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PEON
Dilema sobre planes de desarrollo
"El primero que cercó un campo dijo: Esto es mío, fue
el primer factor de infelicidad humana".
Roseseau
Luis Eduardo Solarte
Pastás
La globalización tiene raíces históricas profundas,
pero su avance durante las últimas décadas ha sido particularmente
rápido. Sus manifestaciones más notorias son el crecimiento
de mercados internacionales de capitales y los procesos de concentración
económica en el ámbito mundial liderados por las empresas
transnacionales. La capacidad de las grandes empresas para planificar
crecientemente sus actividades ha dado lugar, a su vez, a una bonanza
de inversión extranjera directa sin precedentes.
Todos estos procesos representan oportunidades para los países
en vías de desarrollo, aunque también riesgos. De allí,
como muy bien lo anota el tratadista Rafael Ojeda Suárez, para
poder enfrentar la globalización con resultados positivos es hace
necesario "la construcción de un nuevo estilo de desarrollo
para los países de la región con profundas transformaciones
económicas, sociales y políticas y aun de valores esenciales
al interior de las sociedades latinoamericanas".
En ese orden de ideas, para lograr ese propósito es indispensable
que se piense globalmente y se actúe localmente, máxime
si se tiene en cuenta que el proceso de globalización avanza de
manera vertiginosa en el escenario de la economía, pero conllevando
en que al mismo tiempo se presenten abismos entre desarrollo y subdesarrollo,
riqueza y pobreza.
En esos términos "los dilemas que enfrenta Colombia como del
resto de América Latina hoy no son muy diferentes a los que se
propusieron hace una década y a los que enfrentan todas las sociedades
del mundo contemporáneo: cómo hacer posible la modernización
económica en la era de la globalización, con equidad y democracia.
La complejidad entre estos objetivos ha sido esquiva en Colombia como
en los demás países de la región porque la globalización
genera fuertes tensiones distributivas y, al mismo tiempo, reduce los
márgenes de acción de los Estados para enfrentarla".
Dentro de esos parámetros cobra importancia el término desarrollo
sostenible, exigiendo un tipo de desarrollo que aporte mejoras reales
en la calidad de vida humana, conservando la vitalidad y diversidad de
la tierra. "Se demanda un desarrollo cuyo eje sean las personas y
se centre en el mejoramiento de la condición humana y que esté
basado en la conservación y mantenga la variedad y la productividad
de la naturaleza", en donde su denominador común sea la seguridad
alimentaria.
Pero para ello se requiere, como sostiene Ojeda Suárez, es que
los gobiernos "municipales o microrregionales hasta los niveles nacionales"
diseñen y apliquen "sistemas de gestión capaces de
fomentar y conciliar tres grandes objetivos que en teoría llevarían
al desarrollo sustentable: el crecimiento económico, la equidad
(social, económica y ambiental) y la sustentabilidad ambiental".
Para llegar a ese proceso, entonces, es urgente "lograr el monitoreo,
seguimiento y evaluación del desarrollo sostenible". Pues
"los retos y desafíos están en la lectura de lo conceptual,
de lo teórico y de lo práctico en su instrumentación",
lo que en conjunto con la información y el conocimiento que se
tenga de una localidad se puede desarrollar nuevas oportunidades que permitan
consolidar el desarrollo sostenible en forma endógena, sin que
las políticas de globalización se conviertan en un obstáculo
para el progreso y el mejoramiento de la calidad de vida de las comunidades.
Ante ese panorama caben dos interrogantes, sobre todo cuando ahora la
Asamblea y los concejos se aprestan a aprobar los denominados planes de
desarrollo, primero, ¿será que en esta sección del
país, tanto a nivel departamental como municipal, los tan alardeados
y pregonados planes de desarrollo están orientados dentro de premisas
y principios que guían un desarrollo sostenible? Y, segundo, ¿será
que gobernador y alcaldes, así como diputados y concejales, saben
lo que es desarrollo sostenible? He allí el dilema...
solarpastas@hotmail.com
Los demonios de la inflación
Juan Camilo Restrepo
"El nivel bajo de inflación de un solo dígito es incuestionablemente
uno de los más valiosos bienes colectivos del país",
dice el ex ministro Eduardo Wiesner en un importante libro que acaba de
publicar.
Y es cierto: la inflación moderada es un activo que los colombianos
debemos preservar a toda costa. Su mantenimiento hay que convertirlo en
un gran propósito nacional. Desde cuando en 1999 el país
logró ubicarse en el grupo de economías con variaciones
de precios inferiores al 10% la estabilidad macroeconómica ha retoñado
en Colombia.
Nada hay que distribuya de peor manera el ingreso o que empobrezca más
a los débiles y enriquezca más a los opulentos que las inflaciones
desbocadas. Los índices de inflación moderada son una condición
necesaria -aunque no suficiente por supuesto- de toda política
social seria.
Por eso lo que está sucediendo en materia inflacionaria debemos
seguirlo con suma atención. Nada que tenga que ver con la evolución
de los precios puede mirarse con indiferencia.
Los datos para el mes de abril resultaron más tranquilizadores
de lo que en algún momento se temió. Todo parece indicar
que aunque no se cumplirá este año con la meta señalada
por el Banco de la República no estamos frente a un desbordamiento
inflacionario. Las lluvias del último mes han facilitado una normalización
de las cosechas de alimentos producidos en el país. Empero, los
cereales importados, los combustibles y muchos precios de no transables
y aun de bienes controlados como los educativos y los servicios públicos,
siguen mostrando crecimientos anormalmente altos.
El Banco de la República tiene agotado el espacio político
y técnico para seguir aplicando la política de elevar las
tasas de interés. Hacerlo sería suicida. Y tanto más
cuando en Estados Unidos se siguen bajando las tasas de referencia del
FED. El incendio revaluacionista ya está lo suficientemente grave
como para que se le continúe echando gasolina con sucesivas elevaciones
de las tasas de interés del Banco de la República.
Nuestro Banco Central debe mantener una observación atenta pero
no histérica del comportamiento de los precios. Y no actuar sino
cuando vea que es absolutamente indispensable hacerlo. Por el momento
ese no parece ser el caso. El gobierno tampoco debe hacerse el loco con
este tema. El también tiene responsabilidades, sobre todo para
que hacia el futuro la inflación no vaya a salirse de madre. Desafortunadamente
el anteproyecto de presupuesto para 2009 (cuyas bases se han revelado
recientemente) da cuenta de la persistencia de una política alegre
de gasto público por parte del gobierno central que en nada ayuda
a construir una actitud colectiva antiinflacionaria.
Las abundantes lluvias de abril nos han proporcionado pues un margen de
tranquilidad en materia de precios. Por el momento luce más inquietante
la deteriorada situación política y la menesterosa condición
institucional a que están conduciendo los frecuentes y desconsiderados
ataques gubernamentales contra la justicia, que el comportamiento mismo
de los precios.
Pero no hay que quitarle el ojo a éstos últimos. En todo
el mundo están comenzando a despertarse los demonios de la inflación.
Las alzas desmesuradas de los alimentos y de los combustibles están
dando los primeros jalonazos. Y nosotros podríamos no ser una excepción.
Políticos
"rabo de paja"
Por William Acevedo Sánchez
Los intereses políticos particulares siguen manejando el panorama
nacional creando una incertidumbre fabricada en la mala imagen y la información
tergiversada enviada a nivel internacional. El escándalo de la
"parapolítica", que compartimos debe ser investigado
hasta sus últimas consecuencias y castigar a sus responsables directos
e indirectos por el daño causado a gente inocente, está
siendo utilizado para desviar la atención de muchas otras situaciones
y hechos que igualmente han manchado la historia y la honestidad del país.
Hechos de antes y de ahora.
La "parapolítica" ya quedó inscrita en las páginas
tristes y trágicas de Colombia, y las futuras generaciones la recordarán
como hoy se retoman en esa retrospectiva las que fueron escritas por quienes
en épocas pasadas también cometieron crímenes e injusticias
y que por voluntad de ley -que no de pueblo- les fueron "lavadas
las manos" para que cansados de delinquir bajo falsas doctrinas de
cambios sociales, se les permitiera ingresar a la vida democrática
del país.
Un escándalo saca a otro, como en la famosa frase del desquite,
y por esa razón hay políticos retornados de la clandestinidad
a quienes no les interesa que sus oscuros y cuestionados pasados salgan
a la luz pública y entonces dicen que se están lanzando
cortinas de humo para tapar investigaciones que lamentablemente involucran
a personas relacionadas con las esferas gubernamentales, y que sin duda
alguna deben responder a la justicia como individuos sin utilizar investiduras
ni menos al Estado. Pues, el otro escándalo que se quiere ocultar
nuevamente es el protagonizado por quienes salieron de la insurgencia
-que ya no fue con filosofía de pueblo- y que hoy pretenden mostrarse
como los "salvadores" y "limpiaconciencias" de la
clase política colombiana. Son quienes, sino dispararon, por lo
menos lo ordenaron y si no lo mandaron supieron cuándo y contra
quienes se iban a producir esos disparos.
Son aquellos que insisten en su participación insurgente solamente
con "ideología" y creación. Los "fierros"
que usaron los tuvieron de adorno o quizás como futuros tesoros
de colección para el museo particular. Lastimosamente quienes pueden
acusarlos murieron o callan hoy todavía por temor a que los liquiden,
como se "acostumbra" en estos nuestros tiempos violentos. Pero,
si la gente, el pueblo, por un momento logra abandonar -así sea
un instante- la amnesia que siempre le acompaña cuando le suenan
las tripas, descubrirá que los "salvadores" y "pulcros"
de hoy, "lavadores del honor", tienen tantos antecedentes y
actuaciones criminales como los que les señalan a sus contrincantes
políticos, los mismos que les abrieron las puertas del Congreso
para que bajaran de la montaña o salieran de la clandestinidad
urbana. "Quien tiene rabo de paja no debe arrimarse a la candela".
Gracias.
wacevesan@yahoo.com
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