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PEON
CENTRALES DE PAPEL
"La fuerza y la eficacia del trabajo de los obreros es tanta, que
con grandísima verdad se puede decir que la riqueza de los pueblos
no la hace sino el trabajo de los obreros".
León XIII
Por Luis Eduardo Solarte Pastás
Dentro de la conflictiva vida nacional tenemos Centrales Obreras de papel.
Todas en su momento surgieron con la intención de lograr la tan
anunciada unidad de la clase asalariada del país para dizque luchar
por la defensa de su bienestar y de sus derechos contra la explotación
que ejercen los dueños de los medios de producción.
En pleno Siglo XXI ese noble objetivo se ha hecho realidad. La CTC, la
UTC, la CSTC, la CUT, la CDTC enarbolaron su bandera de creación
bajo ese principio, pero debido a múltiples factores de organización,
políticos y personales, no pudieron cumplir la finalidad propuesta.
Lo único que han conseguido es acrecentar el divisionismo del movimiento
sindical y permitir que los partidos políticos tradicionales y
otros supuestamente alternativos se adueñen y se aprovechen de
él.
Hoy las Centrales Obreras que subsisten buscan afanosamente desarrollar
una política económica que facilite, por medio de reformas,
la conquista de ciertas reivindicaciones laborales para todos sus afiliados
y afiliadas. Sin embargo, al existir este tipo de organizaciones sindicales,
orientadas y alimentadas con una mentalidad individual que piensa en el
puro economicismo, conlleva en la mayoría de los casos, a su propia
degeneración ante los constantes enfrentamientos que en su interior
se suscitan por querer manejar bajo un arbitrio personal la actividad
económica.
Lo precedente, sumado al hecho de que nuestra legislación tolere
el pareralismo confederal, la proliferación egoísta de grupos
y tendencias en su seno, lo mismo que el criterio absolutista y dogmático
con que sus dirigentes sindicales han entendido la política del
movimiento, hace cada vez lejano e imposible el camino de la clase obrera
para constituirse en un partido político independiente que le facilite
llegar al poder.
Sin excepción alguna, las confederaciones que han aparecido en
la historia del país siempre han estado dependiendo de tal o cual
partido político. Esto parece indicar que únicamente les
interesa adelantar una lucha económica, estomacal: Están
convencidos que el fin del sindicalismo sólo consiste en la batalla
diaria por el contrato colectivo, por el alza de salarios, por la defensa
de las prestaciones, etc.
Es verdad que las reivindicaciones laborales son los medios de lucha con
que cuenta un eficaz movimiento sindical para frenar los atropellos de
la clase capitalista, pero nunca son su esencia. Su naturaleza está
en querer acabar con la explotación del capitalismo, rescatar para
el obrero colectivo la propiedad social de los medios de producción,
el dominio real de la riqueza que el trabajo produce. Lamentablemente
aquí en Colombia ante la fuerte influencia que tiene la burguesía
dentro del sindicalismo, no ha podido dar el paso que se requiere para
destronarla.
Sus dirigentes se han dejado embaucar en más de una ocasión
por las reformas paternalistas y esto, a la postre, ha hecho que los obreros
no avancen de la lucha económica a una lucha política que
se oponga a los intereses que como clase dominante tiene este sistema
capitalista.
Mientras el sistemas sindical continúe siendo manejado con una
tónica totalmente economicista, individualista y divisionista en
cada una de las Centrales que hoy existen, jamás se podrá
alcanzar la anhelada unión de la clase obrera, ni se podrá
constituir en un partido político que pueda propugnar por el cambio
que requiere el país. Por consiguiente, la unión de los
asalariados sólo es posible a través de la consolidación
de un partido que represente sus propios intereses...
solarpastas@hotmail.com
Día
Internacional del Trabajo
Por Luis Carlos Burbano
Es una tradición y no sólo para los colombianos, la celebración
del Día Internacional del Trabajo a través de protestas
callejeras en las que se saca a relucir el déficit de empleos,
los bajos salarios, las malas condiciones laborales, violaciones a los
derechos del trabajador y el régimen político que causa
o tolera esos males.
Sin lugar a dudas, en Colombia hoy se protestará por el Tratado
de Libre Comercio, TLC, el alto costo de la vida y otros temas que nunca
pierden vigencia, sin dejar atrás lo social como lo ha hecho el
gobierno de turno, debido a los múltiples problemas de orden político
a los cuales les ha dedicado la mayor parte del tiempo sin tener en cuenta
otras necesidades de los colombianos.
Las protestas de hoy, 1 de Mayo, son un obligado ritual para todo aquel
que se precie de ser un auténtico militante de izquierda, contra
el gobierno de turno que casi siempre es de derecha.
Muchas de las quejas de los manifestantes hacen referencia a problemas
reales que vive la sociedad. Mientras unos protestan abiertamente por
su inconformismo, otros se guardan sus frustraciones, se desahogan en
una cantina o en la intimidad de sus hogares.
La mayoría se toma el Día del Trabajo como cualquier otro
día de descanso, sin conciencia de lo afortunados que son por tener
un empleo estable, sin preguntarse qué pueden hacer para que su
labor sea más productiva.
Nos hemos acostumbrado a que el Día del Trabajo sea un día
de protestas o de ocio, no un día de reflexión, agradecimiento
o celebración.
Al Estado le corresponde incentivar la creación de empleos y proteger
los derechos más elementales de los individuos, que son más
vulnerables en la relación laboral.
Los empresarios deben sacrificar un poco de su capital financiero para
proteger su capital humano. Los trabajadores deben corresponder con lealtad,
responsabilidad y esfuerzo para incrementar la productividad y bajar los
costos de producción.
Los trabajadores necesitan soluciones novedosas a los problemas de hoy
que no son más que una muestra palpable del abandono estatal que
más se ha interesado por lo político que por lo social.
Feliz Día del trabajo.
¿Estamos
blindados?
JUAN CAMILO RESTREPO
Algunos funcionarios del gobierno han dado altisonantes declaraciones
proclamando que Colombia está blindada contra el espectro del hambre
y de la
carestía de alimentos que ronda por el mundo en estos días.
Todo depende, naturalmente, de lo que se entienda por "estar blindados".
Si con
ello se quiere decir que en el horizonte del país no se observa
el riesgo de
una hambruna como la que ha tocado las puertas de varios países
africanos o
de Haití, tienen razón.
Pero si por "estar blindados" se quiere decir que Colombia está
al abrigo de
todo coletazo frente a la monumental alza del precio de los alimentos
que vive
el mundo, están rotundamente equivocados.
La llamarada de los precios internacionales de los alimentos y de algunos
insumos básicos de la agricultura como los fertilizantes, tiene
un indiscutible efecto sobre la inflación, sobre la productividad
del campo y sobre la distribución del ingreso en Colombia. El alza
en los cereales, durante el último semestre, alcanza guarismos
del 100% y más.
Es evidente que la crisis de la comida cara tomó de sorpresa a
todo el mundo. A las grandes potencias, que hasta hace poco estaban reduciendo
irresponsablemente sus presupuestos de ayuda alimentaria hacia el tercer
mundo. Y a las Naciones Unidas y a la misma FAO, cuyos programas de ayuda
alimentaria deben afrontar la crisis completamente desfinanciados.
Todos los análisis que se hacen coinciden en que el problema, más
que de
oferta -hay suficientes cosechas e inventarios en el mundo- es de demanda.
La
gente más desvalida de los países más pobres no dispone
de ingreso suficiente para adquirir una canasta equilibrada de alimentos.
De allí que el hambre acosa, según cálculos recientes,
a un 18% de la
población del mundo. Mucha gente está teniendo que destinar
un porcentaje
agobiantemente alto de su ingreso para comprar comida.
En Colombia, por fortuna, esta monumental crisis de los alimentos no debería
traducirse en hambruna. Pero es evidente que algunos de los alimentos
o
materias primas importadas se han encarecido de manera dramática
o están a punto de hacerlo. Ciertos precios internos no se podrán
mantener aislados de
lo que está aconteciendo en los mercados internacionales (como
es el caso de
la leche) so pena de desalentar la producción nacional, como está
aconteciendo en Venezuela o en la Argentina. También es evidente
que algunas cadenas, como la avícola o la de los concentrados pecuarios,
al tener una clara dependencia de insumos importados verán afectados
sus costos. Y tendrán, por tanto, que ajustar precios.
En un mundo interconectado como el actual, es imposible pretender que
podemos mantenernos aislados. Contra la globalización no hay blindajes
-para
bien o para mal- que valgan.
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