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A
mejorar la seguridad laboral
GUILLERMO ANDRES ORTEGA DIAZ
Hace unos días se celebró, sin pena ni gloria, el Día
Mundial de la Seguridad en el Trabajo, y al parecer ninguna entidad se
conmueve de los miles de empleados en Colombia y el mundo que están
desamparados en riesgos laborales. Las cifras así lo demuestran.
Según un informe de la Organización Internacional del Trabajo
(OIT) cada año mueren 2,2 millones de personas en el mundo por
accidentes laborales.
Anualmente se detectan 160 millones de casos nuevos de enfermedades profesionales.
La OIT calculó en 2005 que 2,2 millones de personas morían
cada año en el mundo a causa de accidentes y enfermedades relacionados
con el trabajo. Desde entonces parece que esa cifra ha ido en aumento.
Además, anualmente se registran unos 270 millones de accidentes
laborales no mortales y 160 millones de casos nuevos de enfermedades profesionales.
Al parecer varias empresas se pasan por la faja esta ley de asegurar a
sus empleados. En el peor de los casos algunos trabajadores no cuentan
con los elementos necesarios para su quehacer diario, como cascos protectores,
guantes, entre otros.
Parece insignificante, pero una silla no ergonómica puede causar
los peores dolores de columna y generar un problema a los trabajadores
que están más de ocho horas sentados. Según el reporte
de riesgos profesionales y el Ministerio de Protección Social,
ocho de cada 10 empleados de oficina sufren problemas en la columna vertebral.
Por ello la OIT puso a disposición el informe "Mi vida, mi
trabajo, mi vida en seguridad: Gestión del riesgo en el medio laboral".
En él propone cuatro medidas claves para reducir los riesgos laborales:
eliminarlos en su origen, imponer controles, proporcionar métodos
de trabajo seguros y utilizar equipos de protección personal.
La OIT señala en su informe el elevado lastre económico
que suponen los accidentes y las afecciones de salud relacionadas con
el trabajo. En este sentido subraya que el valor económico mundial
equivale al 4% del producto nacional bruto mundial, más de 20 veces
la suma destinada a la asistencia oficial para el desarrollo.
En Colombia los trabajadores que son más propensos a sufrir accidentes
son los obreros. El año pasado fallecieron más de 80 constructores
que no contaban con una aseguradora de riesgos profesionales.
Destellos
FAUSTO MOLINA REYES
Todas las instituciones sociales están infiltradas
Sobre todo las instituciones que atienden los niños, niñas
y jóvenes, la salud, la educación, la rehabilitación,
las mujeres y grupos de personas en alta vulnerabilidad, que son sus preferidas
y más apetecidas por los infiltrados; por eso muchas de estas organizaciones,
casi todas, se encuentran infiltradas por hombres y mujeres perversos
que intencionalmente buscan resultados opuestos y profundamente destructores
a los fines supuestamente pretendidos por las propias organizaciones.
Ellos no tocan dineros, o bienes institucionales su único objetivo
son las personas "que atienden".
Son difíciles de detectar estos "trabajadores", no obstante
el daño que hacen y producen en sus afectados porque saben enmascarar
sus nefastas intenciones con apariencias socialmente y humanamente aceptables,
diligencias, eficiencias y eficacias; porque es en sus corazones donde
se anidan sus verdaderas y nefastas intenciones. Son una especie de sacerdotes
que a través de "sus ritos" al interior de las instituciones
que las contratan se alimentan del daño que hacen a los sectores
que "dicen atender", sirviendo a sus oscuras causas.
Es en estos centros donde se infiltran los enemigos y adversos elementos
de sus objetos de atención para darle rienda suelta a sus maldades
y corazones llenos de amargura. Muchos de los ejecutivos, profesionales,
técnicos, auxiliares, etc., que se vinculan a estas organizaciones,
están al servicio de causas totalmente adversas a sus propias especialidades
y experiencias, las cuales usan para sus propios fines o inclinaciones
oscuras.
Muchos de los ambientes laborales y climas organizacionales al interior
de estas entidades están tan pervertidos que nadie lo nota, nadie
lo discierne y nadie se da cuenta; para ellos todo es igual y este es
el mejor disfraz con que cuentan los infiltrados apoyados inclusive por
otros influyentes externos y simpatizantes internos, y no pocos. Más
presupuestos, más personal calificado y más expansión
los oculta mejor. Son atractivos, visten bien, buenos relacionistas, tienen
apariencia de bondad, pertenecen a buenas familias, y se expresan notablemente,
son simpáticos y a veces atraen adeptos, aunque no siempre tienen
estas cualidades o apariencias. El único fin de estos son las poblaciones
objeto: niños, niñas, adolescentes, mujeres en indefensión
y personas en alta vulnerabilidad.
Las muertes prematuras, las desapariciones inexplicables, los accidentes
recurrentes, las pérdidas humanas, etc. internas son atribuidas
a todo menos a los infiltrados que son casi siempre sus autores. Los infiltrados
son difíciles de detectar a la hora de ser seleccionados, vinculados,
entrevistados o contratados, porque no dan muestras de "rarezas"
o excentricidades que los descalifique; por el contrario, "se convierten
en los mejores postores para el cargo" y se aferran a sus posiciones
moviendo cielo y tierra para cumplir sus nefastas tareas al interior de
ellas. A veces "prestan sus servicios" en varios entes similares.
En otros niveles, sólo en otros niveles, donde no tendrían
la importancia de los primeros, se denomina infiltrado a todo ejecutivo,
directivo, profesional, funcionario, técnico o trabajador, que
sistemáticamente, e invadidos por la mediocridad, retrasan sus
obligaciones, suspenden abruptamente sus responsabilidades, continuamente
abandonan sus puestos de trabajo, irresponsablemente usan para sí
los equipos, la firma y los bienes no suyos.
Aquellos que desprecian despectivamente y sin dolor la población
objeto de atención, lo son también todos los que obstaculizan
con artimañas e intenciones oscuras el normal desarrollo de las
actividades propias de la institución, menoscabando su cabal desempeño.
Los que intencionalmente ocultan información valiosa y quienes
se "agarran" de leguleyadas para provecho personal, también
son infiltrados.
¿El Congreso es irremediablemente un pato rengo?
Rudolf Homms
La situación política que se ha creado con la crisis provocada
por el escándalo de la 'parapolítica' no permite prever
una salida fácil. El Congreso es consciente de su debilidad y de
la vulnerabilidad en que lo ha colocado el 'paraescándalo', y es
por eso por lo que está adoptando medidas que lo pueden reivindicar,
como ha sido rescatar "la silla vacía" en condiciones
aceptables para la opinión pública. Esto se logró
porque el Partido Liberal y los distintos partidos y grupos uribistas
actuaron coordinadamente y llegaron a una solución de compromiso
(la silla se pierde provisionalmente cuando el parlamentario tiene que
renunciar a su curul, y definitivamente si es condenado).
Este logro y el acuerdo político que lo hizo posible indican que
habría una salida institucional a la situación actual si
el Partido Liberal y los partidos y facciones uribistas se ponen de acuerdo
y si el Congreso se comportara ejemplarmente en lo que resta de su período,
aunque sobre la elección de un número demasiado elevado
de parlamentarios pesa la sospecha de que fueron elegidos por los grupos
armados o por las mafias regionales, o impuestos por ellos. Esto es lo
que "tiene en estado de absoluta ilegitimidad a todo el sistema político
y, principalmente, al Congreso de la República", como lo afirma
Rafael Pardo.
Pero si nos ponemos a cazar brujas y a purgar no solamente a los culpables,
sino a todo el Parlamento, pagarían justos y pecadores, se le haría
un gran daño al Polo y es posible que todo conduzca a un callejón
sin salida. Con esta perspectiva, si nos tapamos la nariz, puede tener
sentido la idea de buscar soluciones intermedias.
La "silla vacía" y las medidas complementarias que el
Congreso adopte para corregir los defectos del sistema electoral actual
y para purgar la política serían un desagravio suficiente
para enmendar la grave falta cometida y el engaño implícito,
si con ellas se instauran y aplican severas penalidades que sirvan para
disuadir a quienes acuden al clientelismo, a la corrupción o a
la fuerza para hacer política.
Un complemento indispensable sería que el sistema judicial siga
investigando los casos de 'parapolítica' y que tome oportunamente
las decisiones que sean del caso y aplique las sanciones correspondientes,
sin interferencias, amenazas o presiones indebidas.
En esas condiciones, el actual Congreso podría sobrevivir hasta
la próxima elección, pero sería un pato rengo porque
no tendría la legitimidad que se requiere para hacer profundos
cambios institucionales o para cambiar la Constitución, lo cual
sería una frustración tanto para quienes están abriendo
el camino para la administración de Uribe III, como para quienes
ven la oportunidad de desempeñar un papel político importante
en los próximos dos años liderando o coadyuvando a una salida
de la crisis.
Esta situación alinea en cierta medida los intereses de una fracción
del uribismo y los de los dirigentes del Partido Liberal y haría
posible un acuerdo entre ellos. Pero los compromisos políticos
que son necesarios para llegar a este acuerdo y para que emprendan conjuntamente
un revolcón institucional son muy difíciles de lograr.
El tema de la reelección puede ser uno de los mayores obstáculos
porque por fuera del uribismo, y aun dentro de algunas de sus facciones,
habría mucha resistencia a aceptar la enmienda constitucional que
se necesita para un tercer período del Presidente. Y si este renuncia
a su aspiración, querrá que otros ex presidentes también
lo hagan. La probabilidad de que todos ellos sacrifiquen sus ambiciones
políticas para fortalecer el sistema no es fácilmente estimable,
aunque el momento exige audacia y desprendimiento.
Es posible entonces que lo mejor que se logre es que este Congreso sobreviva,
pero quede muy débil. Podría convenir renovarlo, pero para
hacerlo se tiene que contar con el Polo y con garantías de que
no va a volver a ocurrir lo mismo.
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