Y nunca antes el Estado había sido tan generoso con quienes amasaron enormes fortunas sobre la base de crímenes de guerra y de lesa humanidad, cediendo a la par espacio político a las mafias edificadas sobre tales crímenes, negando la justicia y la reparación reales a las víctimas.


El precio de la democracia

No puede haber una democracia real cuando el alma de la patria sufre el fenómeno del desplazamiento forzado, que si hace diez años fue principalmente impulsado por la guerrilla, hoy debe su principal causa al paramilitarismo. Esa realidad ha hecho que 4,8 millones de hectáreas hayan sido abandonadas por los desplazados, sin que se sepa en verdad cuánta tierra de la que han sido despojados los desterrados ha sido restituida a sus legítimos dueños. Para ellos sólo impera la política de asistencialismo; no se ha hecho justicia por los crímenes cometidos ni se hacen reparaciones económicas; no se restablecen los derechos de los desplazados y no se contribuye a la restitución de los bienes perdidos. Y aquí surge otra vez el campo económico como limitante de la democracia y de la ley.
Se concluye así que en el momento que además de una estructura económica de atraso que no alimenta siquiera las bases de una democracia aceptable, la realidad, la verdadera faz de esta patria, y de este suelo sureño, muestra un nuevo proceso de acumulación ilegal de capital y poder, por medio de la violencia, que expulsa campesinos hacia la marginalidad y la informalidad urbanas.


Paradojas de las mayorías

Este día lo que se impone es hablar de las mayorías; son ellas las que, en términos de una democracia, deciden. En las urnas son las que se imponen, como lo harán hoy. Y, lógicamente, para quienes aceptamos los términos de la democracia, para los que no aceptamos las vías armadas para imponer opiniones ni candidatos, las minorías se deben someter a las decisiones mayoritarias.
Sin embargo, admitiendo esa verdad de la democracia representativa, se debe recordar y analizar algunos significados de las mayorías en elecciones.
El punto de discusión parte de esta premisa: así como una minoría puede estar equivocada en política, unas mayorías también. Sólo se debe recordar que Hitler llegó al poder apoyado por las mayorías, las que luego, cuando éste fue derrotado, precisamente por eso, negaron haberlo seguido. También en Austria, pero hace pocos años, en las elecciones ganó un fascista y se armó el zafarrancho, pero había que aceptar que esa era la voz de las mayorías. Sin embargo, en ninguno de los dos casos se puede afirmar que ser la mayoría implica tener la verdad. Y en la actualidad, cuando se ha impuesto la democracia de las encuestas, se debería extender esta reflexión hacia ellas. No se puede decidir por lo que dicen las encuestas. Ellas no necesariamente implican verdad.
En la misma dimensión se anota que la mayoría de economistas está de acuerdo en que en Colombia muchos índices demuestran que en estos últimos años se ha dado una mejoría en las necesidades básicas insatisfechas. El caso del incremento indudable de la cobertura en los servicios públicos es notable, y parece probar lo que la mayoría opina. Sin embargo, lo que esta no dice es que la gran tragedia de la nación no es la violencia, que es un efecto, sino el desempleo. Tampoco el que no se mejoren en estos tiempos ni el empleo ni los ingresos promedio de los colombianos. Puede que se de una reducción en los índices, pero no se observa que haya aumento en el número de empleados ni en los que cotizan en la seguridad social. Por eso, con unas minorías que no se quieren dejar llevar por la corriente optimista a ultranza, se debe admitir que nada puede ir bien en una nación mientras no se asegure el que haya trabajo para las grandes mayorías.


¿Y los medios de comunicación qué?

En el mismo sentido está el tema de los medios de comunicación. Es muy posible que una gran mayoría de ellos logre éxito, al menos con sus columnistas, cuando se dirigen por lo que dice el mercado. Pero allí está el caso de los noticieros de televisión. En ellos no hay espacio para los intelectuales. Allí lo que predomina es la imagen vendedora, muchas veces hasta bonita, como la de las presentadoras, la de las reinas metidas a ese oficio, la farándula, el fútbol repetitivo, las noticias que ya la radio pasó. En ese ambiente unas mayorías opinan que ya están informadas, mientras unas minorías decimos que pasa lo contrario. Claro está que puede ser que con esa forma de entender la comunicación, hasta se logre sintonía y se venda lo que patrocina la "información". No obstante lo que queda en duda es la verdad de la política y la economía de esta nación. Y con ello no se quiere decir que haya necesidad de sólo hacer crítica negativa y teórica. Lo que se debería buscar es, ante todo, esa verdad a través de presentar el análisis serio, la opinión mesurada, la investigación y hasta la crónica, tan ausente de nuestros medios, todo ello balanceado con la exposición de los temas desde diferentes ángulos, no sólo el oficial. Lo que no se hace con la política, que no es tratada con equilibrio en los grandes medios. Por tal razón, es posible que las grandes mayorías sigan creyendo en lo que les dicen sus "jefes", sigan confiando en sus consignas. Pero la duda de las minorías surge cuando se reflexiona en lo que está pasando cuando las teorías y prácticas de quienes guían a esas mayorías se corrompen.
Una paradoja elocuente de la mayoría es que no puede con la ciencia. Por más que la mayoría vote contra la ley de la gravedad, por ejemplo, esa ley no deja de existir. Unicamente habría que pedirles a esas mayorías se tiren por la ventana, con el voto mayoritario en contra de esa ley, para que comprueben el significado de la paradoja.
En este contexto se debe de los enormes esfuerzos gubernamentales, utilizando sobre todo la gran prensa, con los que se ha tratado de convencer a la opinión pública nacional e internacional de que en nuestra patria no hay conflicto armado, expresión que se trata hacer desaparecer del léxico de críticos y analistas, para ser reemplazada por la de la acción de un grupo de terroristas. Pero la realidad es de otro color, como lo reconocen innumerables informes internacionales sobre Colombia, ante todo las evaluaciones de las Naciones Unidas sobre la situación de los derechos humanos, en los cuales el concepto de conflicto es aceptado y reconocido. La realidad de ese conflicto no puede ser negada por las simples mayorías, como pasó en el Congreso, cuando las bancadas oficiales aprobaron que no existe, que ha desaparecido; que sólo hay acciones terroristas. La existencia de guerrillas, con equivocados métodos, tal vez, y de sus contrarios, los paramilitares, con sus sangrantes cifras de muerte; más aún, todo el andamiaje de la llamada Seguridad Democrática, los Planes Colombia y Patriota, los soldados campesinos, los programas de Familias Guardabosques, el plan de recompensas, los premios a la deserción y la delación, todo ello existe por la concreta verdad de que estamos en guerra o en un conflicto, que tiene características económicas, sociales y políticas, y no sólo porque hay unos terroristas atacando al azar.
La mayoría afirma que en el camino seguido por Sancho y no en el del Quijote está la salida a las crisis, sobre todo a las que hoy viven Colombia y Nariño. Se dice así que Sancho significa visión real y materialista, mientras Don Quijote es idealismo y sueños. Que aquel se mira en el espejo de la realidad, mientras ser Quijote es mirarse en el de la utopía. La verdad es que tal vez hacen falta los dos, pero ante todo, en nuestro caso, tal vez el derecho a la utopía es lo que las mayorías están perdiendo.
Por estas razones y muchas más, y tal vez opinando en contra de grandes mayorías, sostengo que el enemigo principal de Colombia no es la violencia o lo que hoy tratan de llamar como terrorismo. Sin negar que ello es un efecto, y tal vez hablando más como economista que como periodista, lo que una minoría admite es que en el desempleo y la falta de producción está la causa del problema, y que en la exclusión de esta nación está la pólvora de la guerra. Solamente reduciendo sus índices se reduce el reclutamiento de las fuerzas ilegales, que incluyen a las más importantes, las de la delincuencia común, y por ende, es posible disminuir la violencia y hasta acabarla.


Falacias de violentos

Las máscaras usadas con la realidad nacional son múltiples y a veces insondables, de tal manera que superan la visión de los polos opuestos, pero se puede hacer un ejercicio selectivo de cara y contra cara.
En la cara se habla de una ley de justicia y paz para los paramilitares, en un despliegue publicitario que convence a incautos. En la contra cara otra es la realidad. Se trata de una ley de indulto que no contempló la justicia y la reparación y menos el castigo, y que por ello no es el ingrediente básico para la paz. Y lo que es más: esa mentada y publicitada ley prácticamente le dio el carácter político que no tenía al paramilitarismo, además de consolidar y casi "legalizar" su poder económico con sabor a sangre. La realidad es que ellos no pueden ser y no son rebeldes políticos, como quiera, entre otras cosas, que no luchan contra le Estado; por el contrario, dicen defenderlo. Otra máscara, que oculta la realidad se refiere al poderío económico "no desmovilizado" de las Auc, sino que, todo lo contrario, se fortaleció. Así diversas investigaciones periodísticas hablan de la penetración de ese poder, el apoderamiento, de tierras, empresas y actividades. Con ese real empoderamiento intocable se puede comprar conciencias y votos, como se está haciendo hoy.
Claro, que al hablar del tema de la violencia se debe admitir que todo empezó por una realidad: la pobreza, el desempleo, la exclusión, la desigualdad social, la intolerancia y la violencia oficial. Contra ese estado de cosas se levantó la subversión armada que buscaba cambiar el sistema, construir un nuevo país. En ese camino surgieron, sin embargo, los contradictores, esos paramilitares que hablaron de defender el establecimiento, a la vez que se daba la tragedia del narcotráfico. Y lo peor del caso es que este permeó todos los violentos. En ese escenario se dieron las exageraciones y las equivocaciones de las guerrillas y las acciones inhumanas de los "paras".
Aquí nace una serie de contrastes que dejan mal parados a los alzados en armas.
En la realidad histórica, en la cara real de las revoluciones, se dio un gran principio: los rebeldes siempre lucharon y fueron respetuosos de los derechos humanos; por ellos lucharon y lograron vencer. Pero ante todo, ni en la revolución soviética, con Lenin a la cabeza, ni en la asombrosa revolución china de Mao, y menos en la corta pero fructífera revolución cubana de Fidel, se acudió al auxilio del narcotráfico ni al secuestro como medios o armas de lucha. Ni siquiera pasó por la mente de esos verdaderos revolucionarios, como nunca estuvo entre sus ideas, utilizar los métodos de la delincuencia común o de la mafia para lograr sus propósitos y construir un nuevo Estado. Ellos sabían que un nuevo Estado no se puede levantar sobre el delito, el dolor y la sangre de inocentes.


El panorama de Nariño

La situación actual no se remedia con paños de agua tibia, con discursos estentóreos, con reuniones políticas de tipo electoral, con planteamientos irreales. En la actualidad la política sólo puede tener sentido cuando resuelve la verdadera causa de los problemas. Y en Nariño el enemigo a vencer se llama desempleo. A partir de él surgen los demás, con la violencia, en primer lugar. Allí está la verdadera cara de la realidad, que abarca guerrilla, paramilitarismo y narcotráfico.
El verdadero escenario de hoy, entonces, en una nueva jornada electoral, se presenta en medio de un conflicto armado no solucionado; con la ausencia efectiva de partidos políticos y ciertos elementos que se viven en medio de las masas, en esas clases populares y en las angustiadas capas medias.
Siendo gráficos, la realidad de estas tierras sureñas se pinta a través del desempleo en campos y ciudades; el retroceso en la deficiente estructura productiva; en la cada vez más lánguida capacidad de compra de sus habitantes, en la quiebra de empresas y negocios. Está plasmada en el hambre y el aumento de la gente por debajo de la línea de pobreza absoluta.
El clamor de nuestras gentes no tiene tinte político, en medio de colores y consignas, sino que se siente sobre su humanidad, ayer empeñada en el azadón o el puesto de trabajo, hoy ante el hambre que nubla su vida. Se trata de una ausencia del Estado en los campos y en nuestras ciudades y poblados, donde no hay ni educación, ni salud ni vivienda, y, lo que es peor, donde ricas tierras no pueden ser explotadas hacia el mercado porque sus vías de comunicación o no existen o si existen son tan deficientes que impiden que sea real la economía de producción. Y allí se ha hecho fuerte la violencia a través de la subversión, el paramilitarismo y el narcotráfico.

El día electoral

En este día electoral, en medio de la guerra y de las más angustiantes situaciones, se debería entender que la vieja forma de hacer política ya no tiene sentido. Si no hay partidos políticos, están en crisis o están ciegos ante la realidad que abate al sur; los candidatos a esas contiendas debieron tener presente que si no se tiene claridad en lo que se debe hacer, si no se quiere o no se pueden mover con un modelo económico y social que llegue hacia las necesidades y la realidad de un pueblo, como el nariñense, ávido por trabajar, por producir; si no se tuvo como propósito buscar salida al desarrollo regional, empezando por solucionar el problema del empleo, de la reactivación de la desfalleciente economía regional, todo seguirá siendo inútil. De esto debería haber estado convencido el político, que tal vez solamente es un politiquero de turno. Pero además debió tener en cuenta dos grandes elementos.
En primer término, la nueva política, la que debe dejar la máscara de la politiquería y la corrupción, si quiere el cambio y si desea que se crea todavía en la política, debe escuchar el clamor del pueblo nariñense, incluyendo las consignas de la insurgencia, que claman por un modelo de desarrollo que brinde libertad, equidad y solidaridad, con empleo, y comprender que allí está todo el trabajo por hacer.
Pero en segundo lugar, las campañas políticas que hoy llegaron a su final, de una u otra forma estuvieron rodeadas del fenómeno de la parapolítica. Es el paramilitarismo que ya ha permeado y dominado los recintos de la democracia representativa. Se trataría ahora de impedir que no penetre más allá de lo que ya ha dicho que mantiene. Pero esto va a ser difícil de lograr, ya que en la nueva política que se dio en estos días la realidad se movió para ocultar sus fortunas y ocuparlas para comprar las elecciones. El dinero fue el gran actor, comprando conciencias y votos. Y en medio de esa realidad económica y social se debe aceptar, está el narcotráfico, que como en el caso de la subversión, no ha sido derrotado, a pesar de todo lo que se diga. Por eso, hacer política real en los tiempos de hoy debería consistir en romper una real encrucijada de violencia y corrupción.


Origen de partidos políticos

Los partidos políticos tradicionales de Colombia se estructuraron a mediados del siglo XIX. Para el Partido Liberal se tiene como referencia 1.848 con Ezequiel Rojas y para el Partido Conservador 1.849 con Mariano Ospina y José Eusebio Caro. La guerra de independencia había sido en gran parte comandada por los terratenientes y esclavistas del sur del país y por la burguesía comerciante de Cartagena y otros centros. Al concluir la guerra estas clases sociales, que ninguna era suficientemente fuerte para imponerse a la otra, establecieron una alianza a nivel de estado, en la que los terratenientes lograron la preservación del statu quo y el sector comerciante el libre comercio, principalmente con Inglaterra. Esta situación dio origen a nuevas realidades.
Para mediados del siglo XIX, y gracias a la expansión del comercio, los comerciantes en Colombia se volvieron un grupo poderoso que participaba del Estado pero no lo controlaba. Existían también en la Nueva Granada los esclavos y manumisos de condición similar, los indígenas y sus resguardos, los artesanos y los antiguos militares de la Independencia, discriminados entre si, según su situación de clase. Para todos estos un cambio en el statu quo algo tenía que ofrecer.
Los terratenientes, los esclavistas, los altos burócratas civiles, el clero y la milicia tenían mucho para conservar. En muchos casos sus intereses económicos eran múltiples, y aunque de las medidas propuestas por los partidarios del cambio unas les interesaban, otras les eran adversas y otras no les tocaba directamente, el hecho de estar en la cúspide de la pirámide social les impelía ser cautos respecto a los cambios y a preferir el statu quo.
Cambiar era lo que proponía el Partido Liberal, implicaba transformar el estado colonial que se había prolongado en un sentido más de acuerdo con los intereses burgueses que surgían. Era modificar la reglamentación particularista y sustituirla por leyes de carácter general; era convertir a la tierra en mercancía y darle libre circulación; sustituir un estado omnipresente por otro que permitiera comerciar sin trabas, suprimir los monopolios y dejar que las actividades reglamentadas se movieran al impulso de la libre actividad; suprimir la jerarquía ante la ley y poder llamar ciudadano al desigual; suprimir el ejército de caudillos por una milicia de ciudadanos pudientes, liberalizar la enseñanza, es decir quitar a la Iglesia el privilegio de impartir el saber. Una nación de ciudadanos libres requería sujetos libres. Con el ejercicio de tanta libertad era imposible la prolongación del Estado colonial, inigualitario y monopolizador.
El Partido Conservador se opuso a todas estas reformas en nombre de la civilización.
Cada bando contaba con sus explicaciones teóricas y defendían sus intereses. Algunos lustros de vida independiente habían permitido mutaciones y realineamientos en los principales actores de la vida política. Atrás estaban las querellas que en otras condiciones habían librado bolivarianos y santanderistas. Estas luchas habían creado ciertos vínculos, pero estos grupos no fueron tan fuertes como para imponer la permanencia de unos y otros en los mismos grupos hasta la constitución real de los partidos liberal y conservador a mediados del siglo XIX. El ser o haber sido enemigo de Santander o de Azuero no era ser conservador, aunque en diferentes épocas defendieran principios conservadores. Haber sido amigo de este caudillo o de otros en la guerra por la independencia, por la libertad o la constitución, no constituía realmente ser conservador, porque alguno de estos caudillos había defendido alguna vez otros principios que no fueran conservadores. Mariano Opina R. había tratado de despejar el mito que se estaba formando de que el Partido Conservador provenía de Bolívar y el Liberal de Santander.
Detrás de cada liberal no siempre había un tendero o comerciante, pues algunos se daban el lujo de tener sus esclavos en las fiestas patrias. La Iglesia se alinderó en el Partido Conservador, en defensa de sus cuantiosos intereses patrimoniales, porque los cambios igualitarios la desplazaban de la cúspide jerárquica estatal.

RECUADRO
***********************************************************************************
Propuestas liberales en sus orígenes

" Abolición de la esclavitud
" Libertad absoluta de imprenta y de palabra
" Libertad religiosa y de enseñanza
" Libertad de industria y comercio
" Sufragio universal, directo y secreto
" Supresión de la pena de muerte
" Juicio por jurados
" Disminución de las funciones del ejecutivo
" Fortalecimiento de las provincias
" Abolición de los monopolios
" Libre cambio
" Expulsión de los Jesuitas
***********************************************************************************


Las escenas de hoy

Una de las facetas de Colombia que ya es del pasado mostraba unas realidades que, buenas o malas, blancas o negras, ahora ya no existen. Se nacía con el equipo de fútbol y el partido político definidos. O por lo menos en el camino se escogía ese partido. Es más, en las décadas del sesenta y el setenta del siglo pasado, luego del experimento del Frente Nacional, que sirvió de motor de la desintegración de los partidos tradicionales en Colombia, se configuraron al menos dos grandes posiciones políticas, distinguidas, en la misma forma que en la época de la los Estados Generales de la Revolución Francesa, como de izquierda o derecha. Quienes escogimos la primera recordamos las grandes luchas ideológicas que ello significó, no sólo como contraposición a la otra, sino la lucha entre los mismos -y ahora hay que decirlo- estúpidos matices de la izquierda, que a la postre la llevaron a lo que es hoy, nada. Pero a eso también están llegando los partidos liberal y conservador, de tal manera que sólo algunos defienden la faz del pasado que los distinguía como tales.
Ahora todo es diferente. Hoy se cambia de mujer o de marido y de partido político muy fácilmente. De lo único de lo que no se puede cambiar es de equipo de fútbol con que se nació. Así, cuando se presentan como partidos políticos los partidario del presidente Uribe, formalizando la realidad de hecho del salto de trapecista de circo que ya habían dado los conservadores y los liberales de nombre, haciendo parte de sus electores, esto únicamente comprueba esa realidad que muestra un Partido Conservador desapareciendo y el liberal en camino a esa posición. En ese sentido, opinan muchos, en este país no existe la política, sólo la politiquería, como no existe la economía sino el economicismo. No hay en el momento actual partidos políticos de verdad, y la izquierda y la derecha no se distinguen en lo fundamental. Lo grave es que si la política y los partidos no existen, la posibilidad del cambio, de una nueva nación que las mayorías reclaman, se ve lejano, cada vez más lejano. Mas, sí se dan hechos concretos que caracterizan y distinguen una doctrina de otra y posiciones políticas que comprenden la realidad de una lucha por lo válido.
El Estado Social de Derecho no es una postura de izquierda, comunista, como piensa buena parte de los conservadores y muchos liberales. Los derechos humanos, con el derecho a la vida como el más importante, tampoco. El respeto de la dignidad de la persona es un pilar del Estado, no un lema para un graffiti. Los derechos económicos existen porque existen la desigualdad y la inequidad, sin que ellos impliquen el acabar con la propiedad privada, como temen los dueños del país. En ese sentido la derecha de Colombia no habla de pobreza, educación, desempleo, desigualdad, redistribución del ingreso, desarrollo, justicia social, siendo que estos elementos son parte de una lucha política económica que no distingue partidos. Tampoco la guerrilla, con visión política que ya va siendo cosa del pasado, tiene modelos de desarrollo por ofrecer. Así como los viejos mamertos le hacen un daño atroz a lo que queda de la izquierda, y a la nación entera con su equivocada vía violenta, los dinosaurios de la derecha, vetusta y decrépita, los que tal vez se alinderan en los restos de los partidos, y sobre todo los que pertenecen a los que hoy se llaman partidos de gobierno, le hacen daño a la misma derecha; a esa que es defensora de la libertad individual, antidogmática, sin complejos, inteligente, capaz de desmontar su propia leyenda negra, dispuesta a debatir con la nueva izquierda que está naciendo.

Reglamentación
Elecciones y acciones de ley frente al proceso

Hoy las autoridades desplegarán todo su poder para garantizar transparencia en el proceso electoral.
No hay plazo que no se cumpla, ni deuda que no se pague. Llegó el día electoral y el pueblo de Colombia se dispone a escoger sus nuevos representantes y autoridades del orden departamental y municipal.
Terminadas las campañas electorales se llegó al día previsto para las votaciones, con la consecuente veda proselitista que tiene como objetivo brindar al elector, fuera de toda injerencia publicitaria, una fase de reflexión y tranquilidad para que decida cuál será su voluntad frente al proceso.
En esta etapa adquieren especial gravedad las acciones de constreñimiento y corrupción al sufragante, detalladas en los artículos 387 y 390 del Código Penal, en la medida que nos encontramos frente a un ciudadano apto para votar, inscrito en el censo electoral y próximo a ejercer su derecho al sufragio.
La llamada libertad del derecho al sufragio asume toda su extensión el mismo día de las votaciones, toda vez que el ciudadano debe acudir a las urnas con absoluta libertad. Recordemos que el voto es personal y secreto, de otra forma es estrictamente individual cuando es depositado en la urna.
Visto lo anterior, posible se presente durante el día de las votaciones:
La ocurrencia del delito denominado Perturbación de Certamen Democrático (Art. 386 del Código Penal), consistente en realizar acciones para prohibir o impedir, mediante maniobras engañosas o violencia, una votación pública que sea ejercicio de los mecanismos de participación democrática.
De igual forma, se atenta directamente contra el sufragio cuando se usa la violencia para impedir el libre ejercicio del derecho al sufragio (Art. 387 del Código Penal) y también en el caso que mediante maniobra engañosa obtenga que un ciudadano o a un extranjero habilitado por la ley, vote por determinado candidato, partido o corriente política, o lo haga en blanco (Art. 388 del Código Penal).
El delito de voto fraudulento sólo adquiere existencia el mismo día de las votaciones en el caso de darse la suplantación a un ciudadano o a un extranjero habilitado por la ley; en el caso que se vote más de una vez o sin derecho se consigne voto en una elección, plebiscito, referendo, consulta popular, o revocatoria del mandato (Art. 391 del Código Penal).
Asimismo, es posible se presente el delito denominado Favorecimiento de Voto Fraudulento, que se presenta cuando un servidor público permite suplantar a un ciudadano o a un extranjero habilitado por la ley, votar más de una vez o hacerlo sin tener derecho a ello. (Art. 392 del Código Penal).

Jurados de votación

Son la primera autoridad en cada una de las mesas de votación y son designados por la autoridad electoral del respectivo municipio, distrito o circunscripción electoral. Ante estos, los sufragantes depositan el voto y a aquellos les corresponde realizar el primer conteo o escrutinios de votos.
En concordancia con nuestra legislación penal, la actividad de los jurados-escrutinios, tiene cobertura penal, más concretamente, respecto al tipo penal denominado Perturbación de certamen democrático (Art. 386 del Código Penal).
Téngase presente que los jurados de votación son ciudadanos encargados temporalmente de la función pública de desarrollar el proceso de votación, contabilizar los tarjetones o votos emitidos y hacer entrega del resultado, de las actas y de la respectiva urna ante la autoridad electoral. Es por ello que los jurados de votación adquieren la calidad de servidores públicos, de conformidad con el Artículo 20 del Código Penal1 - en concordancia con el Artículo 123 de la Carta Política, en la medida que ejercen funciones públicas de manera temporal; y a este título se encuentran vinculados con el Estado en virtud de un nombramiento o de una designación.
Dentro de las funciones a cargo de los jurados de votación citaremos las siguientes que tienen una clara incidencia en la protección penal de la función electoral:

1. Recepción, organización y verificación de todo el material electoral de la mesa.
2. Revisión de la urna
3. Instalación de la mesa de votación
4. Verificación de la identidad de los votantes
5. Firma y entrega de las tarjetas electorales
6. Realización de los escrutinios de mesa
7. Firmar las actas de escrutinio.


Pedido con anticipación

De otro lado, cabe observar que con antelación a la realización de las elecciones y según lo dispongan los calendarios electorales, los registradores del Distrito Capital, municipales y auxiliares, deben solicitar a las entidades públicas y privadas, directorios políticos y establecimientos educativos las listas de los ciudadanos que pueden desempeñarse como jurados, enfatizando que el cargo de jurado de votación es de forzosa aceptación. El incumplimiento de esta función, sin justa causa, genera exclusivamente consecuencias de índole administrativo, es decir, que si un jurado designado no concurre o abandona sus deberes, en el caso que sea servidor público, puede ser sancionado con destitución del cargo, y si no lo es, con multas hasta de 10 s.m.l.v.
Conviene complementar que para el caso de ciudadanos residentes en el exterior, podrán votar por presidente de la República en las embajadas, consulados y otros lugares que se hayan habilitado pare este efecto, previa inscripción de la cédula de ciudadanía o pasaporte vigente (Art. 116 del Código Electoral), caso en el cual es posible la aplicación del tipo penal consignado en el Artículo 395-Ocultamiento, retención y posesión ilícita de cédula.


Testigos electorales

En los términos previstos en el Código Electoral los testigos electorales existen como un mecanismo más para garantizar la pureza y publicidad de las votaciones. Para tal efecto, los directorios o movimientos políticos que hayan inscrito candidatos tendrán derecho a presentar ante los registradores del Estado Civil listas de personas de reconocida honorabilidad para que actúen como testigos electorales a razón de uno (1) por cada mesa de votación.
Los testigos electorales supervigilarán las elecciones desde el comienzo de la votación, así como durante las votaciones (con el objeto de verificar que los votantes concurren libremente y en secreto a escoger la lista inscrita por el partido, movimiento político o grupo significativo de ciudadanos de su preferencia y depositar su voto sin presión o interferencia de ninguna clase) y el escrutinio de mesa; podrán formular reclamaciones escritas en los casos previstos en la Ley.
Es importante señalar que los testigos electorales no podrán, en ninguna forma, interferir en las votaciones ni en los escrutinios de los jurados de votación, evento que de ocurrir faculta al presidente de la Mesa, si este fuese el caso, solicitar a alguna autoridad sea retirado del recinto o dada la gravedad de los hechos, sea puesto a buen recaudo por parte de las autoridades competentes.
Nótese de la importancia y delicadeza que reviste esta función, la cual, según su connotación, es susceptible de enmarcarse dentro de los siguientes tipos penales: Perturbación de certamen democrático, constreñimiento al sufragante, fraude al sufragante y corrupción al sufragante.
Por otro lado, es pertinente anotar que la Registraduría respectiva garantizará que los testigos realicen cabalmente su función y adoptará las medidas para que puedan acceder a los puestos de votación e información debidamente acreditados.


Etapa de los escrutinios

Se entiende por escrutinio el procedimiento de contabilización de votos obtenidos por un candidato, lista de candidatos u otra opción electoral participativa dentro de un evento comicial.
Creemos por tanto que mediante el escrutinio no sólo se cuentan los votos, sino que además se determinan los resultados finales de la votación. Por las razones anotadas, es claro que también es aplicable este concepto a las votaciones de decisión popular (referendos, consultas, plebiscitos y revocatorias del mandato). De otra forma, "corresponde a la función por la cual se constatan y se consolidan los resultados electorales".
Ahora debemos proceder a calificar los escrutinios así:

a) Escrutinio de mesa: se efectúa luego de cerrada la urna, las cuales desde su inicio hasta el final permaneció cerrada. En esta fase se realiza el conteo de los votos emitidos anotando los que corresponden a cada lista o candidato, según las pautas consignadas en la Reforma Política -Acto Legislativo Número 01 de 2003-, de todo lo cual se deja constancia en el acta.

b) Arcas triclaves y claveros: Los documentos electorales, a medida que vayan llegando, deben ser introducidos y guardados en el Arca Triclave.

c) Escrutinios distritales y municipales: Posteriormente se realiza el escrutinio municipal o distrital, que tiene por base todo el escrutinio de mesa, el cual una vez realizado, el registrador municipal o distrital, según sea el caso, acompañado de la fuerza pública uniformada, conducirá sin dilación las actas del correspondiente escrutinio y los restantes documentos electorales de este para ser entregados de forma inmediata a los claveros del acta triclave departamental.
Los testigos electorales tienen derecho a acompañar al registrador y a la fuerza pública en esta diligencia de traslado.

c) Escrutinios generales y departamentales: Luego tiene lugar el tercer escrutinio llamado departamental o de la respectiva circunscripción electoral, que se realiza con base en el escrutinio municipal o local.

d) Escrutinios nacionales: Finalmente tiene lugar el escrutinio nacional realizado sobre las actas de escrutinio departamental y las actas de los jurados de votación en el exterior. Es efectuado por el Consejo Nacional Electoral en relación con los votos emitidos para presidente de la República, Senado y representante a la Cámara por las circunscripciones especiales, en todo el territorio nacional y en las embajadas, consulados y delegaciones colombianas en el exterior.
Es pertinente aclarar que el proceso de votación y escrutinio tiene control ante la propia autoridad electoral y ante la Jurisdicción Contenciosa Administrativa, los cuales son controles independientes a los de protección penal.
Bajo este supuesto, sus fundamentos pueden ser similares a los que se observan en el campo penal, pues los diferentes recursos y acciones se interponen, precisamente con fundamento en la existencia de posibles irregularidades verificadas en el proceso de votación, tales como fraude, coacción, la corrupción del elector, la falsedad de documentos electorales, la alteración de resultados, el voto fraudulento, la retención y posesión ilícita de cédula y la violación de derechos políticos; todas ellas causas de impugnación contenciosa de la elección.
De otra forma, las irregularidades en los procesos de votación y escrutinios pueden entrañar diversos efectos jurídicos en ámbitos administrativo y penal.


DOMINGO

Archivo Mensual
L
M
M
J
V
S
D
1 2 3 4 5 6 7
8 9 10 11 12 13 14
15 16 17 18 19 20 21
22 23 24 25 26 27 28
29 30 31
Mes Anterior
ENCUESTA


Ud cree en las brujas?

Si: No:
Si:
%
No:
%
Número de votos:





MUSICAS Y DANZAS






ESCORPIO (23 de oct. - 21 de nov.)
Una llama de luz divina guía tus pensamientos hacia logros mayores. Triunfas sobre aquellos que en el pasado se burlaron de ti. Tu excelente labor será reconocida por los que verdaderamente saben. Avanzarás como nunca antes en el terreno profesional. Te llegó tu momento de triunfos y de logros mayores. Números de suerte: 7, 11, 20






CASA EDITORIAL DIARIO DEL SUR PASTO, NARIÑO info@diariodelsur.com.co
Prohibida la reproducción total o parcia de sus contenidos, así como su traducción a cualquier idioma sin autorización escrita de las directivas.
Clle 18 NO 47 - 160 Telefonos: 7310048 - 7312540 - -7312799 - 7313405.
Bogotá Cra 3 No 20 - 80 telefonos: 2810879 - 2813413
diseñada por megasoluciones
Edgar Herrera Figueroa webmaster