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Humanología
Democracia real Vs. democracia retórica
Carlos Santa María
El pueblo colombiano se encuentra profundamente complacido porque, según
el último reporte del Dane, nos encontramos ubicados por encima
de varios países desarrollados y, lógicamente, en la punta
de las naciones tercermundistas en la superación del desempleo:
de cada cien trabajadores potenciales en nuestro país sólo
once están sin poder laborar y, lo que es más sorprendente,
las cifras están bajando más.
"Desafortunadamente" gente con baja autoestima en las calles
dice que no encuentra trabajo con el único fin de dañarnos
la reputación de nación de alto consumo. Sin embargo, pese
a lo anterior es factible explicar una contradicción insuperable
entre la realidad y los discursos sobre ella misma.
Jorge Eliécer Gaitán, el caudillo liberal masacrado por
la oligarquía dada su influencia en la vida nacional, estableció
teóricamente una diferencia conceptual entre las dos formas de
ver antagónicamente la democracia. Una de ellas era la real, es
decir, aquel proceso que busca establecer leyes igualitarias para todo
el pueblo de modo tal que las riquezas sean distribuidas de modo justo
y aquella forma representativa que basa su forma de hacer política
en los discursos altisonantes, enredados, pareciendo abstractos, aunque
en la práctica lo que esconden es una mentira falaz que determina
la pobreza de los seres humanos.
La democracia retórica es la que plantea en sus planes de desarrollo
gubernamentales o institucionales un proyecto de desenvolvimiento que
respetará la estabilidad laboral, los cimientos de la autonomía
a través de las elecciones de sus dignatarios como modo de garantizar
el derecho a seleccionar sus dirigentes, defenderá el deber de
pensar libremente, de modo tal que las disidencias sean escuchadas, que
los mecanismos de convivencia serán tratados en su real acepción
humana para que el temor y la violencia desaparezcan de la vida cotidiana
como herramientas disuasivas, entre otros criterios que profundizan la
concertación entre los ciudadanos.
En la práctica es una posición hipócrita porque su
política se destina a engrosar la burocracia, el clientelismo,
los grupos cerrados excluyentes, estableciendo regímenes de temor
basados en una persecución a los funcionarios que no comparten
el statu quo por medio de la amenaza del despido.
Uno de los elementos más socorridos es el uso de los medios para
publicitar reformas que conducen exactamente hacia el interés contrario
a las masas, lo que se oscurece a través de discursos lo más
difícil de entender confirmando aquel adagio según el cual
si no se puede convencer hay que confundir. Se instala en los terrenos
oscuros de la manipulación, la coerción y la fuerza persuasiva
de la palabra involucrada con la coacción.
La democracia real tiene como componentes básicos su sustento en
los derechos fundamentales del ser, como son aquellos que se dirigen hacia
el bienestar social y una permanente acción reivindicativa en la
construcción de condiciones sociales para el presente y el devenir
de la sociedad. Ello implica una credibilidad dada por la transparencia
del gobierno cuyos miembros integrantes de sus gabinetes demuestran con
su compromiso la generosa actitud de servicio que debe poseer todo funcionario
de lo público. La retribución no es concebida como un favor
(típica manipulación del clientelismo) sino como una obligación
propia de quien elige lo público como su carrera de vida.
Gaitán impulsó una reflexión intensa respecto a la
retórica que emana del poder como estrategia para convencer a los
incautos de lo positivo de las medidas, que naturalmente beneficiaban
a los poderosos, indicando la existencia de un cuerpo de personas encargados
de defender a ultranza caminos non santos. En nuestra región el
mensaje no puede ser más propio en estos momentos en que se debaten
proyectos institucionales de alta trayectoria, ya que de la conciencia
crítica que se posea frente a ello y la dirección ligada
a los intereses de las comunidades es que podrá darles una materialización
adecuada.
Corresponde a todo el pueblo pensar con intensidad en los verdaderos intereses
que guían las propuestas y allí mismo, en el debate, confrontar
las posiciones retardatarias con las que se sustentan y la democracia
real. Tener la mente clara y alerta es la gran oportunidad.
csantamaria21@yahoo.com
EQUINOCCIO
Atroces minas antipersonales
Emilio Coral Ojeda
Hasta cuándo en nombre del pueblo se seguirán cometiendo
atrocidades como la colocación indiscriminada de minas antipersonales
contra la población civil, cuyo delito consiste en habitar en sus
territorios ancestrales, ahora convertidos en escenarios de las acciones
violentas de quienes pregonan una cosa y hacen otra absolutamente cruel,
inhumana y atroz.
Hace pocos días una niña del pueblo indígena Awá,
de 13 años de edad, resultó víctima de una mina antipersonal
que la dejó para siempre sin sus piernas, en el corregimiento de
Ospina Pérez, municipio de Ricaurte, otra vez más en el
departamento de Nariño. Otras dos personas adultas y en condición
también de población civil fueron heridas y atendidas en
el corregimiento de Altaquer, municipio de Barbacoas, y afortunadamente
podrán recobrar su salud.
Según la Campaña contra Minas en Colombia, entre enero y
los primeros días del mes de mayo del año en curso han resultado
23 víctimas civiles de minas antipersonales en Nariño, 4
de las cuales perdieron la vida, y 3 niñas o niños han quedado
mutilados. En Samaniego ha habido 13 víctimas, 4 en Ricaurte, 2
en La Llanada, 2 en Tumaco y 1 en cada localidad de Cumbitara y Mallama.
En el quirófano del Hospital Universitario Departamental de Nariño
el personal médico tuvo que limpiarle al cirujano las lágrimas
que le salían de su condición humana al tener que amputarle
las piernas a esta niña.
La información que tenemos nos da a conocer que en estos territorios
hace presencia el accionar violento de grupos armados ilegales que en
la lógica de las acciones de guerra coloca minas antipersonales
contra su enemigo a muerte. Sin embargo alguna mínima ideología
política, algún rastro de argumentos ideológicos,
sacaría de manera absoluta a la población civil de los graves
riesgos de las minas antipersonales, en concordancia con una postura insurgente
concordante con el Derecho Internacional Humanitario y los Derechos Humanos
reconocidos como patrimonio histórico de la humanidad misma.
Tiene que llegar a ser intolerable, inadmisible e insoportable el que
haya más víctimas de las minas antipersonales, especialmente
los niños, niñas y adolescentes indígenas, afrodescendientes,
campesinos y colonos, por su condición de ser portadores de derechos
humanos, fundamentales y constitucionales que en nombre de una rebeldía
armada e insurgente se tiene que respetar y asumir como inviolables.
Los casos de minas antipersonales puestas indiscriminadamente contra el
pueblo indígena Awa merecen la inclusión, juzgamiento y
condena por parte de la Corte Penal Internacional y el Comité Interamericano
de Derechos Humanos por constituir crímenes de guerra y acciones
de lesa humanidad.
emiliocoral@gmail.com
Por
un país mejor
Jaime Goyes Andrade
El tema de las drogas siempre ha estado planteado frente a la comunidad,
pero es necesaria la reacción de aquellos que deben asumir la responsabilidad
y no, una vez más, mirar hacia otro lado. Aunque muchos se llenen
la boca gritando a los cuatro vientos que la droga está a la orden
del día, en cada rincón del país pocos son los que
se comprometen a combatir este flagelo.
Es más, son capaces de ver con sus propios ojos a jóvenes
consumiendo drogas pero no realizan ningún tipo de denuncia. Con
esta postura es muy difícil, prácticamente imposible, derrotar
este flagelo.
Aquellos que entran en el mundo de las drogas quedan apenas a un paso
del delito. Los números de la realidad así lo indican.
La batalla contra los estupefacientes debe atacar las causas sociales
que llevan a su creciente producción y consumo.
Es el desempleo, el desplazamiento, la violencia, el derrumbe de la enseñanza
pública, la destrucción de la familia, la falta de controles,
en definitiva, una vida sin presente y sin futuro, lo que lleva a la juventud
a la droga.
Es inconcebible exhibir ante los ojos de la gente que la solución
está en detener a los consumidores cuando se sabe que son tan víctimas
como la comunidad. Una vez más se debe insistir desde el poder
político sobre los controles y el óptimo funcionamiento
de las fuerzas públicas de seguridad.
Las campañas oficiales "contra la droga" son muy prácticas
para reprimir a los jóvenes, pero no para detener el avance de
este flagelo. Es necesario combatir el avance masivo de la droga para
defender a la juventud de su destrucción física y moral.
Así de simple. Y entenderlo es una cuestión de voluntad
y decisión política.
Hoy y ahora es el momento para empezar a admitir en qué circunstancias
vive Colombia y buscar corregir los errores que se han cometido anteriormente.
Si no se lo hace ahora, el futuro del país y de la sociedad cada
vez cogerá el camino de la perdición y la pobreza absoluta.
Las drogas enriquecen a unos y empobrecen a toda una sociedad, destruye
hogares, genera violencia, terrorismo, incluso hasta guerras, pues la
ambición de controlar ese mercado ilegal lleva a muchos que se
trancen en sendas disputas por el control del poder, un poder maligno
que está acabando con la humanidad.
Email: jaimego@colombia.com
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