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San Juan de Pasto, mayo 06 de 2008

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Humanología
Democracia real Vs. democracia retórica

Carlos Santa María

El pueblo colombiano se encuentra profundamente complacido porque, según el último reporte del Dane, nos encontramos ubicados por encima de varios países desarrollados y, lógicamente, en la punta de las naciones tercermundistas en la superación del desempleo: de cada cien trabajadores potenciales en nuestro país sólo once están sin poder laborar y, lo que es más sorprendente, las cifras están bajando más.
"Desafortunadamente" gente con baja autoestima en las calles dice que no encuentra trabajo con el único fin de dañarnos la reputación de nación de alto consumo. Sin embargo, pese a lo anterior es factible explicar una contradicción insuperable entre la realidad y los discursos sobre ella misma.
Jorge Eliécer Gaitán, el caudillo liberal masacrado por la oligarquía dada su influencia en la vida nacional, estableció teóricamente una diferencia conceptual entre las dos formas de ver antagónicamente la democracia. Una de ellas era la real, es decir, aquel proceso que busca establecer leyes igualitarias para todo el pueblo de modo tal que las riquezas sean distribuidas de modo justo y aquella forma representativa que basa su forma de hacer política en los discursos altisonantes, enredados, pareciendo abstractos, aunque en la práctica lo que esconden es una mentira falaz que determina la pobreza de los seres humanos.
La democracia retórica es la que plantea en sus planes de desarrollo gubernamentales o institucionales un proyecto de desenvolvimiento que respetará la estabilidad laboral, los cimientos de la autonomía a través de las elecciones de sus dignatarios como modo de garantizar el derecho a seleccionar sus dirigentes, defenderá el deber de pensar libremente, de modo tal que las disidencias sean escuchadas, que los mecanismos de convivencia serán tratados en su real acepción humana para que el temor y la violencia desaparezcan de la vida cotidiana como herramientas disuasivas, entre otros criterios que profundizan la concertación entre los ciudadanos.
En la práctica es una posición hipócrita porque su política se destina a engrosar la burocracia, el clientelismo, los grupos cerrados excluyentes, estableciendo regímenes de temor basados en una persecución a los funcionarios que no comparten el statu quo por medio de la amenaza del despido.
Uno de los elementos más socorridos es el uso de los medios para publicitar reformas que conducen exactamente hacia el interés contrario a las masas, lo que se oscurece a través de discursos lo más difícil de entender confirmando aquel adagio según el cual si no se puede convencer hay que confundir. Se instala en los terrenos oscuros de la manipulación, la coerción y la fuerza persuasiva de la palabra involucrada con la coacción.
La democracia real tiene como componentes básicos su sustento en los derechos fundamentales del ser, como son aquellos que se dirigen hacia el bienestar social y una permanente acción reivindicativa en la construcción de condiciones sociales para el presente y el devenir de la sociedad. Ello implica una credibilidad dada por la transparencia del gobierno cuyos miembros integrantes de sus gabinetes demuestran con su compromiso la generosa actitud de servicio que debe poseer todo funcionario de lo público. La retribución no es concebida como un favor (típica manipulación del clientelismo) sino como una obligación propia de quien elige lo público como su carrera de vida.
Gaitán impulsó una reflexión intensa respecto a la retórica que emana del poder como estrategia para convencer a los incautos de lo positivo de las medidas, que naturalmente beneficiaban a los poderosos, indicando la existencia de un cuerpo de personas encargados de defender a ultranza caminos non santos. En nuestra región el mensaje no puede ser más propio en estos momentos en que se debaten proyectos institucionales de alta trayectoria, ya que de la conciencia crítica que se posea frente a ello y la dirección ligada a los intereses de las comunidades es que podrá darles una materialización adecuada.
Corresponde a todo el pueblo pensar con intensidad en los verdaderos intereses que guían las propuestas y allí mismo, en el debate, confrontar las posiciones retardatarias con las que se sustentan y la democracia real. Tener la mente clara y alerta es la gran oportunidad.

csantamaria21@yahoo.com

EQUINOCCIO
Atroces minas antipersonales

Emilio Coral Ojeda

Hasta cuándo en nombre del pueblo se seguirán cometiendo atrocidades como la colocación indiscriminada de minas antipersonales contra la población civil, cuyo delito consiste en habitar en sus territorios ancestrales, ahora convertidos en escenarios de las acciones violentas de quienes pregonan una cosa y hacen otra absolutamente cruel, inhumana y atroz.
Hace pocos días una niña del pueblo indígena Awá, de 13 años de edad, resultó víctima de una mina antipersonal que la dejó para siempre sin sus piernas, en el corregimiento de Ospina Pérez, municipio de Ricaurte, otra vez más en el departamento de Nariño. Otras dos personas adultas y en condición también de población civil fueron heridas y atendidas en el corregimiento de Altaquer, municipio de Barbacoas, y afortunadamente podrán recobrar su salud.
Según la Campaña contra Minas en Colombia, entre enero y los primeros días del mes de mayo del año en curso han resultado 23 víctimas civiles de minas antipersonales en Nariño, 4 de las cuales perdieron la vida, y 3 niñas o niños han quedado mutilados. En Samaniego ha habido 13 víctimas, 4 en Ricaurte, 2 en La Llanada, 2 en Tumaco y 1 en cada localidad de Cumbitara y Mallama.
En el quirófano del Hospital Universitario Departamental de Nariño el personal médico tuvo que limpiarle al cirujano las lágrimas que le salían de su condición humana al tener que amputarle las piernas a esta niña.
La información que tenemos nos da a conocer que en estos territorios hace presencia el accionar violento de grupos armados ilegales que en la lógica de las acciones de guerra coloca minas antipersonales contra su enemigo a muerte. Sin embargo alguna mínima ideología política, algún rastro de argumentos ideológicos, sacaría de manera absoluta a la población civil de los graves riesgos de las minas antipersonales, en concordancia con una postura insurgente concordante con el Derecho Internacional Humanitario y los Derechos Humanos reconocidos como patrimonio histórico de la humanidad misma.
Tiene que llegar a ser intolerable, inadmisible e insoportable el que haya más víctimas de las minas antipersonales, especialmente los niños, niñas y adolescentes indígenas, afrodescendientes, campesinos y colonos, por su condición de ser portadores de derechos humanos, fundamentales y constitucionales que en nombre de una rebeldía armada e insurgente se tiene que respetar y asumir como inviolables.
Los casos de minas antipersonales puestas indiscriminadamente contra el pueblo indígena Awa merecen la inclusión, juzgamiento y condena por parte de la Corte Penal Internacional y el Comité Interamericano de Derechos Humanos por constituir crímenes de guerra y acciones de lesa humanidad.
emiliocoral@gmail.com

Por un país mejor
Jaime Goyes Andrade

El tema de las drogas siempre ha estado planteado frente a la comunidad, pero es necesaria la reacción de aquellos que deben asumir la responsabilidad y no, una vez más, mirar hacia otro lado. Aunque muchos se llenen la boca gritando a los cuatro vientos que la droga está a la orden del día, en cada rincón del país pocos son los que se comprometen a combatir este flagelo.
Es más, son capaces de ver con sus propios ojos a jóvenes consumiendo drogas pero no realizan ningún tipo de denuncia. Con esta postura es muy difícil, prácticamente imposible, derrotar este flagelo.
Aquellos que entran en el mundo de las drogas quedan apenas a un paso del delito. Los números de la realidad así lo indican.
La batalla contra los estupefacientes debe atacar las causas sociales que llevan a su creciente producción y consumo.
Es el desempleo, el desplazamiento, la violencia, el derrumbe de la enseñanza pública, la destrucción de la familia, la falta de controles, en definitiva, una vida sin presente y sin futuro, lo que lleva a la juventud a la droga.
Es inconcebible exhibir ante los ojos de la gente que la solución está en detener a los consumidores cuando se sabe que son tan víctimas como la comunidad. Una vez más se debe insistir desde el poder político sobre los controles y el óptimo funcionamiento de las fuerzas públicas de seguridad.
Las campañas oficiales "contra la droga" son muy prácticas para reprimir a los jóvenes, pero no para detener el avance de este flagelo. Es necesario combatir el avance masivo de la droga para defender a la juventud de su destrucción física y moral. Así de simple. Y entenderlo es una cuestión de voluntad y decisión política.
Hoy y ahora es el momento para empezar a admitir en qué circunstancias vive Colombia y buscar corregir los errores que se han cometido anteriormente.
Si no se lo hace ahora, el futuro del país y de la sociedad cada vez cogerá el camino de la perdición y la pobreza absoluta.
Las drogas enriquecen a unos y empobrecen a toda una sociedad, destruye hogares, genera violencia, terrorismo, incluso hasta guerras, pues la ambición de controlar ese mercado ilegal lleva a muchos que se trancen en sendas disputas por el control del poder, un poder maligno que está acabando con la humanidad.

Email: jaimego@colombia.com