Primera Página
Al Cierre
Barrios

Cartas

Deportes
Editorial
Ipiales
Judiciales
La Ciudad
Municipios
Nacional
Opiniones
Política
Putumayo

Tumaco

Deportivísimo






 

San Juan de Pasto, mayo 01 de 2008

JUEVES

Archivo Mensual
L
M
M
J
V
S
D
- - - 1 2 3 4
5 6 7 8 9 10 11
12 13 14 15 16 17 18
19 20 21 22 23 24 25
26 27 28 29 30 31 -
- -




ENCUESTA


¿Clasificará el Deportivo Pasto a la semifinal del fútbol colombiano?

Si: No:
Si:
47.5%
No:
52.5%
Número de votos: 978













diariodelsur@diariodelsur.com.co

PEON
CENTRALES DE PAPEL

"La fuerza y la eficacia del trabajo de los obreros es tanta, que con grandísima verdad se puede decir que la riqueza de los pueblos no la hace sino el trabajo de los obreros".
León XIII

Por Luis Eduardo Solarte Pastás

Dentro de la conflictiva vida nacional tenemos Centrales Obreras de papel. Todas en su momento surgieron con la intención de lograr la tan anunciada unidad de la clase asalariada del país para dizque luchar por la defensa de su bienestar y de sus derechos contra la explotación que ejercen los dueños de los medios de producción.
En pleno Siglo XXI ese noble objetivo se ha hecho realidad. La CTC, la UTC, la CSTC, la CUT, la CDTC enarbolaron su bandera de creación bajo ese principio, pero debido a múltiples factores de organización, políticos y personales, no pudieron cumplir la finalidad propuesta. Lo único que han conseguido es acrecentar el divisionismo del movimiento sindical y permitir que los partidos políticos tradicionales y otros supuestamente alternativos se adueñen y se aprovechen de él.
Hoy las Centrales Obreras que subsisten buscan afanosamente desarrollar una política económica que facilite, por medio de reformas, la conquista de ciertas reivindicaciones laborales para todos sus afiliados y afiliadas. Sin embargo, al existir este tipo de organizaciones sindicales, orientadas y alimentadas con una mentalidad individual que piensa en el puro economicismo, conlleva en la mayoría de los casos, a su propia degeneración ante los constantes enfrentamientos que en su interior se suscitan por querer manejar bajo un arbitrio personal la actividad económica.
Lo precedente, sumado al hecho de que nuestra legislación tolere el pareralismo confederal, la proliferación egoísta de grupos y tendencias en su seno, lo mismo que el criterio absolutista y dogmático con que sus dirigentes sindicales han entendido la política del movimiento, hace cada vez lejano e imposible el camino de la clase obrera para constituirse en un partido político independiente que le facilite llegar al poder.
Sin excepción alguna, las confederaciones que han aparecido en la historia del país siempre han estado dependiendo de tal o cual partido político. Esto parece indicar que únicamente les interesa adelantar una lucha económica, estomacal: Están convencidos que el fin del sindicalismo sólo consiste en la batalla diaria por el contrato colectivo, por el alza de salarios, por la defensa de las prestaciones, etc.
Es verdad que las reivindicaciones laborales son los medios de lucha con que cuenta un eficaz movimiento sindical para frenar los atropellos de la clase capitalista, pero nunca son su esencia. Su naturaleza está en querer acabar con la explotación del capitalismo, rescatar para el obrero colectivo la propiedad social de los medios de producción, el dominio real de la riqueza que el trabajo produce. Lamentablemente aquí en Colombia ante la fuerte influencia que tiene la burguesía dentro del sindicalismo, no ha podido dar el paso que se requiere para destronarla.
Sus dirigentes se han dejado embaucar en más de una ocasión por las reformas paternalistas y esto, a la postre, ha hecho que los obreros no avancen de la lucha económica a una lucha política que se oponga a los intereses que como clase dominante tiene este sistema capitalista.
Mientras el sistemas sindical continúe siendo manejado con una tónica totalmente economicista, individualista y divisionista en cada una de las Centrales que hoy existen, jamás se podrá alcanzar la anhelada unión de la clase obrera, ni se podrá constituir en un partido político que pueda propugnar por el cambio que requiere el país. Por consiguiente, la unión de los asalariados sólo es posible a través de la consolidación de un partido que represente sus propios intereses...
solarpastas@hotmail.com

Día Internacional del Trabajo
Por Luis Carlos Burbano

Es una tradición y no sólo para los colombianos, la celebración del Día Internacional del Trabajo a través de protestas callejeras en las que se saca a relucir el déficit de empleos, los bajos salarios, las malas condiciones laborales, violaciones a los derechos del trabajador y el régimen político que causa o tolera esos males.
Sin lugar a dudas, en Colombia hoy se protestará por el Tratado de Libre Comercio, TLC, el alto costo de la vida y otros temas que nunca pierden vigencia, sin dejar atrás lo social como lo ha hecho el gobierno de turno, debido a los múltiples problemas de orden político a los cuales les ha dedicado la mayor parte del tiempo sin tener en cuenta otras necesidades de los colombianos.
Las protestas de hoy, 1 de Mayo, son un obligado ritual para todo aquel que se precie de ser un auténtico militante de izquierda, contra el gobierno de turno que casi siempre es de derecha.
Muchas de las quejas de los manifestantes hacen referencia a problemas reales que vive la sociedad. Mientras unos protestan abiertamente por su inconformismo, otros se guardan sus frustraciones, se desahogan en una cantina o en la intimidad de sus hogares.
La mayoría se toma el Día del Trabajo como cualquier otro día de descanso, sin conciencia de lo afortunados que son por tener un empleo estable, sin preguntarse qué pueden hacer para que su labor sea más productiva.
Nos hemos acostumbrado a que el Día del Trabajo sea un día de protestas o de ocio, no un día de reflexión, agradecimiento o celebración.
Al Estado le corresponde incentivar la creación de empleos y proteger los derechos más elementales de los individuos, que son más vulnerables en la relación laboral.
Los empresarios deben sacrificar un poco de su capital financiero para proteger su capital humano. Los trabajadores deben corresponder con lealtad, responsabilidad y esfuerzo para incrementar la productividad y bajar los costos de producción.
Los trabajadores necesitan soluciones novedosas a los problemas de hoy que no son más que una muestra palpable del abandono estatal que más se ha interesado por lo político que por lo social. Feliz Día del trabajo.

¿Estamos blindados?
JUAN CAMILO RESTREPO


Algunos funcionarios del gobierno han dado altisonantes declaraciones proclamando que Colombia está blindada contra el espectro del hambre y de la
carestía de alimentos que ronda por el mundo en estos días.
Todo depende, naturalmente, de lo que se entienda por "estar blindados". Si con
ello se quiere decir que en el horizonte del país no se observa el riesgo de
una hambruna como la que ha tocado las puertas de varios países africanos o
de Haití, tienen razón.
Pero si por "estar blindados" se quiere decir que Colombia está al abrigo de
todo coletazo frente a la monumental alza del precio de los alimentos que vive
el mundo, están rotundamente equivocados.
La llamarada de los precios internacionales de los alimentos y de algunos insumos básicos de la agricultura como los fertilizantes, tiene un indiscutible efecto sobre la inflación, sobre la productividad del campo y sobre la distribución del ingreso en Colombia. El alza en los cereales, durante el último semestre, alcanza guarismos del 100% y más.
Es evidente que la crisis de la comida cara tomó de sorpresa a todo el mundo. A las grandes potencias, que hasta hace poco estaban reduciendo irresponsablemente sus presupuestos de ayuda alimentaria hacia el tercer mundo. Y a las Naciones Unidas y a la misma FAO, cuyos programas de ayuda alimentaria deben afrontar la crisis completamente desfinanciados.
Todos los análisis que se hacen coinciden en que el problema, más que de
oferta -hay suficientes cosechas e inventarios en el mundo- es de demanda. La
gente más desvalida de los países más pobres no dispone de ingreso suficiente para adquirir una canasta equilibrada de alimentos.
De allí que el hambre acosa, según cálculos recientes, a un 18% de la
población del mundo. Mucha gente está teniendo que destinar un porcentaje
agobiantemente alto de su ingreso para comprar comida.
En Colombia, por fortuna, esta monumental crisis de los alimentos no debería
traducirse en hambruna. Pero es evidente que algunos de los alimentos o
materias primas importadas se han encarecido de manera dramática o están a punto de hacerlo. Ciertos precios internos no se podrán mantener aislados de
lo que está aconteciendo en los mercados internacionales (como es el caso de
la leche) so pena de desalentar la producción nacional, como está aconteciendo en Venezuela o en la Argentina. También es evidente que algunas cadenas, como la avícola o la de los concentrados pecuarios, al tener una clara dependencia de insumos importados verán afectados sus costos. Y tendrán, por tanto, que ajustar precios.
En un mundo interconectado como el actual, es imposible pretender que
podemos mantenernos aislados. Contra la globalización no hay blindajes -para
bien o para mal- que valgan.