Palabras
altisonantes
Luis Carlos Burbano C.
El enfrentamiento verbal de los gobiernos de Ecuador y Venezuela contra
el presidente Alvaro Uribe Vélez, es un show como para alquilar
balcón, no por lo fundamentadas que estén sus acusaciones
sino por el lenguaje vulgar que utilizan tan altos dignatarios.
Comparados con una verdulera son unos verdaderos campeones en mal trato,
intriga y aseveraciones que no van más allá de denigrar
de un gobierno que lo único que hace es buscar la paz que se ha
visto esquiva por la culpa de irresponsables que quieren convertir a Colombia
en un campo de guerra.
Lástima que contemos con tan malos, perdón pésimos
vecinos que como viejas chismosas se meten en lo que nos les importa.
Caso palpable se vive con el presidente Hugo Chávez Frías,
un "gobernante" de tierras ajenas, a quien más le importa
los problemas ajenos que aquellos que atañen a su país.
¿O es que acaso en Venezuela no existen grandes cordones de miseria,
o acaso se le olvidó que el 80 por ciento de la niñez de
ese país se encuentra en la indigencia?
La actuación de Chávez no es más que un acto de impotencia,
tal parece que su país se le salió de las manos y está
haciendo protagonismo para sobresalir entre los vecinos que tan odiado
lo tienen. En otras palabras, se podría decir que es una cortina
de humo para tantos problemas que tiene el hermano país.
Ni que decir del presidente Rafael Correa, un mandatario que si bien es
cierto tiene la razón al reclamar la invasión de su territorio
por parte de las tropas colombianas, sus modales no son dignos de un mandatario
al referirse en términos descomedidos contra el presidente de los
colombianos. Sin lugar a dudas dejó entrever que el escándalo
lo protagonizó orquestado por el mandatario venezolano que no quiere
la paz para Colombia.
Comprometido en tamaño zafarrancho, no le queda más que
seguir insistiendo en demandar e irse hasta las últimas consecuencias,
a fin de sacar un honor en limpio. ¡Pero qué limpio puede
ser si en uno de los computadores de Raúl Reyes lo implica con
tener relaciones estrechas con la guerrilla de las Farc! A nadie le cabe
en la cabeza que a través de la guerra se consigue la paz.
TRAGACANTO
Olimpia de Gouges Decir que poco se oye hablar de ella es exagerar y mentir a
la vez. De Olimpia de Gouges saben muy poquitas personas, y de entre ese
escaso grupo de personas que puedan tener algún dato referencial
con respecto a Olimpia debe ser aún más reducido el grupo
de mujeres que puedan hablar al menos algo sobre el lugar y la fecha de
su nacimiento y por qué forma parte de la historia de la cultura
occidental. Ella, Olimpia, no puede ser señalada en cualquiera
de las páginas del santoral católico cristiano pese a que
es mártir. Esta mujer no está en la boca ávida de
rumores de los cazadores de infamias porque no fue la triste amante de
algún ilustre personaje, pero tampoco fue la ilustre concubina
de tristes amantes. No, Olimpia, o Marie Gouze Gouges, que así
fue su nombre de mujer del común, figura en los márgenes
de la historia moderna como anécdota y no en su verdadera dimensión
que obliga a nombrarla para ubicarla en el sitio que le corresponde junto
a los constructores de la sociedad democrática moderna fundada
en el marco de los principios liberales de igualdad, libertad y justicia.
Quizá a Olimpia Gouges se la cite rápidamente y casual como
una persona más de las tantas que permiten hacer alusión
a los sucesos ocurridos antes, durante y después de la revolución
francesa. Puede que con más detenimiento se diga de ella alguna
cosa cuando con más exactitud se señale el periodo de gobierno
tenebroso que prosiguió al derrumbe de la monarquía y que
tuvo relación con la dictadura de Robespierre. Pues fue durante
el gobierno del incorruptible, así llamaron a Robespierre, que
esta dama es llevada al cadalso para ahí ser decapitada. La causa
que permitió conducir a Olimpia hacia la guillotina no fue otra
que la de permitirse disentir del pensamiento con el cual se había
instaurado la nueva república francesa, escribir y hablar para
exigir la directa participación de la mujer en la constitución
del nuevo Estado, hacer un llamado a los revolucionarios franceses para
que a la mujer, en calidad de mujer y ser pensante, se le brinden los
mismos derechos como también se le haga responsable de los mismos
deberes del hombre.
No fue otra la razón que le permitió a Olimpia de Gouges
pensar y escribir los derechos de la mujer, tal como lo habían
hecho Montesquieu, Diderot, Rousseau, Marat, Dalton y Robespierre con
los derechos del hombre.
Marie Gouze Gouges, más conocida en su tiempo con el nombre de
Olimpia, consideró un día que la lucha que había
emprendido en pro de la dignidad para los más débiles, los
desposeídos, los excluidos de las prebendas sociales debía
culminar con el logro que le permitiese a sus congéneres ser valoradas
y respetadas en condición de ciudadanas, por eso no dudó
en exigir por parte del gobierno protección para su sexo, plantear
la posibilidad de una unión marital que no acabara con la libertad
de la mujer, como sucedía con el matrimonio; también piensa
que es posible deshacer el vínculo matrimonial y promueve el divorcio.
Es a Olimpia de Gouges a quien se le debe la figura legal más conocida
como paternidad responsable, ideada para proteger a los niños nacidos
por fuera del matrimonio. Cuando se tenía la plena seguridad de
que la mujer era incapaz de manejar sus propiedades, Olimpia pide que
como ser humano con derechos civiles igual al hombre, la mujer debe ser
reconocida como persona civil y por lo tanto contar con derechos y responsabilidades
fiscales.
La educación, el ejercicio de oficios y profesiones hasta entonces
limitadas al ámbito masculino junto con el desempeño en
cargos de poder y mando, no podían ser espacios de la vida significativos
de los cuales vedados al sexo femenino y así lo expuso en su momento
esta francesa de la cual los historiadores prefieren no hablar o hablar
a grandes rasgos.
¿Será posible que entre la algarabía tonta con la
que se empaca el día de la mujer se deje unos minuticos para poner
al lado del insulso ramo de flores el interrogante mayor para que sea
contestado por los hombres que festejan y las féminas que se dejan
alagar? ¿cuánto hay de ser con derechos en esa compañera
que recibe y agradece la ofrenda a su sexo mas no a su condición
de persona? Ricardosarasty@telecom.com.con
Tambores
de carestía
Juan Camilo Restrepo
Asordinados por los tambores de la guerra que han hecho oír las
atorrantes decisiones de Chávez y del Ecuador de movilizar tropas
hacia nuestras fronteras, han sonado también los de la carestía.
Que se escucharon con los datos de inflación correspondientes al
mes de febrero.
La inflación va mal en el país. Entre enero y febrero el
incremento de precios se ha devorado más del 50% de la meta que
para todo 2008 tiene fijada el Banco de la República.
A pesar de que los primeros trimestres del año siempre son más
fuertes que los segundos, por razones estacionales, todo hace pensar que
vamos hacia un incremento de precios muy fuerte este año. Con todos
los efectos desestabilizadores que ello implica.
El fenómeno no es sólo colombiano. Prácticamente
todos los países latinoamericanos están experimentando índices
inflacionarios por encima de las metas de sus bancos centrales. El caso
más protuberante es el de Chile, donde la inflación está
registrando guarismos del doble de la meta. Definitivamente el mundo está
entrando en una época de alimentos e hidrocarburos caros.
¿Qué hacer? El Banco de la República enfrenta una
grave disyuntiva: seguir elevando las tasas de interés, lo que
iría en contravía de lo que está aconteciendo en
otros países como Estados Unidos y exacerbaría las fuerzas
revaluacionistas que gravitan sobre la economía colombiana. O quedarse
impasible frente a los cabeceos inflacionarios.
Desde hace algunos años el Banco de la República se embarcó
por el camino llamado "inflación objetivo", que predica
como único instrumento para combatir las alzas de precios la tasa
de interés. Pero no hay certeza académica a estas alturas
de que ésta sea una estrategia adecuada para los bancos centrales.
Los conduce, de una parte, a tener que disparar con escopeta de regadera:
para lograr un objetivo determinado tienen que abrir fuego contra toda
la economía. Por ejemplo, para desalentar el crecimiento del crédito
de consumo debe elevar las tasas de interés (no sólo para
ese segmento de cartera) sino para todo el conjunto de actividades. En
segundo lugar, los obliga a utilizar una herramienta que puede ser inocua
cuando una parte de la inflación proviene del exterior (como está
sucediendo ahora con buena parte de las importaciones de alimentos y de
fertilizantes). Y, en tercer lugar, obliga a los bancos centrales a renunciar
a instrumentos que siempre habían tenido a la mano, como son los
controles directos sobre el crecimiento de la oferta monetaria (encajes,
topes selectivos al crecimiento de los diversos tipos de activos del sistema
bancario, etc.).
En mayo del año pasado el Banco de la República se salió
del libreto impuesto por la inflación "por objetivos",
y sacó del cuarto de Sanalejo (donde dormían apaciblemente
desde hacía más de una década) el arma de los encajes.
Estos han funcionado bien. La liquidez de la economía se ha moderado
desde entonces. Y no pasó nada grave con la desviación de
la ortodoxia.
Ojalá esta lección la tenga presente el Emisor. Desde luego:
el Banco de la República no puede quedarse cruzado de brazos. Su
responsabilidad constitucional es la de preservar el poder adquisitivo
del peso. O sea, luchar contra la inflación. Pero esta lucha no
tiene por qué librarla con un solo brazo y con el otro amarrado
a la espalda. Que es a lo que conduce concluir que sólo puede librar
batallas antiinflacionarias elevando las tasas de interés. No debe
olvidar que tiene un arsenal de opciones mucho más amplio a su
disposición.